El Descartes de Borges
En el poema, Borges se encarna en Descartes, por ello adopta la primera persona y habla como si fuera él
PalmaJorge Luis Borges dedica un poema a Descartes titulado ‘Descartes’ que está integrado en el poemario La cifra (1981), y en el cual adopta la voz poética del mismo filósofo y medita poéticamente sobre el sueño, la representación simbólica de la duda cartesiana, la duda metódica y las consecuencias metafísicas y epistemológicas, porque afecta tanto a la existencia misma y a la naturaleza de la realidad, como a la capacidad racional de conocer el mundo. En el poema también incluye versos más vitales, donde repasa de manera desordenada algunos hechos de su vida.
El poema completo dice así, según traducción propia: “Somos el único hombre que habita la tierra, y quizás no existe ni tierra ni hombre. / Quizás un dios me engaña. / Quizás un dios me ha condenado al tiempo, esta larga ilusión. / Sueño la luna y sueño mis ojos que perciben la luna. / He soñado la tarde y la mañana del primer día. / He soñado Cartago y las legiones que la asolaron. / He soñado Lucano. / He soñado la montaña del Gólgota y las cruces de Roma. / He soñado la geometría. / He soñado el punto, la línea, el plano y el volumen. / He soñado el amarillo, el azul y el rojo. / He soñado mi enfermiza infancia. / He soñado los mapas y los reinos y aquel duelo al amanecer. / He soñado el inconcebible dolor. / He soñado mi espada. / He soñado Isabel de Bohemia. / He soñado la duda y la certeza. / He soñado el ayer. / Quizás no hubo ayer, quizás no he nacido. / Quizás sueño haber soñado. / Siento un poco de frío, un poco de miedo. / Sobre el Danubio hay la noche. / Continuaré soñando Descartes y la fe de sus padres”.
Metafísica
En el poema, Borges se encarna en Descartes, por eso adopta la primera persona y habla como si fuera él. De entrada, comienza con unos versos de temática metafísica, dudando de la propia existencia y la del mundo, a causa de un dios embaucador (el genio maligno cartesiano). Quizás también este dios juegue con él y lo haya castigado con el paso del tiempo, a ser mortal. Para llegar a la primera verdad necesitará eliminar la hipótesis del dios embaucador. También introduce el problema del solipsismo, dando por buena su propia existencia, pero poniendo en duda la de los otros hombres y la del mundo mismo. Acto seguido hace una enumeración de las dudas que tiene en relación a aquello que ha percibido a través de los sentidos, como la luna y los colores; de las dudas sobre las vivencias personales vinculadas a las sensaciones de dolor, miedo y frío; menciona las dudas sobre hechos históricos, como la conquista romana de Cartago y la crucifixión de Cristo; habla de las dudas relacionadas con la geometría y el punto, la línea, el plano y el volumen.
Después de la aplicación del método, al final del proceso, Descartes descubre que el yo pensante no existe en solitario, que es una sustancia pensante que forma parte de una realidad extramental estructurada en dos sustancias más que se caracterizan, como el yo, por tener existencia independiente, y que son: la sustancia infinita, Dios; y la sustancia extensa, el mundo; y que esta sustancia extensa se define por las cualidades primarias, que son propiedades objetivas de los cuerpos; mientras que las cualidades secundarias no pertenecen a los cuerpos, sino que son el resultado de la acción de los sentidos y tienen que ver con la manera en que los percibimos. Borges se hace eco de esta distinción haciendo referencia en el poema a las cualidades primarias de la materia, que se pueden representar geométricamente, es decir, a través de puntos, líneas, planos y volúmenes; y las cualidades secundarias vinculadas a los colores (amarillo, azul y rojo).
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Borges termina la parte metafísica del poema como lo ha comenzado, poniendo una vez más en duda el tiempo y la existencia a través del sueño sobre “el día de ayer” y con el “quizás no he nacido”, al cual se añade también otra posibilidad: que “quizás sueño haber soñado”.
En el verso final, Borges nos advierte que continuará soñando con Descartes y con “la fe de sus padres”, porque es consciente de que la vida es sueño, tal como advirtieron otros autores como Calderón de la Barca en El sueño y la verdad
El poema recupera el tono metafísico cuando gira la duda hacia la duda misma, con la dificultad de distinguir el sueño de la verdad. “He soñado la duda y la certeza” –dice–, pero sin especificar de qué certeza se trata. La duda es razonable porque Descartes con su método llega a diversas certezas, la primera de las cuales es la existencia del sujeto pensante, pero también afirma otras certezas, como la existencia de Dios, el mundo y la confirmación del criterio de verdad. Lo más probable es que Borges se refiera a la primera verdad, la del cogito.
Borges acaba la parte metafísica del poema como la ha comenzado, poniendo una vez más en duda el tiempo y la existencia a través del sueño sobre “el día de ayer” y con el “quizás no he nacido”, al cual se añade también otra posibilidad: que “quizás sueño haber soñado”.
En el verso final, Borges nos advierte que continuará soñando con Descartes y con “la fe de sus padres”, porque es consciente de que la vida es sueño, tal como advirtieron otros autores como Calderón de la Barca en La vida es sueño, y Shakespeare en El sueño de una noche de verano, un sueño sin fin. Parece también que Borges acaba poniendo en duda la fe católica de los padres de Descartes, ya que la religión podría ser otro sueño, una ficción.