La gramática de la seguridad
Donald Winnicott (1896-1971), pediatra y psicoanalista británico, intuía y estudiaba que la necesidad de seguridad acompaña al ser humano desde el primer instante de vida. Explicaba la necesidad de sentirse “sostenido” por el entorno para poder crecer y vivir con confianza.Literalmente ‘to hold’ en castellano significa: ‘sostener’, ‘contener’, ‘proteger con las manos’. Pero Winnicott le dio un sentido psicológico mucho más profundo. Cuando un niño pequeño es sostenido física y emocionalmente por la madre, es alimentado, protegido, consolado y entendido, desarrolla una sensación básica de confianza en el mundo. De esto Winnicott dijo ‘holding’. Tiene la sensación íntima de que el mundo no se derrumbará bajo tus pies. Gracias a este “entorno sostenido” el niño puede jugar, explorar, crecer y construirse. Sin este ‘holding’, aparecen la angustia, la inseguridad y la fragilidad emocional. A escala social y global las sociedades también necesitan un tipo de ‘holding colectivo’. Quiero decir que nos gusta sentir que hay orden, tener instituciones fiables, normas aceptadas y compartidas, cierta estabilidad y una red invisible que sostiene esta convivencia. Si falla este sostenimiento –o percibimos que falla– entonces aparece la demanda obsesiva de seguridad. Puede sonar atrevido, pero la seguridad no es solo tener policía o no tener delincuencia. También es confianza, cohesión, cierta credibilidad, sentido de pertenencia identitaria... Es tener la percepción de que alguien sostiene el marco colectivo. Tal vez las sociedades modernas no buscan únicamente más seguridad, sino recuperar la sensación de “holding”: sentir que el mundo aún es capaz de sostenerlas.Por qué he elegido como título de este artículo La gramática de la seguridad? Pues, porque la seguridad también es un lenguaje. Hay símbolos, emociones, percepciones, relatos e incluso escenografías del poder. Debemos poder hablar de seguridad sin caer en el discurso alarmista, ni en la ingenuidad de la negación. ¿Cómo podemos conjugar la necesidad de protección y los límites entre libertad y control? También he elegido la palabra ‘gramática’ porque hace muy poco que me acaban de descubrir la figura y el legado de Gianni Rodari y he quedado fascinado. En confianza La gramática de la seguridad nos transmite resonancias de la Gramática de la fantasía. En Winnicott encaja perfectamente, y aplicarlo a un tema social y contemporáneo me ha parecido un atrevimiento.Afemos un poco más; en sa Pobla –en cualquier pueblo– cuando vemos una plaza sucia, una farola rota, una calle sin luz, observamos cómo está transmitiendo un mensaje emocional a la población. Y ante estos hechos reales que tanto nos inquietan en las redes sociales, encaja muy bien la teoría de James Q. Wilson y George L. Kelling, que más o menos decía que los pequeños signos de desorden pueden generar la percepción de abandono e inseguridad aunque el nivel real de delincuencia o criminalidad sea bajo. Evidentemente que el uso de los canales de información actuales puede ser manipulado y redirigido hacia los intereses propios de corporaciones, partidos políticos, etc. Es uno de los retos importantes que tienen las sociedades actuales: el abuso de la manipulación y del populismo fácil. Este abuso para alcanzar el “poder”. Parece que hemos llegado a una de las paradojas más punzantes que tenemos hoy en día: “Cuanto más protegida está una sociedad, menos tolerancia tiene a la incertidumbre””. Pero, en el fondo, en un espacio muy interiorizado, a lo largo de los años de mi actividad policial he observado que la gente no pide únicamente protección física. Pide sentir que el mundo todavía es comprensible, ordenado y gobernable. Volvemos a mi pueblo; el mes de abril pasado, en sa Pobla se produjeron cuatro hechos delictivos de baja intensidad, o de delincuencia menor. El autor fue rápidamente identificado y puesto a disposición judicial; era una persona multireincidente y bastante conocida. Algunos de los afectados y también otros, usaron las redes sociales y amplificaron su miedo. Algunos partidos políticos vieron una oportunidad para hacerse ver, ganar presencia y utilizarlo políticamente. Esto pasa cada cierto tiempo, casi de forma cíclica. Ciertamente es legítimo, pero realmente –al tratarse de un tema delicado– están ‘jugando’ con las emociones y el miedo de la ciudadanía. El resultado fue que durante las semanas siguientes hubo un aumento de la percepción de inseguridad y de miedo entre los habitantes de sa Pobla. Evidentemente, el consenso político de todas las fuerzas en materia de seguridad aún no ha madurado lo suficiente y –a escala municipal– es prácticamente inexistente. La defensa y el trabajo conjunto para la ciudadanía aún tendrán que esperar.Ahora bien, detengámonos y vayamos a la realidad de los hechos. El municipio de sa Pobla, su ayuntamiento, en los últimos cinco años ha destinado de media entre un 10% y un 11% del presupuesto inicial a la seguridad ciudadana. Es una ratio relativamente alta si la contraponemos al resto de municipios del estado español. Esto quiere decir que –para el equipo de gobierno– ha sido una prioridad importante a la hora de diseñar sus políticas municipales. Cada habitante de Huialfàs gasta aproximadamente ciento cinco euros anuales en seguridad local. Los gastos en seguridad a escala estatal quedan fuera de estas cifras. Este sería un hecho objetivo, pero se encuentra muy alejado de la percepción que tienen muchos de los habitantes de sa Pobla.Hay mucho trabajo que hacer y –sobre todo– mucho trabajo que explicar, que hacer entender. Personalmente, querría adentrarme en el próximo artículo en el papel que juega la Policía Local y nuestra privacidad que vamos perdiendo, en este mosaico tan complejo e interesante. Para resumir, podemos concluir que el gran drama de las sociedades modernas no es sólo la inseguridad real, sino la necesidad constante de sentirse protegidas. Y la pregunta, inevitable, que queda en el aire es: ¿Por qué una sociedad objetivamente segura continúa teniendo tanto miedo?Nota: Esta semana he terminado mi contrato laboral y social con la Policía Local de sa Pobla. Han sido más de cuarenta y cuatro años de dedicación. Al principio, yo era un joven con más curiosidad que formación, eran otros tiempos. He procurado devolver a mi pueblo todo lo que él me ha dado. El sentimiento de gratitud es enorme. El paisaje finito y las caras de la gente que ya ha partido también me han acompañado. Me he equivocado muchas veces y pido disculpas a la gente a quien haya podido hacer daño o perjudicar. La vida continúa y nos hace falta saborearla y compartirla. Hasta el próximo artículo, gracias.