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    <title><![CDATA[Ara Balears en Castellano - Identidad]]></title>
    <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/etiquetes/identidad/]]></link>
    <description><![CDATA[Ara Balears en Castellano - Identidad]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
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      <title><![CDATA[FOMO, GOMO, ROMO y otros neurosis de verano]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/fomo-gomo-romo-neurosis-verano_129_5803440.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/8d433009-718f-411c-840d-e1c8006f8bb5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Me encantaría ser una de esas personas visionarias que acuñan palabras nuevas que se vuelven tan populares que hasta tienen sus propias conjugaciones verbales. Pienso en cuántos artículos se han escrito sobre tener FOMO (<em>Fear Of Missing Out</em>) por sus siglas en inglés, o lo que es lo mismo, ese miedo a perderte algo –¿querer estar en el ajo y en la tajada?– y creo que me hace falta una nueva palabra para definir cómo me siento este verano. Según las fuentes consultadas, es decir, internet, la cosa estaría entre GOMO (<em>Greed Of Missing Out</em>) y ROMO (<em>Reluctance On Missing Out</em>); por un lado, querer estar en todas partes, pero a la vez no preocuparme demasiado por perderme cosas. Hace una semana me quedé sin teléfono móvil y durante cinco días no entré en las redes sociales, ni tampoco enviaba mensajes hasta que no llegaba a casa y me ponía delante del ordenador, como si fuera 1999 y hubiera dejado conectado el Messenger. Ahora que ya he delatado mi edad y mis inclinaciones a emplear anglicismos, puedo compartir también que ojalá hubiera recuperado el teléfono una semana más tarde, porque entonces no habría visto a lo que parece absolutamente todo el mundo –menos yo– de festival, viendo a mis artistas preferidos. Vídeos mal grabados de zooms temblorosos, fotos con aspiraciones estéticas de una cerveza chorreando, abrazos, pulseritas y la sensación nuevamente de que todo el mundo estaba allí menos yo. Sí, sé que no es así, pero cuarenta <em>stories</em> de Instagram te lo harán creer. No estoy, porque este es mi segundo verano como madre y, además, estoy esperando el segundo y dar dos pasos bajo este calor sofocante me angustia más que perderme el set de Florence + The Machine en el MadCool. Ahora he cambiado mis veranos de festivales por tardes en la piscina del pueblo, vueltas en bicicleta a las 07:00, leer cuentos y hacer helados caseros con sandía, mango y yogur griego. Mi Instagram es una combinación de recetas <em>baby-led weaning</em> y gente que vive en el anuncio de Estrella Damm.Y está bien. Porque también lo he vivido, todo esto. De hecho, ahora lloro metafóricamente en esta primera columna, porque las hormonas me han otorgado el superpoder de ser honesta con todas las desconocidas y desconocidos que leéis esta columna, pero, en realidad, esta elección es mía y hace un par de semanas era de concierto y pronto seré de festival, aunque sea una milésima parte de lo que solía hacer. De aquí mi necesidad de crear un nuevo acrónimo que defina que quiero estar en el caldo y en las tajadas, pero que también estoy más cómoda que nunca en mi nueva piel, consciente de que este momento es mi punto cardinal donde tenía que estar.Esta dicotomía no solo se aplica al hecho de no ir a festivales, sino que va un poco más allá; la justa medida para angustiarme de vez en cuando. A esta nueva identidad, sumada a las muchas otras que he construido a lo largo de treinta y tantos años, ahora añado la de ser madre. Además, quieres ser una madre de esas presentes, que hace comidas sanas de todos los colores de la paleta de Pantone, que tiene juguetes Montessori de madera, que planifica los fines de semana con actividades que enriquezcan la vida del hijo y de la familia al completo y una que no pierda la cabeza cuando casi nada de lo que había organizado sale como pensaba. Pero no quieres que esta nueva identidad ocupe todo el espacio de tu ser; como si Venom quisiera tomar el control absoluto sobre Eddie Brock. Curiosamente, este personaje de Marvel es también un reportero, así que de repente lo miro como si él entendiera perfectamente la fragilidad de esta simbiosis alien-persona/hijo-madre. Porque, más allá de los conciertos, hay una cosa que también late en este espacio invisible, y es el tiempo –y tiempo de calidad– para dedicar a hacer las cosas que definen quién eres. Yo soy periodista. Y por mucho que escriba infinitamente menos de lo que querría, siempre me presentaré como tal. Escribir forma parte de mi identidad desde que tengo memoria. Esto es un cuchillo de doble filo, porque a la vez me frustra cuando veo todos los conciertos que cubría, el ritmo de entrevistas que hacía y los tres proyectos que solía llevar a la vez. Quizás este verano —y seguramente el siguiente y el siguiente— asistiré a muchos menos festivales de los que querría y, en cambio, habré aprendido un puñado de recetas que molan hechas con brócoli y calabacín. Y soy consciente de ello. Quizás no vuelva nunca a escribir tanto como lo hacía. O quizás sí. Sentada con el portátil en el sofá, aprovechando la duración de una siesta de verano y antes de enfilar camino hacia la piscina del pueblo, saco este momento de honestidad y reivindicación de todas mis personalidades para presentarme. Porque, más allá de todas las mujeres que soy, siempre seré una mujer periodista. