El terremoto político que nos espera en Baleares por la explosión de Vox
Desde que las encuestas se han convertido en parte esencial de las tácticas de los partidos –debidamente presentadas por los medios de comunicación acercados a cada formación– cuyas sucesivas oleadas que se publican forman una selva de datos de la que a veces resulta difícil sacar agujar. Sin embargo, como las empresas demoscópicas hacen bien su trabajo –en su mayoría, al menos–, dan información muy relevante, al margen de cómo presenten los sondajes las cabeceras de cada trinchera política.
La más importante para el análisis suele ser la evolución del apoyo popular a un bloque político oa un partido en concreto a partir de la sucesión de diferentes momentos. Un sondeo aislado no sirve de nada. En cambio, si tenemos un número suficiente durante tiempo suficiente, podemos tener una idea suficientemente ajustada de lo que se nos puede venir encima. Esto es lo que sirve más para el analista, al que le importará más o menos lo mismo que un rábano si aciertan o no a la hora de presentar el reflejo en superficie en escaños. Lo sustancial son las corrientes profundas de intención de voto que nos muestran.
Valga la explicación previa para argumentar que lo que hace heredad ahora, de la avalancha de encuestas que publican desde hace más de dos años, no es si el bloque de derechas hará más o menos diputados –que ganará está bien claro y que lo hará con suficiente diferencia sobre la izquierda también, otra cosa es si después la otra es si después la otra es si después la otra es si después la espectacular progresión de Vox. Ésta es la novedad respecto de cualquier etapa pasada. Y que amenaza con inaugurar una nueva, desconocida y con siniestros pinceladas. En todo el país y en nuestra región posiblemente aún con mayor intensidad.
Progresión intensa y rápida
El temor se justifica por cómo ha crecido su intención de voto. Vox pasó del 11%-12,5% durante el ciclo electoral de 2023 –las diferencias fueron en función de los comicios en Corts o en las diferentes autonomías fuera de las Islas– a situarse a finales de diciembre de 2024 en una media del 13,6% –según el estudio comparativo de Key Data–, lo que podría considerarse. Sin embargo, la novedad llegó a lo largo de todo el pasado año, con una progresión mucho más intensa y rápida.
El crecimiento ha sido tan importante que las encuestas publicadas este enero lo sitúan entre el 17% y 18% en las diferentes urnas –las regionales que deben llevarse a cabo pronto: la aragonesa (febrero) y castellana-leonesa (marzo); y las generales, que no tienen fecha de realización–, lo que de confirmarse, supondría, por un lado, que el PP no tendría ninguna mayoría absoluta y que estaría obligado a pactar con los ultras desde una posición bastante más débil y, por otra, que el bloque derechista se situaría en unos niveles que supondrían una especie de chasquido.
En Baleares el apoyo al partido ultra fue en mayo de hace tres años del 13,9%, mientras que en las generales de julio fue del 15,2%. O sea: un diferencial doméstico positivo –en relación con su media nacional– entre un mínimo de 2,7 puntos porcentuales y un máximo de 3,2.
Sobre estos datos que el lector suponga el voto que podría tener Vox en las próximas elecciones baleáricas si ahora las encuestas avanzan que ya ha llegado al menos al 17% de media en el conjunto del país.
Todo el mundo se huele que la izquierda sufrirá un desastre por todas partes
Todo el mundo se huele que la izquierda sufrirá un desastre por todas partes. Pero en Baleares puede ser peor y adquirir características de terremoto de rango superior a toda escala conocida, con fáciles consecuencias de suponer.
Lo que nos indican los sondeos no es un simple nuevo contexto electoral sino mucho más trascendental, la explosión de un apoyo tan elevado a una fuerza antisistema de ultraderecha como que puede convertirse o bien en el tapón que evite toda estabilidad o bien que determine un nuevo Gobierno del PP dispuesto a hacer un segundo radicales que no necesitó satisfacer en el 2023, con especial atención a las relacionadas con la 'batalla cultural', la inmigración y las canalizadas hacia el debilitamiento social –aún más– del catalán.
Casi es ocioso referirse a la inexistente posibilidad de que la izquierda pueda ganar los próximos comicios regionales. Lo más significativo del estado de ánimo al respecto son los llamamientos a la unidad –los habituales que hace el PCE/IU/Sumar– que aparecen cuando se teme una catástrofe en las urnas. Ningún dirigente progresista cree ya que el conjunto de formaciones izquierdistas baleares pueda llegar a sumar a los 30 diputados.
Y lo relevante no sería el reflejo en escaños, sino, más importante y de suficiente recorrido futuro, lo profundo de que si Vox llegara o superara el 20%, querría decir que estaría chupando mucho voto antiguamente zurdo –en Ibiza, la bahía de Palma...–, lo que le convertiría –quién sabe por cuánto tiempo.