La furia de la felicidad
Después de dejarnos Breaking Bad (una cima de la televisión) y su precuela Better Call Saul, Vince Gilligan vuelve a los territorios áridos y fronterizos de Albuquerque con Pluribus, una distopía sobre la felicidad uniforme.
La protagonista, Carol Sturka (Rhea Sheehorn), es una escritora de novelas románticas, cínica y cabreada, que despierta en un mundo sin conflicto después de que un misterioso virus haya convertido a casi toda la humanidad en una colonia interconectada de optimismo absoluto. Ella, inmune al fenómeno, herida y cargada de sarcasmo y desconfianza hacia esa armonía artificial, lucha por revertir tanta simplificación emocional. A partir de ahí, sería injusto desvelar más aspectos de la trama a los posibles espectadores.
Carol no es una heroína en el sentido tradicional, sino humana y visceral; una señora de 50 años llena de ira ante tantas sonrisas plásticas y una uniformidad que emerge como una alegoría de las redes sociales y los algoritmos. La idea de colonia como mente única que explora Gilligan puede leerse como la presión constante de ser felices y de permanecer conectados, alineados con un consenso optimista.
El problema de Pluribus puede ser, por un lado, estar en una plataforma minoritaria como Apple TV, especializada en series de mal rollo y visualmente excelsas; y, por otro, llegar después de otras distopías también excelentes, como The Leftovers (más existencialista e imborrable) y Severance, más centrada en la alienación laboral.
La crítica de Pluribus no sólo contra la tecnología o la inteligencia artificial, sino contra la inclinación tan contemporánea a olvidar que la tristeza, la contradicción y la furia también forman parte de la experiencia humana y que un mundo que aplaude la felicidad sin filtros, donde cualquiera puede tener lo que quiere, es, en realidad, un lugar monstruoso. Aquí es donde Vince Gilligan encuentra su fuerza, su extraña belleza (qué planos, qué dirección) y su lugar en un paisaje televisivo que lucha por no terminar como el mundo de Pluribus.
Mientras existan propuestas como The Leftovers, Severance o Pluribus, estamos salvados. Sólo faltaría que Gilligan fuera capaz de crear un agujero temporal para resucitarnos a Walter White y Jesse Pinkman en esta nueva Albuquerque. Y si no, siempre podrá seguir viendo Las chicas de oro en el sofá, que tampoco es mal plano para un mundo que se hunde.