40 años (casi) inútiles de la Ley de normalización lingüística
Este mes de abril hará 40 años que se promulgó la Ley de normalización lingüística de las Islas Baleares, hecha a semejanza de las que pocos años antes (1983) se habían aprobado en Cataluña y en Valencia (aquí denominada 'Ley de uso y enseñanza del valenciano'). Parecía un gran paso adelante para favorecer que la lengua propia de estas islas, la catalana, se convirtiera también en la lengua de uso normal en todos los ámbitos de la sociedad, después de más de dos siglos de marginación y de 40 de feroz persecución política. De hecho, la aprobación de la ley creó esta ilusión en todos los sectores sociales que estaban preocupados por esta cuestión, que esperaban que a partir de ese momento la actitud de las instituciones y de la sociedad en general respecto de la lengua cambiara. Teníamos un estatutito de autonomía que permitía realizar una acción decidida y continuada a favor de la lengua, si había voluntad, y teníamos ya la herramienta legal para hacerla. Pasados los 40 años de la ley, sin embargo, la desilusión absoluta ha sustituido la ilusión inicial: la lengua catalana no sólo no se ha normalizado nada, sino que en realidad ha empeorado en la consideración y presencia social, perdiendo proporcionalidad de uso entre la población y siendo causa de conflicto constante, no por sí misma, sino por el desprecio con que es vista por gran parte otros lugares –próximos o lejanos– y por nacidos aquí que no lo tienen como propio. ¿Qué ha pasado para que esa ley tan ilusionante haya sido tan poco efectiva?
Respecto a las instituciones, la ley expresa muchas voluntades, muchos deseos, pero muy pocas prescripciones, y las pocas que incluye pueden ser ignoradas sin punición, porque ningún artículo habla de responsabilidad jurídica si son incumplidas.
La ley hace referencia concreta sólo a las instituciones oficiales (gobierno autónomo, consejos insulares, ayuntamientos…) ya los centros de enseñanza no universitaria, porque la universidad tiene autonomía para regular su propio funcionamiento; a lo sumo, le afecta de manera general al título preliminar. En el caso de la enseñanza, redactada en un momento en que ésta no era una competencia de la comunidad autónoma, se limita a decir que dentro de los programas educativos debe enseñarse la lengua y la literatura catalanas "en armonía con los planes de estudios estatales y como mínimo igual a la [dedicación horaria] destinada al estudio de la lengua y literatura castellanas" (artículo 1). Y añade (art. 20) que el Gobierno debe garantizar que los escolares sepan correctamente catalán y castellano al terminar la escolaridad obligatoria. En ninguna parte habla de enseñanza en catalán, ni a favor ni en contra, lo que hace tan legales las escuelas que funcionan sólo en catalán –con aprendizaje de castellano, naturalmente– como las que funcionan en castellano –con teórico aprendizaje del catalán. Para impulsar la escuela en catalán, visto que la LNL no lo hacía, la Obra Cultural Balear emprendió una campaña intensa para que el Govern tomara medidas efectivas a este fin, consecuencia de la cual fue el llamado Decreto de mínimos de 1997, que el año que viene hará 30 años y sigue siendo ¡DE MÍNIMOS!
Además de no prever sanciones para los dirigentes institucionales que no la cumplan, la ley no hace ninguna prescripción sobre el uso de la lengua en la sociedad civil (rotulación comercial, presencia del catalán en el cine y en los medios de comunicación, derechos lingüísticos de los consumidores, información comercial en prospectos, carteles, respeto por lo que podían ser realmente quienes mancían realmente los que manían realmente quienes mancían realmente quienes manían realmente los que manían realmente los que manían realmente los que mantenían realmente los que manían realmente los que manían realmente los que mantenían realmente los que manían realmente los que manían realmente los que manían, los que manían realmente los que manían, de manera manifiesta, los de la lengua, en la sociedad civil, etc.). que sólo ha sucedido en casos muy concretos, de trascendencia social muy desigual (los nombres oficiales de los pueblos, los rótulos indicadores de las vías urbanas e interurbanas, y poco más). El título III de la ley (De los medios de comunicación social) y el IV (De la función normalizadora de los poderes públicos) prácticamente no se han gastado nada; algún artículo se ha cumplido un poco, de manera desigual, y otro no se ha cumplido nada, y así, con una ley más simbólica que efectiva –que en Cataluña ya cedió el paso en 1998 a la Ley de política lingüística, mucho más ambiciosa y prescriptiva–, mientras la sociedad isleña iba cambiando y pasado 40 años en los que nuestra lengua, la única propia de esta comunidad, ha ido quedando más y más arrinconada.
