Turista de reojo

Los cantos de sirena del PSOE isleño

Destacados políticos de la Transición cercanos al nacionalismo relatan al ARA Balears su traspaso al partido de Felipe González, que hace cuarenta años ganó sus primeras elecciones generales

21/09/2026 - 14:02 h.

PalmaLa muerte de Franco en noviembre de 1975 despertó muchas ilusiones. En las Baleares, en 1976 ya se fundaba el PSI (Partido Socialista de las Islas). Uno de sus fundadores fue el sociólogo palmesano Antoni Tarabini, hoy de 82 años. “Se trataba –dice– de un partido muy plural. Era, sin embargo, más federalista que nacionalista. Al cabo de un año, ante las primeras elecciones generales previstas para junio de 1977, yo y dos compañeros más fuimos convocados a Madrid. La dirección del PSOE nos propuso hacer un partido federado como el PSC de Cataluña, de Joan Raventós. Yo estuve de acuerdo a pesar de que sabía que perderíamos las elecciones”.

Desde el 13 de octubre de 1974 las riendas del PSOE estaban en manos de Felipe González. En el mítico congreso de Suresnes (París), Isidoro, tal como era conocido aquel abogado sevillano de 32 años de chaqueta de pana, había sido proclamado secretario general del partido en sustitución de Rodolfo Llopis, el icono de los socialistas en el exilio. La victoria, sin embargo, de las elecciones de 1977 sería para la UCD de Adolfo Suárez, que aglutinaba sectores moderados procedentes del franquismo y de la oposición. Entonces, en las Islas, se produjo la gran diáspora dentro del PSI. “Hubo gente –afirma Tarabini– que pasó directamente al PSOE; otros fundaron el PSM (Partido Socialista de Mallorca), de carácter nacionalista [en diciembre de 1977], y otros, como yo, decidimos quedarnos en casa”. Aquello, no obstante, sería un pequeño descanso dentro de la incansable carrera de activista del sociólogo. En 1973 ya había sido uno de los fundadores de Gadeso (Gabinete de Estudios Turísticos y Socioeconómicos), que hoy preside. Durante el tardofranquismo, Tarabini, que había estudiado en Roma y en Barcelona, militó en la clandestinidad primero en Bandera Roja y más tarde en el Partido Comunista.

Antoni Tarabini, el federalista

Tarabini se declara federalista y no nacionalista: “El nacionalismo tiene muchas vertientes y a menudo el concepto se confunde con la idea de que Madrid no da a las Baleares el dinero que le corresponde”. Aun así, el sociólogo siempre colaboró con la Obra Cultural Balear (OCB) desde su fundación en 1962: “Con el escritor Antoni Serra y el periodista Andreu Ferret organizábamos cursos para enseñar a la gente a leer el diario. Teníamos claro que, para defender la lengua, había que defender otras cosas”. Ante las sospechas que levantaron aquellos cursos, en 1975 el Gobernador Civil Carlos de Meer ordenó la detención de Tarabini. Le impusieron una multa de 150.000 pesetas, que pudo pagar gracias a los donativos de compañeros suyos.

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El descanso que este activista se impuso con el restablecimiento de la democracia duraría muy poco. “En 1979, al cabo de dos años de haber abandonado el partido, el PSOE me propuso ser su candidato a la alcaldía de Calvià. Consideraban que yo era un buen perfil después de que, desde Gadeso, hubiéramos promovido la construcción de 400 viviendas sociales en la urbanización de Galatzó, cerca de Santa Ponça”, apunta. Aquella jugada salió bien a medias: “En aquellas primeras elecciones municipales no ganamos, pero no perdimos. Hicimos un gobierno de coalición con gente independiente. Yo me encargué del área de Urbanismo”. En 1983 Tarabini pasaría del consistorio calvianer al de Palma. Con el alcalde socialista Ramon Aguiló, en el cargo desde 1979, ocuparía la Concejalía de Turismo y Transportes. En 1987, al terminar el mandato, ya abandonaría la política activa.

