Filosofía

Los viajes psiconáuticos de Escohotado a Ibiza

En sus viajes, Escohotado mantiene el juicio y la capacidad contemplativa de no ser alterado y decidir la evolución de los sueños

PalmaEl filósofo Antonio Escohotado es un psiconauta, un viajero de la mente, un explorador racional de la conciencia estimulado por las drogas, marcado por la experiencia ibicenca. Escohotado llegó a Ibiza, "la patria adoptiva", el 31 de diciembre de 1970 con su hijo primogénito de ocho años, atraído por el afán de aventuras y experimentación con las drogas, la revolución sexual del amor libre, la contracultura de la paz y la no-violencia, la psiquedelia musical (un término más adecuado que 'psicodelia' que evita vincular la música con la enfermedad de la psicosis, y la asocia a la psique y el psiquismo), la simplicidad de la vida rural, el naturismo y la fraternidad de la vida comunitaria. Desde 1970, Escohotado formó parte de la tribu de los peludos, de los hippies "contestatarios morales y políticos", de los hijos de las flores que se quedaron a vivir en la Isla para disfrutar de la libertad individual que ofrecía aquel paraíso psiquedélico comunal y virginal.

Escohotado cuenta en Mi Ibiza privada (Planeta, 2019), cómo se adapta al experimento comunal de hermandad no sectaria, surgido espontáneamente, sin premeditación, ni dogmas, ni liderazgo ni mesías, ni caer en dinámicas de enfrentamiento, cultivando la autonomía y la libertad incondicional para vivir y dejar vivir en contacto con la naturaleza. También explica cómo contribuyó a dinamizar este espíritu comunal con la transformación de una casa de campo en un club nocturno de música y espectáculo en directo, donde aspiraba a que todo el mundo olvidase sus preocupaciones y problemas cotidianos y que, de acuerdo con esta idea, Manuel Sáenz de Heredia, su socio le puso Amnesia. La inversión en el alquiler y la adaptación de la casa payesa situada entre Ibiza y San Antonio fue posible con el dinero de una herencia materna. Sea como sea, la Amnesia de Escohotado no tiene nada que ver con la macrodiscoteca que actualmente existe.

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La curiosidad natural y el contexto animaron a Escohotado a hacer sus propios viajes psiconáuticos de exploración del propio yo estimulados por diversos tipos de drogas. En sus viajes interiores buscaba llegar a diferentes estados de conciencia que le sobreestimulasen la percepción e intensificasen las experiencias y sensaciones.

Estados alterados de conciencia

Escohotado aprende a viajar a través de los estados alterados de consciencia, influido por los conocimientos adquiridos con la lectura de los relatos de Carlos Castaneda y su tesis sobre los efectos de sustancias como el peyote, la datura y los hongos psilocibios, titulada Las enseñanzas de don Juan (1968).

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Para Escohotado, las drogas son un “combustible espiritual”, un impulso a disfrutar, explorar y saber, que mueve la consciencia hacia el autoconocimiento, y que le permite el descubrimiento de una realidad hecha de sueños, con el entusiasmo de conseguir que la idea de “hacer el amor y no la guerra” adquiera plenamente todo su sentido sexual y político. Tenía su propia plantación de cannabis, de la cual obtenía marihuana y hachís para el autoconsumo.

En uno de sus viajes con ácido lisérgico (LSD) describe las alteraciones visuales que provoca, las visiones y los cambios en las dimensiones y la apariencia de los objetos percibidos, los pensamientos y las ocurrencias extrañas, y los cambios en la percepción del espacio y el tiempo.

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La aventura ibicenca acabó abruptamente en el año 1983, cuando fue acusado y detenido por tráfico de drogas después de pasar tres meses de prisión preventiva. El juicio se hizo cinco años después en Palma. La Audiencia lo condenó a dos años y un día por un delito de tráfico de drogas en grado de tentativa, lo cual implicó que debería cumplir al menos un año de prisión. A pesar de mantener su inocencia, no recurrió contra la sentencia y pasó todo un año encerrado en la prisión de Cuenca, donde pidió estar incomunicado para aprovechar el máximo tiempo para leer, documentarse y escribir una historia sobre las drogas.

