Partido Popular: manual de saturación
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En un país y un territorio como el nuestro, empujado económicamente por la maquinaria turística del verano mediterráneo, el Indicador de Presión Humana es idóneo para calibrar los niveles de saturación de aquello que llamamos, en sentido amplio, las infraestructuras y equipamientos: aeropuertos, carreteras, aparcamientos, autobuses, trenes, hospitales, playas, plazas, calles. El pasado mes de mayo en Mallorca se registró un nuevo récord de presión humana, con casi 1,4 millones de personas en un solo día. En agosto se habrá superado de largo esta cifra, dentro de una isla donde la población residente es de unos 971.000 habitantes. El lector entenderá perfectamente que esta enorme presión demográfica supone una suma acumulada de demandas de consumo de bienes y de servicios: más agua que no tenemos, más coches que no queremos, más electricidad que necesitaremos, más basura que produciremos, y en definitiva más de todo y malo. Esta es una carga del todo insostenible para una isla masificada al máximo.
El caso es que en los últimos tres años, este Partido que de demagógico y populista lo tiene todo, y de ‘Popular’ solo tiene un nombre postizo, se ha negado a reconocer la masificación, incluso cuando una desesperada mayoría social de mallorquines y mallorquinas ha dado la voz de alarma. Ante la pérdida de nuestra calidad de vida, el Partido Popular nos responde que debemos acostumbrarnos con obediencia y resignación a esta nueva normalidad de saturación y hartazgo.
La imagen de Mallorca ha empeorado ostensiblemente, y, mientras tanto, el Partido Popular se niega a aceptar que el turismo, la movilidad y el tratamiento de residuos deben planificarse y reordenarse bajo la premisa de un decrecimiento amable. Todavía hoy, un señor que fue consejero de Obras Públicas entre 1983 y 1993 hace afirmaciones tan irracionales como estas: “Tengo claro que el tráfico no se pacifica, es lo que es”. Se trata de la típica mentalidad de la derecha obtusa y rancia del Partido Popular, para quien pacificar el tráfico de vehículos es innecesario, porque, dice, “es lo que es”. Esta es, de hecho, la manera de pensar y actuar de estos políticos del crecimiento sin límites: si el colapso de las carreteras o la saturación turística “es la que es”, ¿por qué debemos querer decrecer y probar soluciones de mejora? A ojos del Partido Popular la masificación no es un problema, y soportarla es cuestión de sacrificio, de conformismo y de renuncia a nuestro estilo de vida.
Contra esta idea retrógrada siempre han estado las políticas socialistas y ecologistas las que, por suerte, han hecho avanzar a este país en forma de unos progresos decisivos –sociales, ambientales y proteccionistas– que hoy nadie cuestiona –recordemos, si no, la ecotasa. La socialdemocracia, el ecologismo político o el socialismo humanista se llaman progresistas justamente porque en sus propuestas y acciones siempre hay un progreso de mejoras, nunca de retrocesos. El estado del bienestar del cual ahora disfrutamos –sanidad y educación públicas, sistema de pensiones y servicios sociales como la atención a la dependencia– nace del ideario indiscutiblemente progresista.
He aquí que otro señor del Partido Popular, Llorenç Galmés, apostó toda una campaña electoral a la hiperbólica promesa de “desatascar” Mallorca. Promesa simplista y populista hasta el extremo, que obviamente no está cumpliendo ni cumplirá nunca. Sus votantes tendrán buenos motivos para sentirse engañados. En tiempos de masificación por todas partes, en cuestión de movilidad y turismo las órdenes en el partido populista son las siguientes. Primero, desmontar un carril Bus-VAO que ha beneficiado a los miles de ciudadanos que viajan diariamente en un autobús público o en un taxi. Segundo, gastar la descomunal cifra de 350 millones de euros públicos en una macroobra –el tramo I del segundo cinturón de Palma– que se había anunciado por 110 millones de euros. Son 240 millones de incremento que no se invertirán en ampliar y mejorar el servicio de trenes y de autobuses, sino en poner más asfalto del necesario y que haya más coches. Tercero, destruir las políticas de decrecimiento turístico iniciadas por los socialistas, con las cuales se suspendían las bolsas de nuevas plazas y se corregía a la baja la capacidad turística, implantando un modelo 2×1 según el cual una plaza turística nueva solo podía autorizarse si dos plazas se daban de baja.
Abordar políticamente la saturación se hace tomando medidas de decrecimiento y sostenidas en el tiempo. Que el Partido Popular, cuando gobierna, las esté desbaratando forma parte de su inseparable y viejo manual de saturación y de degradación ambiental. En los acuerdos que ha firmado con la ultraderecha, el lector encontrará, entre otras perlas, la siguiente: “Propondremos la modificación de la Ley 13/2018, de 28 de diciembre, de caminos públicos y rutas senderistas de Mallorca para así permitir ASFALTAR”.