Soledad deseada
Muchas veces, los medios de comunicación somos perezosos y nos sumamos a los temas que ya circulan, como si tuviéramos que descubrir algún secreto que nadie sabía. La menopausia, los therian, el ozempic... Todos vamos a una, buscamos testimonios impactantes y elaboramos teorías con la ayuda de expertos. La soledad no deseada es uno de esos temas. Es muy triste que una persona que desea algo de compañía y de calor humano no encuentre la forma de sentirse mejor, y más cuando se trata de alguien muy mayor, alguien que piensa que va a pasar sus últimos años sin nadie al lado.
En mi caso, es todo lo contrario. Deseo estar sola el máximo tiempo posible, pero es muy complicado encontrarlo. Por lo general, lo que llamamos 'gente' me pone nerviosa, me altera. Ni lo entiendo ni me entiende. Es como si yo viviera en el mar y la 'gente' quisiera hacerme llegar un mensaje desde fuera del agua. No sé lo que dicen. Y también me ocurre que, cuando intento explicarme, siento que hay un punto en el que la comunicación se altera. Lo que quería decir no es lo que se ha entendido. Entonces pienso que, en el fondo, contar cosas de una misma a los demás es una pérdida de tiempo, un lujo que no puedo permitirme.
Lo podríamos llamar 'molestia'. Las demás personas me molestan sólo con su presencia física. Los olores, los ruidos, el contacto... No me gustan. Lo peor de todo es que alguna 'gente' me considera sociable. Es una lástima que no me haya dedicado a la interpretación, porque sé interpretar un papel con solvencia.
La banalidad y la superficialidad me bloquean la capacidad de escuchar, ya veces tengo la sensación de que me rodean allá donde voy. Es como si fueran el aire que respira.
No considero la 'gente' menos o más que yo. Sólo es que para encajar en el mundo de la 'gente' debes ser triangular, y yo somos cuadrada, por poner un ejemplo.
Desear la soledad no significa en modo alguno que no se ame. Amo mucho desde la incomprensión. De hecho, una de mis habilidades de supervivencia es no pedir explicaciones a las demás personas. Puedo escuchar sin entender demasiado bien lo que me dicen, sin compartir un sentimiento, sin saber hacia dónde quiere llegar mi interlocutor con sus argumentos. Y puedo quedarse tranquila con estos misterios. No pido ni por qué ni por qué no. No es que me da igual. Es que es así y lo acepto. Supongo que es cuestión de entender que las personas tenemos una vertiente no comunicable.