La LNL, es cierto que menciona unas cuantas veces el derecho de los ciudadanos de usar la lengua catalana tanto con organismos públicos como en el ámbito privado (artículos 2, 8, 10, 11, 16, 18, 22, 25…), pero más rara vez habla de obligaciones, y siempre con obligaciones. (Cierto es que los derechos generan teóricos deberes de los receptores de los derechos, pero si estos deberes no se especifican y se concretan, quedan dentro de una obligación abstracta con la que nadie se siente implicado.) En algunos artículos referidos a las instituciones se usa la perífrasis 'debe + infinitivo' que lingüísticamente se considera de obligación, pero que jurídicamente se habla de obligación, pero que jurídico la medida: "El Gobierno (…) debe regular (…) el uso normal de la lengua catalana (…) en las actividades administrativas de los órganos de su competencia", "El Gobierno (…) debe promover la normalización de la lengua catalana (…) en los registros públicos no dependientes de la comunidad autónoma", "Los consejos insulares y las corporaciones locales deben regular el uso de la.9". Frases como éstas hay muchas: "debe promover", "debe impulsar", "debe contribuir", "debe propiciar", "debe crear"… Nunca dice cuándo, ni cómo ni en qué medida, y las disposiciones legales posteriores que las hagan efectivas son escasas, e incluso lo han habido, como ha habido, minimizarlas. Y los artículos 37, 39 y 40.1 prácticamente nunca se han aplicado, y son los más importantes para conseguir la presencia social ambiental del catalán.
En definitiva, la LNL de Baleares es una ley ineficaz, con la que justo se ha conseguido, a los 40 años, que las instituciones autonómicas y locales (no las estatales) reconozcan y usen el catalán, pero no se ha conseguido que este uso sea general dentro de la sociedad de Baleares ni que los catalanohablantes, minorizado. Al contrario, cada vez más somos discriminados e insultados por personas diversas por el simple hecho de hablar en nuestra lengua. No podemos ir a un restaurante cualquiera y leer la carta en catalán, claras veces podemos ir al cine en catalán, a poquísimos establecimientos se nos informa por escrito en catalán. Hay mucha más presencia del inglés en el comercio que del catalán… Si te paseas por las calles de Palma (y no hablamos de las zonas turísticas, sobre todo Ibiza) tienes la impresión de que estás en una ciudad totalmente forastera/extranjera…
Todos los gobiernos sucesivos que ha habido después de la situación de la una época en la que todavía los catalanohablantes éramos mayoría– el de Cañellas, el que quiso hacer la ley para "quedar bien", sin intención de aplicarla más que superficialmente. Sus 12 años de gobierno fueron los más decisivos; pudo dignificar la lengua del país, pero no quiso y no hizo nada, sino que la marginó más. Después ya fue mucho más difícil por los cambios sociales, y los que vinieron detrás (con la excepción de Cristóbal Soler, y le costó el cargo) o siguieron su ejemplo (Matas y Bauzá) o hicieron tímidos intentos de cambiar la situación, sin embargo, osaron coger el toro por los cuernos; y ahora hemos vuelto a una época parecida a la de Cañellas: no hacer nada a favor de la lengua propia y dejar que muera por sí misma, con la excusa de que no hay conflicto lingüístico (según na Prohens).
Con una palabra, no hay ninguna razón para celebrar, ni siquiera conmemorar, una ley hada que ha demostrado ser simplemente una herramienta para acallar a los 'catalanistas', insuficiente para la normalización de la lengua catalana. Sólo una actuación le daría homenaje: hacer una nueva mucho más ambiciosa y efectiva. Pero sabemos que con la actual situación político-social esto es soñar truchas. Y tal día hará un año…