Repetir 'gestión' hasta que parezca gestión
El Gobierno reniega de la ideología y se esconde detrás de la tecnocracia
Palma"Deje de hacer el ridículo y de enredar. Usted, ideología y cero gestión": esta es la acusación que la consejera de Presidencia, Antònia Maria Estarellas, lanzó al diputado del PSIB Omar Lamin durante el pleno del Parlament del martes. ¿Qué tipo de acusación es decirle a un político que tiene ideología, cuando es precisamente la ideología de los representantes públicos la que determina buena parte de la vida de los ciudadanos? En este punto conviene recordar lo que dice Slavoj Žižek, quien considera que la ideología más peligrosa es precisamente aquella que fingimos no tener. No es ninguna extravagancia teórica. También Jürgen Habermas advertía que la racionalidad técnica —eso que hoy llamaríamos 'gestión'— puede imponer valores mientras se presenta como neutral. Y Thomas Piketty lleva años recordando que detrás de muchas decisiones técnicas hay opciones ideológicas muy concretas sobre la desigualdad. De aquí se desprende una conclusión incómoda: la 'gestión' a menudo no es la alternativa a la ideología, sino su mejor disfraz.
El Gobierno se esfuerza en remarcar que hace 'gestión' sin ideología ahora que afronta el último año de la legislatura, pero repetirlo no basta para olvidar que los grandes problemas de Baleares están lejos de encontrar una solución. La palabra 'emergencia' se queda corta cuando se habla de vivienda, la masificación extiende su mancha de aceite a épocas del año en que los ciudadanos recuperaban el derecho de sentirse en su casa y el abismo entre las buenas cifras macroeconómicas y las penurias de muchas familias es cada vez más profundo. ¿Es de esta gestión de la que el Ejecutivo quiere presumir?
No fue solo Estarellas –según la consejera, bajar el presupuesto de Cooperación de nuevo a seis millones de euros no es recortar, sino 'gestionar'. La 'gestión' es el argumento preferido de los populares, a los cuales también les encanta decir que cumplen la palabra dada y que gobiernan para la gente de aquí (ya se espabilará la gente de allí). La presidenta, Marga Prohens, aseguró que el Ejecutivo asume el "reto de gestión" que supone el aumento de la población para el sistema sanitario. "No hay recortes en los presupuestos, sino una gestión responsable", insistió el diputado Jordi López. "El Gobierno gestiona y refuerza el sistema [sanitario]", aseguró la consejera de Salud, Manuela García, una de las figuras más cuestionadas del Ejecutivo. "Ante las proclamas, presentamos gestión. Ante la agitación, presentamos paz lingüística", dijo el consejero de Turismo, Cultura y Deportes, Jaume Bauzá, que atribuye la caída de denuncias por discriminación lingüística a una especie de milagro estadístico y no al hecho de que ya no hay oficina donde presentarlas. Bauzá añadió que "no existe ningún retroceso [lingüístico], sino un Gobierno que trabaja y gestiona desde el rigor y la eficacia". Como su compañera Estarellas, criticó a los representantes de la izquierda porque "la gestión les deja en evidencia". Para terminar, hizo una exhibición de su talante democrático acusando a la oposición "de atreverse a interpelar a este consejero". Una osadía.
Parte de la izquierda ha comprado este marco y se dedica a acusar al Gobierno de falta de gestión: justo la pieza que faltaba para completar un emocionante partido de tenis de mesa. El portavoz socialista, Iago Negueruela, acusó a Prohens de "no saber gestionar" y limitarse a "hacer tuits contestando su falta de gestión". "No responde, no quiere gestionar", insistió, como si unos segundos antes no hubiera reprochado exactamente lo mismo a Prohens. Su compañera de partido Irantzu Fernández añadió un punto más dramático: "La gestión del Gobierno lleva nuestra sanidad a un punto de no retorno". ¿Situarse en este marco no despoja de su componente ideológico las acciones del Gobierno?
Montamos una universidad privada para potenciar la pública
En el apartado de argumentos creativos de la semana, cabe destacar la defensa que Ana Isabel Curtó (PP) hizo de la creación de una nueva universidad privada en Baleares (la Universidad de Mallorca): "La defensa de la universidad pública es esencial para el PP. Porque creemos en la universidad pública, creemos que el sistema debe crecer". Creen tanto en la pública, que la quieren reforzar con una privada. Curtó aseguró que la privada aporta "más opciones, itinerarios y especializaciones". Ahora bien, la diputada olvidó mencionar el precio de los créditos en un centro privado y tampoco presentó ningún cálculo sobre los ingresos de las familias que pueden permitirse el lujo de matricular allí a los hijos (quizás también para reforzar la enseñanza pública). "El problema no es que haya más oferta, es que no haya suficiente", proclamó, sin aclarar si se refería a oferta pública o privada.
La mención de honor en este caso es para el PSIB que, lejos de hacer una exhibición ideológica con un 'no' claro, optó por 'gestionar' el voto y se abstuvo. La diputada Mercedes Garrido intentó hacer la cuadratura del círculo: dijo que los socialistas no están demasiado contentos con la creación de una universidad privada y justificó la abstención explicando que la Universidad de Mallorca es un caso diferente al de la CEU San Pablo. Pero el gran punto en común es poco discutible: son privadas y estudiar allí no sale gratis.