¿Era necesario suspender las clases el lunes?

La tormenta no descargó en Mallorca con la intensidad prevista, pero los avisos se basan en probabilidades y no actuar ante un riesgo extremo puede tener consecuencias mortales

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La tormenta del lunes en Palma.
Lluis Señor
22/10/2026 - 20:55 h

Palma"El sistema de tormentas que el lunes por la tarde amenazaba Mallorca se desvió y fue hacia Menorca: un recordatorio para tener en cuenta que, por buenos que sean los modelos, siempre queda un margen de incertidumbre". Con esta reflexión, el gran Agustí Jansà, exdirector provincial de Aemet en las Baleares, recordaba una realidad que a menudo olvidamos cuando hablamos de meteorología: las predicciones siempre se basan en probabilidades.

Vivimos en una sociedad inmediata, en la que queremos saber a qué hora lloverá, cuántos litros caerán y en qué lugar exacto tendrá lugar la precipitación. Pero quienes queréis una predicción del tiempo perfecta quizás deberíais buscar primero en el diccionario qué quiere decir precisamente esto: predicción.

Cualquier predicción está sujeta a un margen de error. De hecho, las previsiones que justificaban el aviso rojo del lunes preveían una probabilidad elevada de precipitaciones extremas, pero también la posibilidad de que el fenómeno no se produjera exactamente como se esperaba. Los modelos meteorológicos tradicionales funcionan con complejos algoritmos matemáticos que interpretan diversas situaciones posibles, llamadas escenarios. Hoy también hay modelos que incorporan inteligencia artificial, pero ninguno de estos sistemas elimina la incertidumbre.

El mapa de las tormentas previstas.

Aquí tenemos un problema. Antiguamente, con 72 horas de antelación ya podíamos dar muchas predicciones por fiables. Ahora, a pesar de los grandes avances de los modelos, hay situaciones meteorológicas muy complejas, especialmente las tormentas intensas y localizadas, en las que es tan difícil encajar las piezas del rompecabezas que las previsiones pueden cambiar incluso cuando solo faltan 6 o 12 horas.

Y eso es lo que pasó el lunes. Los modelos mostraban una probabilidad importante de precipitaciones muy intensas en el sur de Mallorca, con escenarios que llegaban a 300 litros por m2. Finalmente, el sistema de tormentas se desvió hacia Menorca. El público debe entender que toda predicción se basa en probabilidades y que los avisos y las alertas se emiten teniendo en cuenta el riesgo para proteger a la población.

En este punto también me querría detener, porque no es lo mismo un aviso que una alerta. Un aviso meteorológico lo anuncia Aemet y puede ser rojo, naranja o amarillo de acuerdo con la intensidad prevista del fenómeno. En el caso de las lluvias, se tienen en cuenta los litros por m2 que pueden caer en un tiempo determinado. En cambio, las alertas las declara Emergencias de acuerdo con el riesgo que pueda haber para la población. En Baleares, el plan Meteobal establece diferentes índices de gravedad: IG-2, IG-1 e IG-0.

Con esto quiero decir que podemos dejar de tener un aviso meteorológico y continuar en una situación de alerta. Porque, a pesar de que ya no llueva, las infraestructuras pueden haber quedado dañadas y se pueden producir derrumbamientos de puentes, carreteras y otras edificaciones. El peligro no desaparece necesariamente cuando deja de llover.

Y llegamos a la pregunta que muchos se hicieron el lunes: ¿era necesario suspender las clases si finalmente las lluvias más intensas no llegaron a Mallorca?

Para responderla, creo que hay que tener tres cosas bien claras.

La primera es que cualquier aficionado a la meteorología, salvo casos contados, habría entendido perfectamente la declaración de aviso rojo por parte de Aemet. No era un único modelo el que anunciaba precipitaciones extremas. Tanto los modelos regionales como los globales situaban precipitaciones muy intensas, especialmente en el sur y el levante de Mallorca (figura 1). Con estas previsiones encima de la mesa, el riesgo era lo suficientemente importante para tomar medidas preventivas.

La segunda es que, como cualquier predicción, los avisos están sujetos a errores. Y tenemos varios ejemplos. En 1989, unas lluvias torrenciales sorprendieron a municipios como Felanitx, Manacor y Portocolom, donde hubo tres víctimas mortales. Tenemos un ejemplo mucho más reciente en nuestra memoria colectiva: la torrentera de Sant Llorenç del 9 de octubre de 2018. Un tren convectivo provocó precipitaciones torrenciales que superaron los 200-250 litros por m2 en pocas horas, con un aviso rojo que llegó demasiado tarde, cuando el torrente de les Planes ya se desbordaba. La consecuencia, la sabemos todos: 13 personas muertas.

Cantidad de litros por metro cuadrado en algunos lugares de la Península.

La tercera es lo que pasó este mismo domingo en el sur de Valencia y en el norte de Alicante. Se declaró el aviso rojo por precipitaciones muy intensas y las previsiones incluso se quedaron cortas: en la zona de la Atzúbia se superaron los 700 litros por m2 acumulados durante el episodio (figura 2).

Imaginen que no se hubiera decretado aviso rojo en este caso. Miles de personas, con el turismo que hay en las zonas de la Safor y la Marina Alta, habrían podido transitar libremente por lugares en los que los torrentes se desbordaron y llegaron al mar con una fuerza muy violenta. ¿Cuántas víctimas más podría haber habido? No lo podemos saber, pero el riesgo era enorme. Y basta recordar lo que pasó el 29 de octubre de 2024 en Valencia, cuando la ES-Alert llegó demasiado tarde, para entender las consecuencias que puede tener no actuar a tiempo.

Por eso creo que es importante no juzgar las decisiones preventivas solo por lo que acaba pasando. El lunes se suspendieron las clases y, afortunadamente, en Mallorca no se produjo el escenario más grave que anunciaban los modelos. Pero eso no significa que, con la información disponible en aquel momento, la decisión fuera equivocada. Cuando se decide suspender la actividad escolar, no se trata de adivinar si lloverá sobre una escuela concreta, sino de evitar que miles de alumnos, familias y docentes tengan que desplazarse en una situación de riesgo potencialmente extremo.

Detrás de la decisión de enviar un ES-Alert hay un equipo de profesionales preparados en meteorología, prevención de riesgos hidrológicos y protección civil que valoran la necesidad de alertar a la población. Evidentemente, las decisiones se pueden revisar y siempre se puede mejorar la manera de informar y gestionar las emergencias. Pero el principio de prevención debe tener un peso fundamental cuando existe la posibilidad de un fenómeno que puede poner vidas en peligro.

Que el peor escenario no se haya producido no significa que fuera un error prepararse. Porque una vida humana vale infinitamente más que cualquier predicción.

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