El compromiso ético con la legalización de las drogas y el combate contra el prohibicionismo lo lleva a compartir abiertamente sus experiencias autobiográficas. Así recuerda en un texto escrito en 1978 durante su estancia ibicenca que los viajes y las excursiones psíquicas con las drogas no comenzaron en Ibiza, sino en Madrid, cinco años antes. Según cuenta en este texto publicado dentro del volumen colectivo Teoría(s) de Ibiza (Libros de la Gorgona, 1983), hizo sus primeros viajes iniciáticos con el LSD en veladas con Carlos Moya, Eugenio Trías y Fernando Savater, en su casa madrileña en el año 1965. También recuerda que su interés por la farmacología viene de cuando tenía 14 años, cuando un neurólogo trató de inducirle un ataque epiléptico con una inyección de pentotal sódico.

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En este escrito transcribe algunos de sus viajes que va alternando con las ideas del tratado de metafísica que escribe. Explica, por ejemplo, la experiencia de pensar que está muerto y cómo siente que no pierde el contacto con el mundo y con la capacidad de contemplar la escena como si fuera un sujeto que a la vez es objeto de observación. En otro de los viajes mantiene un encuentro con una faraona que lo excita sexualmente. Entre los efectos visuales, anota cómo las letras de un libro abierto se tumban y se invierten mientras la casa del lado se eleva caprichosamente. También relata uno de los viajes ibicencos desde Can Milà, el cual comenzó masticando setas alucinógenas acompañado de Pat, una chica canadiense, y que lo lleva hasta una cala minúscula donde el tiempo se detiene y se ve dentro de la pupila dilatada de Pat transformado en un esfinx, que además señala con el dedo un anillo en memoria de la madre. En el siguiente recuerdo, huye corriendo intranquilo de la cala, después de que Pat le muestre un tronco con una imagen de una cruz. Tiene conciencia de ser perseguido y solo se siente seguro en la playa del Figueral, rodeado de turistas y construcciones. Unos días antes de este viaje psíquico había perdido el anillo, pero la buena fortuna quiso que unos días después lo recuperase de manos de una mujer francesa que lo había recibido de su amante en la cala del sueño.

Evolución de los sueños

En sus viajes, Escohotado mantiene el juicio y la capacidad contemplativa de no ser alterado y decidir la evolución de los sueños. Compara la droga con la lámpara de Aladino, con la magia del genio capaz de hacer cumplir cualquier deseo. Siente que cuando viaja se espía a sí mismo y queda expuesto a su mirada más profunda con el riesgo de perder la razón. Poco a poco aprende a controlar los estallidos de pánico y el miedo a perder el juicio y la memoria, y a mantenerse sereno y contemplativo a caballo entre la conciencia y la conciencia ampliada.

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Una de las lecciones aprendidas de la experiencia ibicenca con las drogas es que “lo imaginario nunca se acerca a lo que es real ni en audacia, ni tampoco en inventiva”. También aprende que las excursiones psíquicas trascienden los límites rutinarios de la conciencia, y enseñan a salir de uno mismo y superar el solipsismo. Viajar es similar a filosofar y pensar con fluidez, adaptándose al tránsito y al devenir de la vida. Sabe que los viajes farmacológicos se deben hacer con sensatez y seguridad, teniendo conocimientos de lo que se consume, y evitando aquellas sustancias muy tóxicas, como las plantas y los compuestos de escopolamina y atropina, que causan lesiones irreversibles en el sistema nervioso. Como buen viajero se siente como una libélula que no bebe, ni come, ni duerme; se mueve sin rumbo y se reproduce durante su metamorfosis alada. Sabe que durante los viajes no puede mentirse a sí mismo, que las emociones y los sentimientos se hacen transparentes a la vista. Reconoce que para viajar seguro debe consumir fármacos visionarios, porque son los que nunca borran la conciencia de estar viajando ni el espíritu crítico, que le permiten ligar la conciencia con la razón y seguir el camino del conocimiento y el amor, y así no dejar de ser amigo de sí mismo.