Jaume Armengol, el catalanista

Otro histórico dirigente de la Transición, aunque de trayectoria diferente, fue el farmacéutico y escritor de Inca Jaume Armengol. De 84 años, es el padre de la actual presidenta socialista del Gobierno balear. Acaba de publicar sus memorias Aquells anys, aquelles veus (Perifèrics). Con un abuelo que ya fue alcalde de Inca, se confiesa catalanista gracias a la influencia de su padre: “Él también era farmacéutico, pero durante la Segunda República se dedicó a dar clases de catalán en el instituto. Con todo, la conciencia catalanista se me despertó en Barcelona, donde fui a estudiar Farmacia en los años cincuenta. Al acabar la carrera, de la mano de Eduard Artells, entré a trabajar en la sección de farmacia de la Gran Enciclopedia Catalana. Allí conocí a los grandes hombres de la resistencia antifranquista, entre ellos Jordi Carbonell, Heribert Barrera y Pere Quart”.

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Habiendo regresado ya a Mallorca, desde 1976 hasta 1979, Armengol sería presidente de la delegación inquera de la OCB. En 1976 no dudó en afiliarse al PSI. Con la diáspora de 1977, sin embargo, se sumó al proyecto nacionalista del PSM. Él mismo fundaría el partido en Inca, por el cual se presentó a las primeras elecciones municipales de 1979. De ellas saldría elegido primer teniente de alcalde y presidente de las comisiones de Hacienda, Cultura y Sanidad. Después de 36 años de dictadura, desde estos cargos, el farmacéutico sería uno de los pioneros en las Baleares en promover la memoria histórica y la normativización lingüística de las calles. “Los tradujimos –apunta– al catalán y cambiamos todos los que llevaban nombres de generales. El más icónico era la calle del General Franco, que pasó a llamarse calle Mayor, que era así como todo el mundo ya se refería a ella. Por hacer aquellos cambios recibí graves amenazas de anónimos”.

En 1982, al terminar la legislatura, Armengol dejó la política para dedicarse al activismo cultural desde la OCB. Al cabo de unos años, con Felipe González ya como presidente, sentiría los cantos de sirena del PSOE. “Un día –recuerda– me vinieron a buscar los socialistas Joan March Noguera y Damià Ferrà-Ponç [antiguo secretario general del PSM, en 1987 se había cambiado de bando]. Me propusieron entrar en su partido. Yo les dije que era nacionalista. Pero ellos me insistieron en que, entonces, en la delegación isleña del PSOE, imperaba la rama autonomista. Me acabaron convenciendo. Si hubiera estado en Cataluña, yo no me habría ido de Esquerra Republicana. Aquí, sin embargo, la única manera que había de que hubiera un cambio de gobierno era escoger el voto útil”.

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Para poder estar en las filas del PSOE, Armengol exigió actuar allí como independiente: “En 1987, sin embargo, siendo alcalde Antoni Pons, de UM, me hicieron portavoz y me acabé afiliando al partido. Entonces, dentro del PSM, hubo cierto malestar. Incluso aparecieron pintadas en mi contra en la sede del partido socialista. Yo, sin embargo, siempre he tenido muy buena relación con mis antiguos compañeros. Prueba de ello es que en 1991, al ganar las izquierdas en Inca, me votaron como alcalde”. El farmacéutico aprovechó el cargo, que ocupó hasta 1995, para poner en práctica su ideario nacionalista: “Logré catalanizar la agrupación del PSOE de Inca, que estaba muy castellanizada”.

Celestí Alomar, el ‘lobo solitario’

Sin militar en el PSM, otro nacionalista que también se sintió seducido por los socialistas fue el lubinero Celestí Alomar, de 73 años. En 1973, con Tarabini, también había sido uno de los fundadores de Gadeso y en 1976, del PSI. Tampoco dudó en partir hacia casa en la diáspora de 1977. Entre 1979 y 1980, sin embargo, sería colaborador del político artanés Josep Melià en su etapa de secretario de Estado para la Información en el Gobierno de UCD de Suárez. Después de haberse dedicado profesionalmente al sector turístico, Alomar volvería a la política como independiente. Lo haría con diferentes cargos en el Gobierno del popular Gabriel Cañellas: director gerente (1990-1991) del Instituto Balear del Turismo (Ibatur) y director general de Ordenación Turística del Gobierno balear (1991-1993). Entre 1994 y 1996 se trasladaría a Madrid para ejercer de director general de Estrategia Turística del gobierno socialista de Felipe González.

