"Creo en la América!" decía el sepulturero Bonasera en Vito Corleone al inicio deEl Padrino (tanto en la novela como en la película). Sin embargo, en la escena se nos venía a decir que América, Estados Unidos, había decepcionado a ese hombre, su sistema de justicia le había dejado de lado cuando no había sabido castigar a los agresores de su hija. Por eso, ahora venía a pedir que el jefe de la familia mafiosa hiciera 'justicia', que castigara a los jóvenes violentos porque el sistema legal no había sabido hacerlo (uno de los jóvenes era de 'buena familia').
Estados Unidos era una especie de promesa de bienestar y justicia, pero para muchas personas no había 'sueño americano', y debían buscarse la vida y la justicia de otras formas. El ascenso del trumpismo también debe entenderse desde aquí, como un fracaso de ese sueño o del sistema legal y de las oportunidades para todo el mundo, si bien poner un mafioso en la Casa Blanca se haya hecho, en principio, para restaurar desde el populismo esta quimera, en la que continúan creyendo ingenuamente muchos millones de norteamericanos, a muchos millones de norteamericanos, paraíso cuestionable.
El discurso contra las élites del trumpismo no deja de ser un intento de hacer creer a la gente que, si el Sistema no da lo que promete, es porque se le han hecho suyo los burócratas y las élites intelectuales que desprecian a las clases trabajadoras. Pero Estados Unidos siempre ha tenido mala fama: la caricatura que desde siempre se ha hecho de ese país desde los postulados de la izquierda más o menos autoritaria nos ha venido a presentar EEUU como una caricatura, bien representada por un cine 'de americanadas'.
Un país de locos, sonados de la Biblia y el rifle a punto, incultos y racistas, gordos y avariciosos. Aquí en nuestra España hemos tenido la dictadura de derechas más larga del siglo XX, un país de una incultura despampanante, con penas de muerte y violencia política —que va desde las torturas franquistas hasta las palizas por querer votar un referéndum—, pero no tenemos otro trabajo que mirarnos con superioridad y condescendencia EEUU, el país con más premio.
El trumpismo es una lacra que haría daño a cualquier democracia, pero no es mucho peor que cualquier gobierno de corruptos; o sólo puede ser peor porque detrás de Trump hay un ejército enorme y la economía más potente del globo. Por suerte, nuestros trumpistas sólo invadieron Perejil, y no Groenlandia, pero mataron a decenas de personas en la frontera de Ceuta —en el Tarajal—, ante la pasividad de un progresismo que ahora se pone las manos en la cabeza por los vídeos de una policía estadounidense que también dispara a los inmigrantes oa quienes se manifiestan. Trump es una imagen grotesca que sólo sirve para excusar a nuestras propias miserias de república bananera. Si todo esto nos parece más escandaloso que nuestra poqueza es porque hay un mercado nuestro de la distracción que te hace mirar hacia EEUU para que no te fijes en el follón en nuestra casa.