Víctor Homar

El milagro de la I+D+i en la Universidad de las Islas Baleares

Este mes de agosto se ha hecho pública la caída de la Universidad de las Islas Baleares de las 1.000 primeras posiciones del ranking mundial 2026 de universidades de la Shanghai Ranking Consultancy (ARWU). Es, obviamente, doloroso para todos los que amamos la institución, y especialmente para quienes dedicamos a ella la vida profesional. Que la UIB desaparezca de un escaparate de la élite académica mundial después de haber estado desde 2017 sorprende, y más aún cuando aparecen otras 30 universidades del Estado. Un primer factor externo que lo explica es la entrada acelerada de universidades chinas, que desplaza a instituciones de todo el mundo con independencia de cómo haya evolucionado la investigación que realizan. Es parte de la causa.

Conservemos la calma. La investigación que se hace en la UIB es excelente y mejora a medida que la van dotando, lentamente, de los recursos humanos y materiales mínimos para competir con garantías. Tres constataciones internas demuestran y explican la evolución de la UIB en el ARWU.

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Las personas importan. La entrada de la UIB en el ARWU en 2017 se explica por el impacto sostenido de publicaciones importantes del grupo de Fisiología Vegetal en los últimos 20 años sobre el efecto del cambio climático en la fotosíntesis. Como consecuencia, los Drs. Jaume Flexas, Hipólito Medrano, Jeroni Galmés y Miquel Ribas, por orden de aparición en la lista, figuraron en la lista Clarivate (empresa proveedora de información y análisis de la actividad investigadora) de los autores más citados del mundo. Por este hecho, la UIB recibió entre 7 y 15 puntos adicionales en el ARWU, lo que supuso que se incrementara entre un 20 y un 50% la puntuación total de la UIB en los ARWU 2017-2024. A partir de 2023, el Dr. Antoni Sureda aparece en Clarivate gracias al impacto de sus trabajos sobre contaminantes en organismos marinos mediterráneos, farmacología de productos naturales y estrés oxidativo en nutrición. En el último año, Clarivate no ha concedido la mención de altamente citado a ningún investigador de la UIB, y deja a cero este indicador en el ARWU 2026 por primera vez en 10 años.

El tamaño, en este caso, importa. La posición en el ARWU de las universidades españolas reproduce, en gran medida, la ordenación por su tamaño. A mayor profesorado, mejor posición: la correlación es de 0,76 y ningún otro indicador lo predice mejor. Esta relación tan fuerte es consecuencia de la definición del ranking: un 90% del ARWU valora producciones absolutas sin normalizarlas por dimensión. El ranking no separa la calidad del tamaño: mide volumen. Indicadores menos sensibles al volumen, como la producción per cápita del mismo ARWU y los indicadores per cápita del U-Ranking, sitúan recurrentemente a la UIB en el primer tercio del sistema universitario español. Que la UIB no esté en el ARWU 2026 no significa que investiguemos peor. Significa, sobre todo, que somos menos.

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Los recursos importan. Cuatro universidades más pequeñas que la UIB se mantienen en el ARWU 2026: la Pompeu Fabra, la de Girona y la Rovira i Virgili, del sistema catalán, y la Jaume I, de Castellón. Ninguna de estas tiene más personal investigador que la UIB. Todas disponen de más recursos por investigador. Si el tamaño es igual, son los recursos los que deciden la posición.

El problema de las Islas Baleares no es, en absoluto, la calidad de la investigación, del colectivo investigador ni de los técnicos: es la inversión estructural en el sistema que debe sostenerla. En 2024, las Islas Baleares dedicaron a I+D el 0,40% del PIB: la cifra más baja del Estado y menos de un tercio de la media española (1,50%). Somos los últimos. Cataluña dedica el 1,73%: más de cuatro veces nuestro esfuerzo relativo. Madrid llega al 2,18%. Navarra (2,34%) y el País Vasco (2,30%) todavía destinan más, si bien disponen de un régimen fiscal propio que hace difícil la comparación directa. Y mientras el gasto estatal crece un 6,9%, el de las Islas Baleares sufre el mayor retroceso del Estado. La distancia con las regiones europeas líderes, donde el objetivo del 3% del PIB hace años que es el marco de referencia, es todavía mayor.

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Llevamos muchos años de desventaja acumulada, y eso no se recupera con un presupuesto puntual ni en una legislatura. Los últimos gobiernos han hecho esfuerzos importantes que hay que reconocer: han empezado a enderezar una situación que venía de muy atrás. Pero lo que la I+D+i de las Islas Baleares necesita es un pacto social robusto, expresado de manera explícita por todas las fuerzas políticas: ampliamente mayoritario, estable y plurianual, capaz de garantizar la competitividad del sistema de ciencia propio. Las Islas Baleares, y la UIB en concreto, tenemos un clima, un territorio y unos servicios que suponen una ventaja competitiva evidente para generar un ecosistema de ciencia, tecnología e innovación líder internacional. Solo tenemos que creérnoslo.

Porque lo que tenemos hoy es, sencillamente, un milagro. La investigación que realizan las personas que integran la UIB –investigadoras, investigadores y personal técnico– es acreditadamente excelente, y lo es a pesar del déficit acumulado que arrastra el sistema. Ningún país puede permitirse vivir indefinidamente de un milagro. Se trata, por tanto, de convertirlo en el resultado previsible de una planificación: de una inversión decidida por la investigación de primer nivel.

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Y no se trata de satisfacer a una consultora que elabora rankings al otro lado del mundo. Se trata de asumir todos juntos que el conocimiento es una palanca acreditada de progreso social y mejora del bienestar de la ciudadanía, también en las Islas Baleares. El ranking es solo un termómetro. Necesitamos acción urgente. En la UIB estamos, preparados y motivados para liderar el avance: solo tenemos que dejar de confiar en los milagros.