Mierda cruzando el mar

El Partido Popular continúa convencido –y así lo manifiesta a menudo en las declaraciones de sus líderes– de que las políticas medioambientales son un freno para la economía. En materia de emergencia climática, en contra de todas las evidencias que ya sufrimos, continúan en el punto en que lo dejó el comentarista deportivo M. Rajoy cuando nos hablaba de su primo negacionista. Sucede que esto tiene consecuencias directas sobre los ciudadanos y los lugares donde vivimos. Los recortes y los descuidos en materia de seguridad medioambiental, por ejemplo, han causado muertos y desaparecidos en la dana del País Valenciano y, recientemente, en los incendios de Almería. El cambio climático y sus consecuencias es o debería ser una de las máximas prioridades de los gobiernos, sean estatales, autonómicos o municipales. Nuestra derecha prefiere relativizarlo, y a menudo, en relación con las políticas de medio ambiente, salen con frivolidades y gracias.Una frivolidad es que el Consell de Eivissa, en un año como el 2026, no haya ni empezado a preparar un plan de residuos que pueda ser llamado como tal y que esté en sintonía con las directrices de la Unión Europea en esta materia, basadas en los preceptos de la economía circular. Muy al contrario, Eivissa (por dejadez de sus gobernantes) separa menos y recicla menos residuos. Para rematar la faena, el vertedero de Ca na Putxa acaba ahora su ciclo de vida útil, lo que supone una acumulación de basuras y residuos que la saturadísima isla de Eivissa no puede asumir. Solución de nuestras autoridades: llevaremos todo este género a Mallorca y lo quemaremos allí. Lo trasladaremos en barco y, una vez en Mallorca, en camiones que circularán de noche, “para no molestar el tráfico”. Se ve que nuestros gobernantes deben circular poco de noche, en verano, por las carreteras mallorquinas. Es una idea magnífica: llevaremos la mierda –hablemos de esto– de una isla desbordada a la isla del lado, también desbordada, pero más grande. Como denuncia la plataforma contra el traslado de residuos de Eivissa (formada por 17 entidades vecinales y ecologistas, constituida en el casal de barrio de Son Sardina) los efectos de esta maniobra pueden ser nefastos a todos los niveles. Hablamos de 80.000 (ochenta mil) toneladas de residuos al año para incinerar, añadidas a los problemas que ya tiene Mallorca para gestionar sus propios desechos: aparte de contaminación y malos olores, se pueden derivar problemas de salud pública. El primer traslado ya se ha efectuado, no sin tropiezos de última hora.Una gracia, cuando se formó el actual gobierno del Consell de Mallorca, fue nombrar consejero de Medio Ambiente a un negacionista como Pedro Bestard, de Vox. Como cuando Mazón hizo consejero de Cultura de la Generalitat Valenciana a un torero franquista. Son cosas que divierten a nuestros próceres de la derecha, pero que ya no hacen tanta gracia cuando se trasladan a la gestión real. Aparte de sus problemas con los coches oficiales, Bestard es una persona de la cual es razonable poner en duda la capacidad para asumir responsabilidades públicas. Dejar bajo la supervisión de alguien como él una política social estratégica como Medio Ambiente, y un trabajo tan delicado como el traslado de 80.000 toneladas anuales de residuos desde Ibiza a Mallorca, es peor que una temeridad. Es una demostración de ineptitud que puede tener consecuencias indeseables, precisamente para el medio ambiente y para las personas. Y naturalmente, es imprescindible la exigencia de transparencia en estos traslados de residuos: exactamente quién cobra qué cantidades, cuándo, cómo, y en concepto de qué. Que nos conocemos.