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Terrasa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/fomo-gomo-romo-neurosis-verano_129_5803440.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Jul 2026 05:45:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La autora del artículo con dos amigas y sus bebés]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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      <title><![CDATA[Mallorca: entre ‘La Balanguera’ y el mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/mallorca-balanguera-mundo_129_5778675.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/138c9146-f84f-4c18-aa81-94a69ccafa40_16-9-aspect-ratio_default_1058925.jpg" /></p><p>Hay ideas que nacen en un despacho. Otras, en una sobremesa. Y después están las ideas que aparecen cuando alguien lleva demasiado tiempo pensando en una misma pregunta y decide que, en lugar de seguir rumiando solo, es mejor reunir gente y ponerla a discutir en público. La jornada <em>La identidad mallorquina en el siglo XXI: continuidades, fracturas y relatos</em> pertenece, sin duda, a esta tercera categoría.La jornada, organizada por el profesor Ernest Carranza en Can Oleo, en Palma, reunió perfiles diversos, pero muy complementarios. Así, Miquel Sbert y Andreu Ramis reflexionaron sobre el papel de las tradiciones en una sociedad en constante transformación; Mercè Picornell ofreció una mirada especialmente sugerente sobre las nuevas maneras de participar en la mallorquinidad; y finalmente, Antoni Janer coordinó una mesa redonda.Como pasa a menudo con las buenas conversaciones, las jornadas no se acabaron porque se hubieran agotado los argumentos, sino porque los bedeles nos recordaron que, por mucho que discutiéramos sobre el futuro de Mallorca, el edificio cerraba a una hora determinada. Y quizás este es el detalle más importante de todos. Porque, más allá de las ponencias, lo que realmente valió la pena fue la conversación.Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto de un debate público. Éramos pocos, sí, pero quizás esa era una parte de la gracia. No se trataba de aquellas charlas donde, antes de sentarse, ya sabes exactamente qué te dirán y donde todo acaba siendo una suma de monólogos paralelos. Aquí pasó otra cosa. Se respiraba aquel ambiente letrado que cada vez es más difícil de encontrar: un espacio donde se puede discrepar sin necesidad de convertir cualquier diferencia en una trinchera.También he de decir que yo también puse mi granito de arena con una comunicación. Se titulaba <em>Relatos en disputa: historia, símbolos e identidad en la Mallorca contemporánea</em>. Mi intervención partía de una idea muy sencilla: las identidades no surgen espontáneamente, sino que son una construcción social. Y, precisamente por eso, también son objeto de disputa. En Mallorca, esta disputa es visible en todas partes. En los nombres de las calles, en la señalización pública, en la escuela, en las jornadas conmemorativas o en la presencia de los símbolos institucionales. Que suene <em>La Balanguera</em> en un supermercado. Que un <em>influencer </em>mallorquín circule con naturalidad por las redes sociales. Que una fiesta popular sea percibida como propia por personas de perfiles muy diferentes. Es aquí, en estos gestos aparentemente insignificantes, donde se construyen las hegemonías culturales. Esta pugna no se divide en dos bandos perfectamente delimitados. Entre el españolismo y el nacionalismo, diríamos. Los debates identitarios, más bien, se mueven en una escala de grises. Porque la realidad es mucho más compleja de lo que a menudo sugiere la tele. Todos sabemos que en Mallorca se puede reivindicar la lengua catalana sin cuestionar el actual encaje institucional; que te puedes sentir mallorquín y español a la vez; o que se puede defender un mayor autogobierno sin ser independentista, por decir algo. En el fondo, el debate es muy simple: ¿quién tiene la capacidad de definir qué es Mallorca?Ahora bien, conviene no perder la perspectiva, porque hay un hecho difícil de rebatir: a pesar de todos los matices, la identidad española en Mallorca goza de una salud envidiable. Su gran triunfo ha sido conseguir que, para una amplia mayoría de la población, sentirse mallorquín y sentirse español no sean identidades en conflicto, sino perfectamente compatibles. Como ha señalado el historiador Ferran Archilés, el proyecto nacional español no solo no ha fracasado, sino que ha demostrado una notable capacidad de integración, incorporando la diversidad regional dentro de un relato ampliamente asumido como natural. Y