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Los políticos isleños dominan el efecto de verdad ilusoria e intentan ganar credibilidad a base de repetir los mismos mensajes

21/09/2026 - 07:04 h.

Los psicólogos Lynn Hasher, David Goldstein y Thomas Toppino dieron nombre en el año 1977 al efecto de verdad ilusoria. Según este sesgo cognitivo, las personas tienden a percibir la información que han escuchado repetidamente como más verdadera y fiable que aquella que reciben por primera vez. Es decir, la repetición es una herramienta de persuasión eficaz: hace que un mensaje, a fuerza de escucharlo, gane credibilidad. Dicho esto, no sé si nuestros políticos han estudiado alguna vez el efecto de verdad ilusoria, pero sí que lo dominan a la perfección, aunque sea de una manera intuitiva.

El consejero de Vivienda, Territorio y Movilidad, José Luis Mateo, es un buen ejemplo. “Vamos a trabajar en esta línea”; “en esta línea seguimos trabajando”; “vamos a seguir trabajando en esta línea”; “vamos a trabajar para mejorar el servicio”; “estamos trabajando en esta línea y vamos a seguir en esta línea”... Queda claro que ‘trabajar’ es su verbo preferido, el que repite pleno tras pleno, hasta que el oyente tenga claro que en su departamento se trabaja de verdad, por mucho que haya recortado un 52% las frecuencias de tren este agosto en Mallorca, contradiciendo el mandato que le hizo el Parlament y que la emergencia de la vivienda se haya enquistado en las Baleares, con habitaciones de poco más de 10 m2 que llegan a los 800 euros mensuales de alquiler. Mateo trabaja en la línea que sea, porque nunca ha concretado qué quiere decir “esta línea”.

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En cuanto a la vivienda, lo que más repite el Govern, con la presidenta Marga Prohens al frente, es que se hará vivienda pública “para la gente de aquí”. Se hará. Si la gente de aquí ahora no tiene, siempre se puede apuntar a la lista de espera del Ibavi, que ronda las 10.000 familias de aquí, no de allá.

Prohens no aclaró si está dispuesta a limitar la compra de viviendas por parte de ciudadanos no residentes en las Islas. Una cosa es prometer pisos públicos para la gente de aquí, y otra cosa es que las carteras de allá no puedan continuar tensando el mercado inmobiliario, con unos precios que podemos encontrar en lugares como la Costa Azul y la Toscana, aunque con menos glamur. “El Govern aplicará todas las medidas jurídicamente viables y efectivas”. Dijo y repitió Prohens en el pleno del martes. Una manera como cualquier otra de no aclarar esta cuestión.

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La presidenta sacó pecho de que hay 10.000 viviendas a precios asequibles en tramitación. Hace un mes había 8.000, según consta en la página web del Gobierno. Sea como sea, este tsunami de pisos todavía no se ha hecho realidad.

De hecho, anunciar miles de viviendas ya se ha convertido en tradición en las Islas, gobierne quien gobierne. El exconseller socialista Marc Pons proclamó en marzo de 2019 que el Gobierno disponía de 1.039 pisos de grandes tenedores (por un tiempo de siete años). Pero en 2021 se habían expropiado 16, y en 2023 solo se habían alquilado 4 de estos 16. El actual conseller heredó esta propensión a la grandilocuencia: Mateo aseguró que el Ejecutivo esperaba que entre 2.000 y 3.000 viviendas se sumaran al programa Alquiler Seguro en su primera fase y el martes actualizó la cifra cuando enumeró los hitos de su gestión: hay 113 viviendas. De este modo, solo es cuestión de tiempo comprobar en qué quedarán las 10.000 que hay en tramitación. De momento, lo único que se ha construido es el relato.

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Ceuta, eje de la política balear

“Hemos llegado al punto culminante de la política balear esta semana, sobre los problemas que afectan a los ciudadanos y las políticas del Gobierno”. Así comenzó su intervención el portavoz de Més per Menorca, Josep Castells (algunos echaremos de menos sus intervenciones de sentido común cuando no esté la próxima legislatura) durante el debate de la Proposición No de Ley (PNL) del PP en defensa de la integridad territorial (de España) y en apoyo a Ceuta. Está claro, ni el PP ni Vox están dispuestos a desaprovechar la ventana de oportunidad que supone la ciudad autónoma para desgastar a un gobierno español que, con su gestión, se basta solo para caminar hacia el abismo electoral.

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Como es habitual cada vez que el PP le guiña el ojo a la extrema derecha, la diputada Cristina Gil defendió la iniciativa, y demostró que la elegancia y la política no tienen por qué ir de la mano. Gil recordó de manera compulsiva el apodo de la ministra de Defensa, la Pájara, no sé si con aspiraciones de hacer reír o llorar. También levantó el tono de voz cuando habló de la defensa de España y de su integridad territorial, en medio de la ovación de su bancada, que a veces se confunde con un grupo de aficionados en un partido de fútbol.

Ahora bien, las proclamas de Gil no ablandaron a la diputada de Vox Manuela Cañadas, que apeló al despliegue de las fuerzas armadas en Ceuta. “La soberanía nacional no se ruega”, dijo visiblemente enfadada, antes de reclamar al PP su apoyo para activar el artículo 102 de la Constitución para hacer “sentar a Pedro Sánchez en el banquillo de los acusados”. Por traidor, está claro, no sea que pase una semana sin recordarlo.

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Ya que estaba, Cañadas criticó que “el PP y el PSOE aprueban juntos el 90% de las iniciativas en Bruselas”. No pidáis por qué el 90% ni cuántas iniciativas han sacado adelante juntos. Se trata de soltar un porcentaje como quien tira una piedra al mar. La semana que viene quizás es el 95% o el 80%.

Por si acaso, la representante de la extrema derecha advirtió que Ceuta es el espejo de lo que espera en Baleares. Justo eso, el espejo.