Comienza el baile preelectoral en las Baleares: los partidos ya se posicionan para el 2027
Quedan trece meses para los comicios autonómicos y todos los partidos baleares ya están en plena marcha electoral o, en su defecto, lo estarán muy pronto.
El PSOE será el que aportará la gran novedad. Hasta hace poco más de un año todos sus jefes daban por hecho que Francina Armengol repetiría como candidata a presidenta para 'recuperar' el Govern. ¿Era una impostura o se lo creían de verdad? No lo podemos saber. Lo que sí conocemos ahora es que la inquera dio hace tiempo la orden de empezar a preparar su relevo –a reserva del visto bueno de Pedro Sánchez, porque nadie piensa en el partido si no es con el permiso del gran líder, ya no existe nada de aquello de ser ‘más PSIB que no PSOE’ de Francesc Antich– porque quiere seguir de diputada en el Congreso, tal como aseguraba la información de Nekane Domblás en Última Hora el pasado 26 de febrero. La sustituta será Rosario Sánchez, secretaria de Estado de Turismo, que tiene el típico perfil de transición futura para cuando se sabe que se perderán las elecciones.
En el PP, a pesar de la presión creciente de Vox, están seguros de que Marga Prohens repetirá en el cargo. De hecho, ella ha impuesto la gestión gubernamental a largo plazo, más allá del 2027 y del 2031. Verbigracia: los anuncios de obras de infraestructuras de futuro. El congreso del partido para el 23 de mayo, justo un año antes de las urnas, será el lanzamiento de la líder hacia el segundo mandato.
La ultraderecha no se prepara, pero es que no lo necesita, basta que lo haga su central nacional. La ultraizquierda, dos cuartos de lo mismo, a la espera de ver qué órdenes llegan de Madrid; visto lo que ha hecho en Andalucía, unirse después de dedicarse a hacer el annerot en Extremadura, Aragón y Castilla y León con el resultado que era lógico esperar, es de suponer que será forjar la enésima versión de la unidad de la izquierda del PSOE que no quieren, pero a la cual están condenados.
Y queda el autoctonismo, los dos MÉS y Pi-Coalición por Mallorca. Los menorquines harán lo que hacen siempre. Se trata de un partido insólito que tiene un target tan identificado que casi conoce con nombres y apellidos a todos sus votantes. Así me lo decía uno de los dirigentes, hace unos años, exagerando solo un poco. Y añadía que gracias a este preciso conocimiento “no hace falta que hagamos grandes campañas”. Lo prueba que gasta mucho menos de lo que recibe de la suma del dinero público y de las cuotas de cargos y militantes, y es la única formación del mundo democrático que cada año incrementa su cuenta corriente. No puede extrañar que tenga una vida tan plácida. Ahora emboca hacia las urnas contando votantes e intentando imantar a otros en suficiente número para restar los 3.900 que lo separan del PSOE, para ser segunda fuerza insular. Difícil, no imposible.
Más enredado está el autoctonismo mallorquín. MÁS quiere ganar a la ultraizquierda el espacio aparte del PSOE, al menos en las elecciones autonómicas. Para lograrlo ha arrinconado el nacionalismo como sello distintivo, más allá de la retórica soberanista obligada que a nada obliga. Un cambio inevitable debido al declive autoctonista: este sufragio ha pasado del 25% en 1983 al 15% en 2023, diez puntos porcentuales menos, una merma del 40%. Casi nada. En este contexto –cada vez más hostil– cualquiera se dedica a apostar exclusivamente o sobre todo por el nacionalismo, como era el distintivo en tiempos del PSM aunque también era progresista y decía ser ecologista. Así que el viraje que ha hecho MÉS puede gustar o no, pero ha sido la única respuesta razonable a la desaparición del nicho de fieles nacionalistas.
No obstante, los de MÉS son conscientes del peligro de imagen –y de opinión publicada– que el neo Pi le puede suponer entre los ambientes más ultras del nacionalismo que nunca han votado PSM-MÉS. Lo más lógico sería ignorarlo. Pero la debilidad psicológica tradicional les hace temer más que al demonio que los acusen de ser españoles, que es lo que intentará vender la mencionada Coalición. Así que es previsible que MÉS caliente un poco la declaratoria soberanista para tapar el flanco.
Respecto a la citada Coalición, a finales de noviembre se presentaba la nueva marca y cinco meses después continúa sin dar las señales de agitación que debería demostrar un partido a un año para las urnas, si quiere alcanzar escaños desde el casi nada. El 0,6% de intención de voto que le da la encuesta que ha encargado MÉS para el Ayuntamiento de Palma –más o menos un 2,5% en toda Mallorca–, a lo mejor es demasiado poca cosa –vale decir que el sondeo no inspira mucha confianza por el hecho de que asegura que el PP perderá una cuarta parte del voto del 2023– pero es verdad que si se compara con el trabajazo público que hacía El Pi un año antes de las urnas del 2015 –con un cabeza de lista carismático, la formación estructurada por todas partes, apoyos sociales y mediáticos…– la actual candidatura parece lejos de la buena planta electoral que hacía la de entonces.