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A pesar de colaborar en ello, el lubinero se muestra muy crítico con González: “Yo nunca creí ni en él ni en Alfonso Guerra. Estaban más preocupados por la lucha por el poder que por la transformación de una sociedad de izquierdas. Esto lo tenía claro antes de que estallaran los casos de corrupción de Filesa y de terrorismo de Estado de los GAL, que en 1996 provocaron la derrota del PSOE”. En 1998, sin embargo, Alomar decidió afiliarse a la formación, que, en las Islas, desde 1990, se llamaba PSIB-PSOE: “Tenía una edad en la que ya estaba cansado de hacer de lobo solitario. Entonces, en el ámbito estatal, el partido había iniciado un proceso de primarias, de donde saldría Josep Borrell como candidato a las elecciones generales del 2000. Consideré que era una medida democratizadora que diferenciaba al partido del resto”.

De 1999 a 2003, durante el Primer Pacto de Progreso del socialista Francesc Antich, Alomar ejercería de consejero de Turismo. Una de sus medidas estrella fue la ecotasa, muy criticada por los hoteleros. “Actué –dice– en coherencia con mi manera de pensar. Implantar un impuesto que repercutía en la mejora de nuestros recursos medioambientales era una manera de reivindicar la soberanía nacional. Esta idea, sin embargo, no era compartida por el sector más españolista del PSIB”. En 2017, en pleno Proceso catalán, Alomar se dio de baja del partido: “No podía consentir que mi formación diese apoyo a la aplicación del artículo 155 en Cataluña”.

“Más PSIB que PSOE”

En 1999 se abrió una nueva etapa en Baleares. Por primera vez los socialistas, liderados por Francesc Antich (exalcalde de Algaida), accedieron a la presidencia del Gobierno autonómico. Durante 16 años había estado en manos del PP. Ya en 1995 Maria Antònia Munar, de Unión Mallorquina (UM), había roto la hegemonía de los populares en el Consell de Mallorca. Con tan solo dos diputados, encabezó un gobierno progresista con Pere Sampol, del PSM, como vicepresidente, y Antich como consejero insular de Medio Ambiente.

En 1998 Antich fue nombrado secretario general del PSIB y candidato al Consolat de Mar. Se impuso en unas primarias sobre Andreu Crespí. Lo hizo de manera muy ajustada con el lema ‘Hemos de ser más PSIB que PSOE’. El de Algaida reivindicaba así una de las dos corrientes que desde los años setenta había dentro de las filas de los socialistas isleños: los conocidos ‘autonomistas’, representados por Joan March Noguera y Damià Ferrà-Ponç, antiguo militante del PSM. Crespí, en cambio, era el hombre de los ‘oficialistas’, más en sintonía con el aparato estatal de Ferraz. Entre sus principales defensores estaban Fèlix Pons, expresidente del Congreso (1986-1996) y exministro de Administración Territorial (1985), y Ramon Aguiló, exalcalde de Palma (1979–1991).

Finalmente en 1999 Antich, gracias al apoyo de UM de Munar, desbancó a Jaume Matas de la presidencia del Gobierno balear –estaba allí desde 1996 tras haber dimitido Gabriel Cañellas y Cristòfol Soler. Se dio así el pistoletazo de salida al Primer Pacto de Progreso, que contó con pesos pesados del PSM: Pere Sampol como vicepresidente y consejero de Economía, Comercio e Industria; Damià Pons como consejero de Educación y Cultura, y primero Joan Mayol y después Mateu Morro como consejeros de Agricultura y Pesca. El lema de aquella legislatura fue ‘Cuatro islas, un país, ninguna frontera’. Jordi Bayona, entonces director general de comunicación de Antich, explica el contexto: “Fue fruto de una lluvia de ideas con asesores nuestros de publicidad. Se quería vender la idea de país desde la socialdemocracia. Antich quiso una marca propia que no se confundiera con el nacionalismo del PSM”. Siempre decía: ‘A mí, en la defensa de esta tierra nadie me ganará’. Sabía, sin embargo, que se movía dentro de un partido de ámbito estatal”.

El periodista lamenta la actuación que hizo el grupo ecologista GOB en plena campaña electoral de 2003 para revalidar el gobierno progresista: “El día antes de los comicios hicieron un montaje delante del Consolat de Mar. Levantaron una pared de bloques con la leyenda: ‘Pacto de Progreso = Pacto de Cemento’. No entendíamos aquella queja después de haber aumentado la superficie protegida. Dos días después, la mayoría de ecologistas cayeron en la depresión por la victoria del PP de Matas”. El Pacto perdió aquellas elecciones por un diputado en Formentera y otro en Ibiza, donde la izquierda se había presentado por separado. En 2004 Bayona novelaría aquella primera legislatura de izquierdas en el libro 4-E. Els anys d’excepció.