es aquí donde aparece la gran pregunta: ¿hacia dónde va la mallorquinidad? La respuesta es que nadie lo sabe a ciencia cierta. Pero sí sabemos una cosa: las identidades no son inmutables, sino que evolucionan a medida que lo hacen las sociedades. Pensar que la Mallorca del futuro será exactamente igual que la de hoy es tan ingenuo como creer que la Mallorca actual es la misma que la de hace cincuenta años. Lo que yo creo que puede pasar es que emerja una mallorquinidad ‘<em>light</em>’. Aparentemente menos ideologizada, capaz de integrar una sociedad cada vez más diversa sin renunciar a una parte de la cultura y de las tradiciones. En este nuevo contexto, hay que asumir que esta nueva sociedad incluirá, inevitablemente, mallorquines de orígenes diversos que solo hablarán castellano. La cuestión que queda por resolver, a mi entender, es si estas nuevas identidades quedarán reducidas a una expresión puramente folclórica o si, por el contrario, se transformarán en un proyecto colectivo con capacidad de interpelar a las nuevas generaciones. Esto, probablemente, sí que dependerá de lo que los mallorquinistas seamos capaces de hacer. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Pau Jordà]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/mallorca-balanguera-mundo_129_5778675.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Jun 2026 05:45:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La cantada en el CEIP Duran Estrany de Llubí.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[10 cosas que amo y odio a ser de Palma, aparte de San Sebastián]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/sociedad/10-cosas-amo-odio-palma-aparte-san-sebastian_1_5621577.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/8c5b5cde-1dba-4a63-aa4e-3a483b0e50d5_16-9-aspect-ratio_default_0.png" /></p><p><em>Ser palmesana no </em>es algo nada fácil. Lo peor es que <a href="https://es.arabalears.cat/sociedad/20-cosas-he-aprendido-durante-veintena_1_5511437.html" target="_blank">pasé media vida</a> pensando que ser de Palma era el más fácil del mundo de puertas adentro y el más complicado de puertas afuera (si tu mundo es Mallorca, por supuesto). Hasta que, por suerte, llegó un momento en que me hice adulta y, sobre todo, empecé a rodearme de gente que no era de Palma. Entonces me demostraron que 1) Vivía en una realidad paralela, y 2) Ser de Palma sólo es fácil si no sales de Palma.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alba Tarragó]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/sociedad/10-cosas-amo-odio-palma-aparte-san-sebastian_1_5621577.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Jan 2026 17:05:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Todas las longuetas somos un poco como Neus, de 'Nunca nieva a CIutat'.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[La verbena de San Sebastián es como ser de Palma: una dualidad. Es la resistencia, la lucha por la identidad y el disfrute; pero también es la apariencia, la masificación, el abandono]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ideología y verdad]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/ideologia_129_5592305.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Últimamente, sobre todo a partir de los últimos años y del ascenso del trumpismo global, ha llegado a parecer que los hechos, los simples hechos, eran ya una forma de ideología. Hemos llegado a confundir tanto las cosas que decir ciertas verdades parece ya una opción política, como si la política no tuviera que partir de las verdades, sino que incluso pudiera imponerse.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/ideologia_129_5592305.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Dec 2025 18:31:02 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Todo lo que no se mueve, se rompe]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/no-mueve-rompe_129_5550288.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>En la primavera del 2022 tuve la oportunidad de entrevistar a Oriol Junqueras. Hacía poco menos de un año que había salido de prisión. Empecé la entrevista abordando la situación de división entre las personas y fuerzas soberanistas y preocupadas por la preservación de la identidad propia de la cultura catalana. Junqueras me alertó de repente: en Europa no está nada bien visto hablar de cuestiones identitarias, y más ahora con todo el auge de la extrema derecha que hay y el miedo a que sufrimos una regresión hacia lo que ya ocurrió antes de la segunda guerra mundial.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antoni Riera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/no-mueve-rompe_129_5550288.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Nov 2025 21:00:21 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hombres nuevos, mujeres de siempre]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/hombres-nuevos-mujeres_129_5550072.