La máquina de escupir pobres

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28/09/2026 - 07:31 h
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La aparición en las pantallas de algunas caras de víctimas de la especulación inmobiliaria ha causado, cuando menos, incomodidad y el deseo de formular algún tipo de respuesta, tanto por parte de la sociedad como de la clase política. Todo el mundo se ha enterado del caso de Maricarmen, una mujer de Madrid de ochenta y siete años, que sufre precariedad de salud y económica, y que ha sido desahuciada del piso donde vivía, hacía más de setenta. Hubo también otra actuación brutal y desproporcionada de la Policía, que cargó contra los manifestantes que protestaban por el desahucio de Maricarmen con una brutalidad que recordaba la que exhibieron en Palma el pasado 27 de julio, al final de la masiva manifestación convocada por la Plataforma Menos Turismo Menos Vida. Movilizarse a favor del derecho a la vivienda o para pedir la racionalización del sector turístico no está prohibido de momento, pero sí que es saludado, de entrada, a porrazos por parte de policías indignos que apalean a ciudadanos que ejercen otro derecho fundamental, el de manifestación. Después, si se ven en el caso de tener que dar algún tipo de explicación, esta pésima Policía recurre a un victimismo cobarde y mentiroso, según el cual se habrían ‘defendido’ de supuestas ‘amenazas’ de los manifestantes.En Cataluña, en Hospitalet de Llobregat, ha trascendido la muerte de Olga, una mujer de 54 años con dos hijas, una de ellas menor, que no pudo soportar perder su casa y se suicidó. Y aquí hemos visto el rostro de Pilar López Cabrera, una mujer de 65 años que explicó en el pleno del Ayuntamiento de Palma, entre lágrimas, que después de perder la vivienda donde vivía –en la calle de Joan Crespí de Ciudad–, y de haber cotizado cuarenta años como trabajadora de la hostelería, ha quedado en la calle y ha tenido que pasar este último verano durmiendo dentro de su coche, duchándose en las duchas de Ciudad Jardín y teniendo que cuidar la higiene personal en lugares escondidos de grandes superficies. Lo podéis leer en la crónica de Héctor Rubio en ARA Balears. No son casos extremos, sino mucho más habituales de lo que pueda parecer en nuestro entorno. A alguien le pueden parecer personajes marginales, pero son personas tan centrales como lo pueda ser cualquier otra. Nadie es marginal, los márgenes son simplemente los espacios de injusticia y tortura existencial que nuestro modelo económico reserva a aquellos que no pueden hacer frente –con dinero– a la presión de los especuladores.Pilar Gómez Cabrera insistía en remarcar que es “española”, asumiendo que la nacionalidad, el hecho de ser nacida en España, la tendría que proteger de la injusticia. También son o eran españolas Maricarmen y Olga. Ante los fondos buitre y el capitalismo desenfrenado, sin embargo, no valen nacionalidades: sin dinero para pagar los precios de la especulación, todos nos convertimos en ‘inmigrantes’, porque todos quedamos reducidos a la condición de pobres. Y esto que llamamos ‘sistema o modelo económico’, y que no es más que la ley del más fuerte y del que tiene menos escrúpulos, engulle, mastica y escupe a los pobres. Lo primero que hay que entender es que todos estamos expuestos a ello. Y al mismo tiempo –debemos insistir tanto como sea necesario– en que el derecho a la vivienda digna es un derecho constitucional, y que como tal debe prevalecer por encima del derecho a la propiedad y al libre mercado. Naturalmente que hay que legislar para impedir que los fondos buitre continúen comerciando con las vidas y los derechos básicos de las personas. Y naturalmente que hay que restringir la compra de viviendas a empresas y a inversores extranjeros. De hecho, es urgente.

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