Observatorio

Los éxitos de Celestí Alomar

Celestí no fue servil a las prioridades del gran capital turístico, que no son otras que competir para maximizar la extracción de ganancias

04/09/2026 - 22:33 h.

PalmaCelestí Alomar nos dejó esta semana prematuramente. Haciendo balance de su paso al frente de la Consejería de Turismo del Gobierno de las Islas (1999-2003), encuentro que ningún predecesor ni sucesor ha logrado unos éxitos equiparables a los suyos.

El mandato del Pacto de Progreso culminó grandes hitos en defensa del territorio: la protección de espacios naturales, regulación para limitar el incremento de las plazas turísticas, nuevas urbanizaciones (las llamadas ‘moratorias’), nuevos núcleos urbanos, puertos deportivos y campos de golf y, por fin, la ecotasa que Celestí impuso a las pernoctaciones turísticas (2001-2003). La recaudación de aquel impuesto se estableció que fuera finalista, dirigida a poner remedio a los impactos del turismo. La audacia de estos avances se puede medir por la revancha asfaltadora y cementadora del gobierno posterior, presidido por Jaume Matas (2003-2007) que eliminó la ecotasa.

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La formación académica en Geografía de Celestí pienso que también contribuyó a los éxitos de su mandato. La Geografía proporciona una visión que relativiza el peso del turismo dentro del conjunto de relaciones sociales y ecológicas. Desde la Geografía entendemos el turismo como una forma más de producción social del espacio. La creación de oferta hace que un lugar se convierta en destino turístico, como resultado de decisiones políticas e inversión de capital. No se trata de ninguna vocación territorial que nos bendiga de la mano de benefactores ‘creadores de riqueza’. Esto que para muchos resulta tan obvio, a finales del siglo XX era un tema tabú. Sin embargo, Celestí lo tenía bastante claro.

Cuando Celestí asumió el cargo de consejero de Turismo, el debate público ya incorporaba este análisis con rigor gracias a las campañas del GOB que cuantificaban las ‘señales de alarma’ de la insostenibilidad de la economía balear. Toni Tarabini dirigía entonces el Centro de Investigación de la Consejería de Turismo (CITTIB, hoy AETIB). Contactaron conmigo para elaborar Indicadores de Sostenibilidad del Turismo, haciendo un convenio con la UIB. Ivan Murray asumió el encargo después de haber defendido su tesina con el cálculo de la huella ecológica de la economía de las Islas Baleares. Alfonso Meaurio, que reemplazó a Antoni Tarabini, mantuvo el apoyo a nuestro proyecto de investigación. Joana Maria Garau completó el tándem primeramente, pero después pudimos añadir más miembros: Jaume Mateu, Neus Andreu, Felip Morell, Llorenç Mas, Gloria Truyols, Sofía López, Alícia Bauzà, Catina March, Fander Falconí... (¡llegamos a ser muchos!). La última publicación de los Indicadores fue secuestrada por el gobierno Matas. Ahora tiene que ser Terraferida quien calcula la construcción de piscinas y la oferta de alquiler turístico de viviendas. Nuestra prioridad fue enriquecer el debate público mediante foros con todo el espectro de agentes sociales de acuerdo con indicadores que evaluaban la insostenibilidad de la economía insular y que perseguían buscar medidas para transitar hacia unas islas más justas y sostenibles.

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Celestí Alomar también me hizo miembro de un Comité Consultivo que debatía todos los proyectos que pedían la financiación de la ecotasa. El diálogo que hacía chispear más los ojos de Celestí era el asertivo. Argumenté tan bien como pude mi disenso en el Comité, cuando era el caso. Así fue, por ejemplo, por la financiación de nueva infraestructura de abastecimiento urbano de agua desde los pozos de la Marineta de Petra a la Bahía de Palma; lo cual me valió también una discusión con Antoni Rodríguez, compañero de departamento, entonces director general de Recursos Hídricos.

Discutir con Celestí hacía madurar las ideas porque era vehemente pero no categórico. A diferencia de la mayor parte de la clase dirigente, Celestí no fue servil a las prioridades del gran capital turístico, que no son otras, por la misma naturaleza del capitalismo, que competir para maximizar la extracción de ganancias, enmascarando sus abusos laborales, ecológicos y contra los derechos de las comunidades locales. Celestí señaló al Rey Turismo para hacer ver que, en realidad, lleva las vergüenzas al aire y no nos debemos dejar engañar por el engalanado del marketing.

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Quienes trabajamos para Celestí durante aquellos años tan tensos sabemos cómo era de temperamental, capaz de enfrentarse a los caciques Escarrer, Fluxà, Middelmann, Piñero, etc. Celestí creía en la necesidad de enderezar el mercado mediante políticas públicas de decrecimiento turístico en favor de la justicia social y ambiental. Este fue el espíritu de la ecotasa de 2001. Con la inversión de su recaudación se compraron espacios naturales (como Son Real), se esponjaron zonas turísticas maduras (por ejemplo, con el derribo del hotel Ditos de Cala Major para dar acceso público a la playa) y se renaturalizó la orilla del mar (retirando, por ejemplo, un bloque de apartamentos ruinoso en primera línea de mar en Son Serra de Marina).

La recuperación en el año 2016 del impuesto turístico con destino finalista para paliar los males de esta industria hegemónica demuestra el acierto de Celestí. Pero estos últimos 10 años la recaudación del impuesto turístico no se ha dedicado a decrecer, sino a aumentar la capacidad de las infraestructuras para crecer en consumo de agua, transporte terrestre y aéreo, favorecer aún más 'un buen ambiente de negocios' y hacer campañas publicitarias.

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Los últimos años nos reencontramos con un Celestí activista, compartíamos de nuevo espacios y dialogamos con una persona cada vez más radical en el sentido de que iba a la raíz de los problemas; con la inteligencia de quien sabe que el éxito es no dejar de evolucionar.