PP-Vox, guerracivilismo contra la memoria
Si a los dirigentes del PP les molesta que les califiquen de herederos ideológicos del franquismo, más les valdrá acostumbrarse a ellos. Serán considerados así, y de forma más que merecida, mientras tomen decisiones de gobierno tan antidemocráticas, vengativas y dolorosas como la que se impuso, con los votos de Vox y del propio PP, en el pleno del Parlament del martes 10 de marzo. La ley de memoria democrática, derogada finalmente en esta sesión tras varias idas y venidas de politiqueo de bajo tono, no era una ley contra nadie, sino una ley de reparación que ofrecía, tras más de ochenta años de dolor y olvido, un reconocimiento a las víctimas del franquismo ya sus familiares.
Destruir esta ley e intentar justificarlo con subterfugios (por ejemplo, que no era necesaria porque ya existe una ley estatal en el mismo sentido, una forma absurda de intentar salir por la tangente), no logra tapar la realidad: se vuelve a atacar a las víctimas del franquismo por puro afán de venganza. En el PP quizás no están dispuestos a decirlo de esta manera, pero ya se encargan los diputados de Vox de dejarlo bien claro con sus intervenciones y actuaciones en el Parlament. Las erráticas intervenciones del portavoz Sergio Rodríguez, o los atacados de rabia del presidente Gabriel Le Senne, son burlas inaceptables en la sede de la soberanía de un pueblo que cree en la democracia y quiere vivir en ella. El fascismo nunca es compatible con la democracia: lo que hace es parasitarla y aprovechar su propia naturaleza (la democracia no puede negar a nadie la libertad de expresión ni de voto) para destruirla desde dentro y esparcir su mensaje de odio y venganza. La derecha nacionalista española ya ganó la Guerra Civil y está deseosa de volver a ganarla: el espíritu que guía la fulminación de la ley de memoria no es otro que un guerracivilismo poco o nada, y mal, disimulado.
Por su parte, se suponía que Marga Prohens y su núcleo de confianza no debían ir por ahí. Se suponía que representaban a una derecha joven, moderna, preparada, que no debía caer en políticas tan viejas como los ataques contra la propia lengua o la destrucción del territorio, ni en las actuales propuestas de las extremas derechas: odio contra los inmigrantes, racismo, supremacismo y, en el caso del estado español, negacionismo del franquismo. Bien, ido han caído en todos y cada uno de estos pozos negros. Es razonable la duda de si lo hacen únicamente para mantener el apoyo de Vox a las votaciones parlamentarias o si hay algo más: si comulgan, en realidad, con los postulados ultraderechistas de sus socios. Personalmente tengo clara la respuesta a esa duda.
Sea cual sea el motivo de fondo, Prohens ha logrado lo que parecía imposible: no hacer bueno a José Ramón Bauzá, porque eso sí que no puede ser, pero sí ser aún peor presidenta que él. El balance de su mandato, ahora que ya nos acercamos al tercer año de legislatura, además de pobre en cuanto a acción de gobierno, está lleno de la indignidad y la bajeza que necesariamente prevalecen cuando se acepta y blanquea al fascismo como si fuera una opción democrática. El PP nunca ha querido condenar los crímenes del franquismo; Vox, directamente, les aplaude. La derogación de la ley de memoria constituye uno de los momentos más desoladores de la historia de la democracia en Baleares. Prohens, que al acabar el pleno se fotografió con los parlamentarios de Vox para celebrar la proeza, tendrá que vivir toda su vida con esa vergüenza.