El conejo malo
Como es obvio, lo peor no ha sido la música, sino las reacciones que ha provocado. Bad Bunny canta en castellano en la final de la Superbowl, y el nacionalismo español se ahoga con sus propias babas, todo porque esto se ha hecho frente a la carota de Trump.
El delirio de celebrar que en EEUU hay millones de personas que trabajan, viven y sueñan en español, y que América Latina es el futuro de unos EEUU que todavía quiere mantenerse anglosajones, en medio de los cuales no deja de producirse una 'batalla cultural' que cuando se traslada al territorio de España no deja nunca de asco. Porque están muy contentos de ver que una lengua de minorías es hablada y cantada (siempre horriblemente) delante de la América blanca y anglohablante, pero después ven con horror como por ejemplo otra minoría quiere hablar, crear, escribir, cantar y reivindicarse también identitariamente en catalán ante las mismas narices de un castellanismo mucho más prepotente.
O como si Bad Bunny no fuera de Puerto Rico, otro de los miembros de EEUU muy contento de estar ahí, no un estado totalmente independiente sino asociado, o una antigua colonia española, que los españoles perdieron cuando –¡qué sorpresa!– EEUU ocupó la isla en 1898. Puerto Rico es una más de las derrotas de España –también contra ahora EEUU–, también contra los EE.UU. Un triunfo cultural derivado de una inmigración que huye del proyecto fallido de una América Latina próspera, hacia el norte anglosajón o hacia España, donde es usada demográficamente para acabar de realizar la limpieza nacional española, ahora que todavía quedan lenguas y culturas no castellanas en la Península. Todo lo que representa Bad Bunny frente a Trump también lo representa ante nosotros: un tipo de música que implica la 'latinoamericanización' de nuestros territorios, como sabe cualquiera que tenga hijos que escuchen esta música en los países catalanes. Los mismos que celebran que EEUU no pueda ser ya monolingües, monoculturales y homogéneos luchan aquí para que lo sea España, eso mismo, y para que en ningún caso vuelva a serlo ninguno de los territorios donde el catalán es la lengua propia.
Al mismo tiempo, se quiere hacer creer, siempre apostando por la ignorancia y la mala fe, que el latino tiene algún tipo de recorrido en el campo del prestigio y del futuro económico: como si sólo hablando en castellano se tuviera ningún tipo de futuro en EE.UU. (más que fregar platos o hacer coladas). Bad Bunny habla un inglés perfecto, e incluso su música no es más que un rebote local de un estilo y ritmos norteamericanos; además, es un tipo de mensaje cultural, el de sus letras, machista, es decir, perfecto para la era del trumpismo.
Un fenómeno como él sólo podía aflorar en estos tiempos de decadencia y miedo. Es curioso que en 'Narcos', el cantante interprete un camello de las clases sociales altas mexicanas –lo matan de repente–, algo no muy distinto al que implica su música, en verdad.