La sentencia que condenó a Miquel Roldán: "Estaba fuera de sí"

El docente intentó contactar con su exalumno por todos los medios y llegó a perseguirlo hasta el punto de ir al instituto donde este estudiaba

PalmaLa llegada al CEIP Son Pisà de Miquel Roldán, docente condenado por acoso a menores, ha provocado la reacción de las familias, que se niegan a llevar allí a los hijos. Lo mismo ya ocurrió a principios de curso en el CEIP Maria Antònia Salvà. Antes, el curso 2024-2025, había estado en el CEIP Gabriel Janer i Manila, donde también hubo malestar y nervios. La Conselleria no puede apartarlo de la docencia porque no está inhabilitado. Y hay un hecho a tener presente: mucha gente cree que Roldán es un acosador sexual, pero está condenado por acoso a menores, según el artículo 172 ter del Código Penal. ARA Balears ha tenido acceso a la sentencia que lo declaró culpable en el año 2024. ¿Qué hizo y por qué lo condenaron?

El Juzgado de lo Penal número 3 de Palma condenó a Miquel Roldán a un año de prisión de acuerdo con el artículo 172 del Código Penal por un delito de acoso contra un menor a quien había conocido tiempo atrás, cuando había sido su maestro. Años después, mantuvieron una relación de amistad vinculada a partidas de pádel. La magistrada considera probado que Roldán mantuvo una conducta “persistente y reiterada” para intentar continuar el contacto con el joven, a pesar de que este le había pedido expresamente que lo dejara en paz y lo había bloqueado de diversas redes sociales y aplicaciones.

Relación que se deterioró

Según la sentencia, Roldán, que había sido profesor sustituto del menor durante el curso 2016-2017, retomó el contacto a finales del 2020 a través del pádel. La relación se fue deteriorando cuando el menor comenzó a sentirse “incómodo” por comentarios y actitudes del condenado, como expresiones del tipo 'guapo' o 'guapetón' e invitaciones para quedar ambos solos. Unos comentarios que Roldán defendió que eran habituales y recíprocos, en el marco de conversaciones basadas en actitudes de broma y "vaciladas".

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A partir de septiembre del 2021, la víctima intentó cortar definitivamente el contacto. Aun así, la resolución detalla que Roldán persistió de manera reiterada: le enviaba mensajes por WhatsApp e Instagram, creaba nuevas cuentas cuando era bloqueado, lo buscaba en torneos de pádel, lo esperaba en la parada del autobús escolar e incluso se presentó en el IES Sant Marçal para intentar hablar con él, un hecho que presenciaron profesores del centro. La situación llegó a tal punto que la dirección del centro avisó a la Policía Local, que custodió al menor durante semanas a la hora de entrar y salir del centro.

La jueza argumenta que esta conducta provocó una alteración en la vida cotidiana del menor, que redujo su vida social, dejó de publicar contenido en las redes para evitar ser localizado, disminuyó la participación en torneos de pádel y necesitó el acompañamiento constante de familiares por miedo a encontrarse con el condenado. La resolución también da credibilidad a los testimonios de la familia, del profesorado y de otras personas del entorno, que describieron cambios en el menor, a quien veían “atemorizado”, “angustiado” y “visiblemente incómodo”.

También se da por probado que Roldán se presentó en la casa del padre del menor para pedir explicaciones sobre la ruptura del contacto y le dijo que, si no las recibía, “la armaré”, que “lo sentía mucho, pero que su familia sufriría mucho”.

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Respuesta anormal en un adulto

La magistrada rechaza el argumento de la defensa, que sostenía que Roldán solo buscaba “una explicación” del distanciamiento, y afirma que “excede claramente de la respuesta normal esperable de un adulto” insistir de esta manera ante un menor que había dejado claro que no quería mantener contacto con él. Además de la pena de prisión, y de acuerdo con el artículo 172 del Código Penal, la sentencia impone cuatro años de orden de alejamiento y prohibición de comunicación, además de una indemnización de 6.000 euros por los daños morales causados al menor.

Para resolver el caso, la jueza tuvo en cuenta las aportaciones de todas las partes. Así, el menor explicó que él y Roldán tuvieron una relación de amistad durante medio año, pero que empezó a “ver cosas raras, comentarios que no le parecían normales y a notar que no le gustaba la relación”. La víctima expuso que Roldán le decía guapetón o frases como “no hace falta que nos veamos para jugar a pádel, podemos quedar para otras cosas”, “No hace falta que me traigas gente, podemos quedar nosotros”, o que no hacía falta que trajera a su pareja. “Todo ello con la intención de verse en otros ámbitos fuera de pádel y con menos gente”, dice la sentencia.

El menor se dio cuenta de que no era una relación de amistad y, en un primer momento, para evitar quedar con el condenado, le ponía excusas como que le dolía el pie o la rodilla. Roldán, según se expone en la carga probatoria de la sentencia, continuó insistiendo hasta que el menor exteriorizó que no quería contacto. En relación con las palabras que incomodaron al menor, Roldán aseguró que no eran en sentido literal, un hecho que defendieron los testigos que él aportó: un amigo y su hermano. Roldán también dijo que, en un momento determinado, advirtió el cambio de comportamiento del menor, le preguntó qué pasaba y este le respondió que no pasaba nada.

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El exalumno, sin embargo, aporta más hechos para reforzar su denuncia. Según explica, un día estaba en las instalaciones de pádel y tuvo que esconderse en el coche de la madre para huir de Roldán. La progenitora relató, “de manera clara y sin fisuras”, aquel episodio: el hijo se puso “muy nervioso”, le dijo que no se ducharí­a y que le diera las llaves del coche porque le esperaría allí. Cuando la madre fue hacia el vehículo, vio cómo Roldán habí­a metido la cabeza dentro del coche e insistí­a “trece son trece” al menor.

A raíz del incidente, la madre preguntó al hijo qué pasaba y este le explicó que ya no quería relación con Roldán porque era “muy absorbente y que no se sentía cómodo”. A partir de aquel momento, “comenzó una persecución”. “Lo perseguía en el transporte escolar, iba a partidos de pádel, iba a casa del padre del menor”.

Bloqueo tras bloqueo

La sentencia considera acreditado que el docente intentó contactar de manera sucesiva con el menor, que lo fue bloqueando de las diferentes redes y le escribió un mensaje para decirle que no quería ninguna relación amistosa con él, que no contactara ni le escribiera. Después de este mensaje, Roldán insistía en quedar y la víctima lo bloqueó de WhatsApp. El docente contactó con él después por Instagram, con un nuevo bloqueo.

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Por eso Roldán llegó a crear un grupo de WhatsApp en el que incluyó a la víctima y a su padre y, posteriormente, eliminó al progenitor para quedar solo con el adolescente y volverle a decir que quería hablar, que no lo entendía “y que no podía vivir así”. El acusado dijo que llevaba meses “rayado” porque no entendía el cambio de actitud del menor.

A continuación se produjeron otros intentos de acercamiento. Uno de estos tuvo lugar el día que Roldán esperó al menor en la parada del autobús donde este solía bajar para ir a casa. