Limpiar los torrentes... de chalets
Han pasado ocho años de la torrentera de Sant Llorenç. La dramática muerte de 13 personas puso sobre la mesa lo mal que se han hecho las cosas durante décadas, y cómo hemos acumulado personas y viviendas en lugares en los que no solo ya estaba prohibido hacerlo, sino que además el sentido común decía que no era buena idea.
Cabe decir que algunas de las casas afectadas por la crecida descomunal del torrente hace siglos que están edificadas. Pero también hay otras que no. Se habría podido evitar construir sobre zonas inundables, pero esto no solo no ha parado, todavía continúa. El Ayuntamiento de Palma, sin ir más lejos, pasa el día intentando colar chalets e incluso gasolineras en lugares donde no se puede construir nada.
¿Por qué? Por el mismo motivo de siempre. El negocio del urbanismo no tiene amigos, más allá del dinero. Y algunos gobernantes tienen bien claro que esto pasa por delante de todo. Desgraciadamente, cuando todavía hoy sale en alguna conversación el drama de Sant Llorenç, a menudo la reacción de muchas personas es la obsesiva limpieza de los torrentes. Entendiendo por limpieza arrasar toda su vegetación, porque alguien algún día dijo que esto era lo que embalsaba el agua y provocaba problemas.
Pues no. La vegetación detiene la velocidad del agua, y tiene que estar ahí, con todos los matices que hagan falta. Pero lo que no tiene que estar ahí son las casas, cerca de los torrentes. Y esto es lo que parece que no entendemos. Así que, en la próxima conversación con cuñado incluido, por favor, no aceptemos que hay que arrasar la vegetación de los torrentes. Lo que hay que arrasar es el urbanismo insaciable que nos arrasa. Y cada vez que alguien os diga que se tienen que limpiar las cuencas y torrenteras, responded: “Sí, pero de chalets”.