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Tal vez uno de los rasgos definitorios de la experiencia humana del siglo XXI sea esa incomodidad que muchas personas sienten (o sentimos) en relación con nuestro cuerpo y las inquietudes que se derivan en el plano de la identidad. Es la "suciente de tener un nombre, / suciedad de tener piel, / suciedad de una matriz trabucándose / con todos los hijos que no tendrán", que dice Maria Sevilla a <em>Dientes de pulpa</em>, y que reposa sobre siglos prácticamente incuestionados de sistema cisheteropatriarcal, de unas normas de género rígidísimas y de un paradigma que apenas lleva décadas empezando a cambiar.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastià Portell]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/hombres-nuevos-mujeres_129_5550072.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Nov 2025 18:30:30 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Suplantan la identidad de Navidad con IA para cometer estafas con inversiones]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/sociedad/suplantan-identidad-navidad-ia-realizar-estafas-inversiones_1_5506472.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/1dad13ac-73c2-4cb9-b0fe-e4496dc7a62a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>El extenista Rafel Nadal ha alertado este martes del uso de su imagen y voz generadas por Inteligencia Artificial (IA) en algunas plataformas para llevar a cabo publicidad engañosa o propuestas para realizar inversiones financieras.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[ARA Balears]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/sociedad/suplantan-identidad-navidad-ia-realizar-estafas-inversiones_1_5506472.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Sep 2025 14:06:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Rafa Navidad]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[El ex tenista ha alertado de los hechos a través de su perfil de X]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De días y diadas]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/dias-diadas_129_5503413.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>El pasado 12 de septiembre el Consell de Mallorca celebró 'su' diada. Una vez más, las instituciones han cambiado la fecha oficial en la que nos prescriben que debemos celebrar nuestra mallorquinidad. Sin embargo, más allá del debate sobre el fundamento histórico de la efeméride elegida o de su seguimiento por parte de la población, en este artículo me gustaría hablar del gran problema que supone como pueblo no tener símbolos arraigados y de consenso. Quiero decir, éste no es 'sólo' un problema de historiadores, también es un problema político. Digo "político" porque afecta a cómo regulamos nuestra sociedad, y digo "problema" porque, por un lado, sin símbolos no hay espacio de encuentro entre todos los miembros de una comunidad política. No existen unos mínimos elementos afectivos que nos mantengan unidos. Esto hace que cualquier diferencia sea insalvable. Y, por otra parte, sin símbolos tampoco es posible articular movimiento alguno que apele a este pueblo, ya que éste se concreta en la voluntad de ser que, a su vez, se apoya en los diferentes elementos que los individuos consideran que los representan como colectivo.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pau Torres]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/dias-diadas_129_5503413.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Sep 2025 17:15:19 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los isleños que escondieron el catalán a sus hijos]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/misc/islenos-escondieron-catalan-hijos_130_5430095.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/8082806e-049b-4fbe-92c4-b792d1c10b26_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>En los años sesenta hubo isleños a quienes los padres les escondieron la lengua. Es el caso del inquero Jaume Payeras Alzina, de 60 años. "A mí ya mis tres hermanos, de pequeños, nos hablaron en castellano. Tanto mi padre como mi madre son bien mallorquines. La opción de no transmitirnos el catalán vino determinada sobre todo por él. Procedía de una familia industrial zapatero y pensaba que el castellano hacía más señor. Mi madre, que era hija de un diente. extraña, pero entonces, no. Era un tema de status social".</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antoni Janer Torrens]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/misc/islenos-escondieron-catalan-hijos_130_5430095.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 02 Jul 2025 09:39:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La ibicenca Cristina Avilés Marí, de 59 años y el inquero Jaume Payeras Alzina, de 60 años]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[Un inquer y una ibicenca, nacidos en los años sesenta, relatan al ARA Baleares la recuperación de la lengua materna después de que, de pequeños, sus padres les hablaran en castellano porque consideraban que tenía mayor prestigio social]]></subtitle>
    </item>
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