Los 70 ríos baleares que solo recordamos cuando llueve
El pasado 27 de septiembre fue el Día mundial de los ríos y en las Baleares casi nadie se acordó. Quizás porque pensamos que aquí no tenemos ríos. Pero tenemos: son nuestros torrentes, que el Plan Hidrológico reconoce como masas de agua de categoría río. Son 70, de unos 550 kilómetros totales. Solo hablamos de ellos cuando llega una torrentera y el agua nos recuerda por dónde pasaba antes de que construyéramos encima. Pasada la tormenta, vuelven al olvido.
En tiempos de torrentadas, hay que recordar que los torrentes existen todo el año, no solo cuando bajan llenos. La mayoría son ríos temporales, con un régimen hidrológico natural que alterna crecidas y periodos secos, pero incluso cuando no llevan agua son ecosistemas vivos que conectan la montaña con el mar. Y no hace tanto, algunos llevaban agua todo el año. La gente mayor nos recuerda que el río de Santa Eulària no era el único. Un historiador nos explicaba cómo el torrente de la Llavanera alimentaba las Feixes todo el año, y un vecino de Deià nos recordaba hace poco cómo los veranos de su infancia se bañaba en la cala y jugaba a hacer presas en la desembocadura del torrente.
Y a menudo hablamos de ello para pedir que se limpien. Pero gestionar las riadas no es limpiar torrentes. La Confederación Hidrográfica del Júcar lo recuerda: la vegetación de ribera sujeta los márgenes, frena el agua y lamina las avenidas, y un cauce completamente limpio puede agravar los daños aguas abajo. Los daños se deben sobre todo a la ocupación de zonas inundables y a infraestructuras que reducen la capacidad de desagüe. En Baleares, del 2018 al 2025, la Dirección General de Recursos Hídricos ha adjudicado 25,7 millones de euros en obras de emergencia tras tres episodios de inundación, y solo 5 en inversión planificada en cauces, la mayoría en muros y canalizaciones. Por cada euro planificado, se han tenido que adjudicar cinco de urgencia. Debería ser al revés: invertir en ganar espacio fluvial, que reduce la fuerza del agua y los daños.
En la Alianza por el Agua hemos mirado cómo están nuestros torrentes, y no hay buenas noticias. Según nuestra revisión del nuevo Plan Hidrológico, en tramitación, siete de cada diez torrentes evaluados no están en buen estado. En el plan vigente eran algo más de la mitad. En Menorca, nueve de cada diez. En Ibiza, tres de los cuatro estudiados: el del Prat, Sant Josep y la Font. Y el tramo de río de Santa Eulària y la Llavanera no se han podido evaluar porque estaban secos.
Hay que ser prudentes, porque el nuevo diagnóstico del plan sale de un solo muestreo, y de algunos torrentes antes no se tenían datos, pero el retrato de hoy es claro: casi todos los que fallan lo hacen en la vida que vive en ellos, los invertebrados y las algas. También preocupa la contaminación química. El glifosato supera la norma en 14 torrentes: en Mallorca, la Riera, Coanegra, Hortella, Manacor, na Borges, Son Real, Son Bauló, Solleric, Pina y Búger; en Menorca, la Cova, Cala en Porter y el del Mercadal, y en Ibiza, el del Prat. Y el mercurio, en siete: en Mallorca, la Fosca, na Borges, Son Real, Son Bauló y Manacor; y en Menorca, na Bona y el del Mercadal. Los nombramos todos porque, a pesar de las normas y las recomendaciones existentes, continuamos contaminando gravemente nuestro territorio.
Y el tiempo se acaba. El plan vigente se marcaba el 2027 para que 25 torrentes llegaran al buen estado, y hoy solo cuatro lo han conseguido. El nuevo plan reconoce que 54 de los 70 torrentes tienen un riesgo alto de no lograrlo. Todo indica que volveremos a llegar a la fecha límite de la directiva europea del agua con los deberes sin hacer.
Para cambiar esta situación, proponemos tratar los torrentes como lo que son, nuestros ríos, que no podemos perder, y trabajar con la naturaleza. Esto significa conocer mejor todos los cursos de agua de las Islas, no hacer una campaña puntual en cada ciclo de planificación; también implica reducir la llegada de herbicidas, nitratos y vertidos, y restaurar la vegetación de ribera. Y lo más importante y difícil todavía: hay que recuperar los acuíferos, que alimentan las fuentes de los torrentes. Un torrente que siempre está seco es el semáforo en rojo de nuestros acuíferos, y no cambiará de color si no los recuperamos. Y sobre todo se hace urgente ganar espacio fluvial para recuperar ecosistemas y reducir la fuerza de las torrentadas. El nuevo Plan Hidrológico y el Reglamento europeo de restauración de la naturaleza son la oportunidad para hacerlo con medidas y presupuesto, pero hace falta voluntad política, hasta ahora ausente, más allá de los anuncios.
Los torrentes no son solo un problema cuando llueve. Son nuestros ríos, y merecen atención los 365 días del año.