Ceuta como herramienta de propaganda
PalmaLa propaganda política existe desde que hay estructuras organizativas y de poder. Una élite trata de persuadir a la masa para controlar la polis y, si las cosas van bien, obtener algún beneficio: prestigio, riqueza y la sensación de estar por encima de los demás. De hecho, esto es lo que significa la palabra ‘prepotencia’: la praepotentia latina no era más que la cualidad de ser superior en poder.
Pero la propaganda no ha operado siempre de la misma manera y se ha adaptado a los nuevos sistemas políticos, sociales y de comunicación. Los objetivos hoy en día van más allá del poder político, porque también se trata de controlar el marco mental de la masa, un paso con el que tiene mucho que ver el político nazi Joseph Goebbels, que ni de lejos soñó todo lo que se llegaría a hacer en la era de las redes sociales.
Da igual de qué escala hablemos. Los tentáculos de la propaganda abarcan desde los niveles más locales y microscópicos hasta la escala global, donde líderes histriónicos luchan en la arena del poder internacional. La propaganda va desde el post de tu vecino cuando comparte una noticia sobre inmigrantes hasta el último tuit de Donald Trump.
Es aquí donde se enmarca lo que pasa en Ceuta. La situación en la ciudad norteafricana ha dejado de ser una crisis humanitaria y un problema de gestión institucional para pasar a ser una ventana de oportunidad política. Nadie está dispuesto a dejar pasar la ocasión. Las llamadas a la integridad territorial de España son un ejemplo del cinismo exacerbado de la clase política. La solidaridad con el pueblo ceutí va más allá de la hipocresía. Es cinismo. Ceuta es una herramienta de propaganda.
La derecha se esfuerza en pescar votos en las aguas de la extrema derecha y trabaja con diligencia y grosería para desgastar al ejecutivo de Pedro Sánchez. Por su parte, los fascistas nunca desaprovechan una oportunidad de destruir, de quemar, de sembrar el caos.
La nefasta actuación del gobierno español en el caso de Ceuta ha sido gasolina para este fuego que ha vuelto a destapar las vergüenzas de una sociedad incapaz de percibir las tragedias humanas en su profundidad y que se animaliza al grito de “Yo soy español”. La masa ha comprado el marco mental.
Es difícil no sentir un gran estupor cuando el alcalde de Palma hace un llamamiento en las redes sociales para que la ciudadanía se concentre por Ceuta. La instrumentalización de la ciudadanía ya se hace sin disimular ni ningún tipo de pudor.