Esta semana se acaba todo

Y, mientras tanto, las señales del fin del mundo se van manifestando allí donde nadie mira.

Aunque no hace falta decir que la sonrisa de los ejecutivos de Aena nunca es una buena señal, por experiencia sabemos que cada vez que alguien del Consejo de Administración destapa el cava es porque un isleño ha muerto, así que el hecho de que se lo estén todos pasando en grande pensando en el dineral que ganarán gracias a la nueva ruta directa entre Palma y los Emiratos Árabes vendría a confirmar nuestras peores pesadillas: los locales estamos condenados a la extinción o la vida en reservas, ya veremos. En todo caso, no descarto un futuro en plan Juegos de Hambre en el que Doña Pereta y el Casta tengan que luchar a muerte en los devastados solares del llano de Sant Jordi para decidir quién de ellos podrá seguir viviendo en la isla y quién de ellos la tendrá que abandonar –preferiblemente rematado e incinerado. Con un poco de suerte pueden pedir a nuestros nuevos amos que esparzan sus cenizas por el desierto, aquel de donde provienen los millones que empezarán a invertirse en aquel activo llamado Mallorca y donde, por desgracia, pero solo temporalmente, hay unos molestos inquilinos –¡nosotros, glups!– que tendrán que encontrar una manera de hacerse útiles, a ver si nos dejan un rinconcito en la lavandería o en el garaje donde dormir, de paso ya les hacemos la ropa limpia y les vigilamos los coches.

Por lo menos la llegada de Etihad a Son Sant Joan no tiene el efecto engañoso de la apertura de la línea directa PMI-NY, que todos recibimos como la confirmación de que las Islas formaban parte del planeta Tierra, haciendo aspavientos como los nuevos ricos que somos porque por fin podríamos ir a comprar Levi's baratos al Century 21.

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La realidad es que los nativos solo éramos el rebufo en una operación más amplia y todos sabemos cómo ha acabado la cosa: Mr. Marshall ha llegado y ha empezado a comprar, como si no tuviéramos bastante problemas ya de antes. En Mallorca no llueve casi nunca, pero cuando lo hace, paradójicamente, siempre lo hace sobre mojado.

Como he dicho, sin embargo, por lo menos esta vez, excepto a los miembros de la familia real y a algún otro empresario aficionado a la evasión fiscal, a ningún mallorquín se nos ha perdido nada en Abu Dhabi.

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Ya pasamos bastante calor aquí.

Aunque, pensándolo bien, y como fan total de La Mejor Película Jamás Rodada, es decir Mad Max: Fury Road, igual me pensaría la posibilidad de vender lo poco que tengo y mudarme al desierto con todas mis pertenencias metidas a presión en mi Ford Orion. Sería la oportunidad perfecta para replicar a Tom Hardy, a quien siempre he admirado por los innumerables matices en su manera de gruñir. Si le ponemos un poco más de fantasía, Madò Pereta podría ser nuestra Imperator Furiosa y el Casta, la versión mallorquina de Immortan Joe. Tal vez esto de luchar por un sorbo de agua y nuestra vida en un desierto postapocalíptico no está tan mal del todo, ¿no? Igual siempre había sido nuestro destino. Esto explicaría nuestra tendencia a aplaudir y celebrar a nuestros verdugos.

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O como diría Tom Hardy: ¡Ugh!