Donde se decide el futuro de la investigación del cáncer

Voy haciendo la maleta mientras escribo. Viajo hacia San Diego por primera vez a la reunión anual de la Asociación Americana para la Investigación del Cáncer –la AACR–, el congreso mundial más grande de investigación oncológica. Años trabajando en investigación traslacional y clínica sobre el cáncer y ¡nunca había ido! Ahora toca.La AACR nació el 7 de mayo de 1907, entre 11 médicos y científicos reunidos en el hotel Willard de Washington D. C. con una misión tan sencilla como ambiciosa: investigar y difundir el conocimiento sobre el cáncer. El primer encuentro científico se realizó unos meses después en Nueva York, donde se presentaron nueve comunicaciones en una sala pequeña. Ahora el congreso congrega a más de 22.000 participantes de 142 países, con miles de abstracts y cientos de presentaciones que abarcan desde la biología más básica hasta los ensayos clínicos más avanzados. En poco más de un siglo, la humanidad ha pasado de no tener casi ninguna herramienta para combatir el cáncer a disponer de terapias que, en algunos casos, lo curan del todo.El programa científico de este año lleva por lema ‘Precisión, asociación y propósito’. Entre las sesiones más interesantes se encuentra la conferencia inaugural de Carl June, pionero de las terapias CAR-T –de las cuales ya hemos hablado en este espacio–, que presentará avances para extender estas herramientas inmunológicas a los tumores sólidos, hasta ahora el gran reto pendiente. Los otros dos temas con más peso en esta ocasión son la revolución de la inteligencia artificial en oncología (no podía faltar) y el alarmante aumento del cáncer en adultos jóvenes, así como las innovaciones en el monitoreo de tumores residuales después del tratamiento.La IA en oncología ya no es una promesa: algoritmos como los de Regina Barzilay, del MIT, aprenden a detectar patrones en imágenes y datos clínicos con una precisión que, en algunos contextos, puede superar el ojo humano. El potencial para mejorar el diagnóstico precoz y personalizar tratamientos es enorme. Al mismo tiempo, una sesión plenaria dedicada a por qué cada vez más jóvenes desarrollan cáncer plantea preguntas incómodas sobre el entorno, la dieta y factores biológicos que todavía no acabamos de entender.Lo más apasionante de visitar congresos como este es poder escuchar de primera mano –y sentir a los mismos investigadores– los datos de los ensayos clínicos y entender la biología que hay detrás de cada tratamiento: cómo hemos llegado hasta aquí, y hacia dónde vamos. La ciencia del cáncer avanza cuando se comparte, cuando una idea nacida en un laboratorio de Boston cruza la sala y aterriza en la mente de un clínico de Tokio o de Barcelona. Y San Diego, esta semana, será el lugar donde más se compartirá del mundo.