La posidonia, otra víctima del modelo insostenible balear

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16/10/2026 - 23:22 h

PalmaDurante años, los científicos se han esforzado mucho en hacer entender a la sociedad en general, y sobre todo a la clase dirigente, que la protección del medio ambiente no era un capricho, ni una moda, sino una necesidad ineludible. Obviamente, el poco éxito que han tenido es atribuible a muchos factores, pero en el caso de las Baleares básicamente se debe atribuir a un modelo productivo basado en el consumo de territorio. El crecimiento sostenido durante más de medio siglo se ha basado siempre en batir récords de personas. Más turistas y más habitantes.

Este sistema ha obligado a pagar un altísimo precio como sociedad, en muchos aspectos, y uno ha sido la afectación directa sobre los recursos naturales. La posidonia, la planta que oxigena y mantiene las aguas transparentes que tanto gusta promocionar al sector turístico y a las instituciones, ha visto cómo entre los fondeos descontrolados, los vertidos de aguas residuales y el progresivo calentamiento del mar su salud ha empezado a empeorar.

Hay que reconocer la labor del Gobierno del Pacto con el Decreto de Posidonia, que puso las bases para atacar lo más fácil, pero no menos importante: los barcos que soltaban el ancla sin mirar con cuidado. Hoy están a la vista los resultados de disponer de una normativa y de unas acciones de control que han conseguido reducir, pero no eliminar, la acción de los navegantes irresponsables, que son una minoría.

En el otro extremo, sin embargo, se encuentra el calentamiento del agua. Un fenómeno imparable a corto plazo y que ya ha encendido todas las alarmas. A medio camino hay una actuación que puede y debe hacer la Administración y que de momento se caracteriza por una importante dejadez: la mejora de la depuración de las aguas residuales.

Entre los años 2000 y 2025, la población residente de las Islas ha crecido un 45%, y el número de llegadas de turistas internacionales, un 57%. Hay pocos territorios en el mundo que experimenten estos números, y que los puedan asumir en todos los sentidos. Por supuesto, la inversión de recursos públicos para mejorar la depuración y el tratamiento de aguas ha sido infinitamente inferior. Ha sido más importante, para los gobernantes de todo color, ir al Reino Unido y Alemania y gastar dinero público para pedir que vengan más turistas, y con fotos de aguas cristalinas, y no invertir en mantenerlas.

La posidonia es mucho más que un filtrador de partículas. Es el pulmón del mar, el garante de la biodiversidad que los isleños demostramos que no sabemos conservar. Es curioso que en este caso ni siquiera haya servido su papel fundamental para el turismo. Hay que pedir a los poderes públicos una inversión urgente en la depuración de aguas y un verdadero control del incremento de plazas turísticas en torno a un hecho en el que, se supone, debería haber un consenso total.

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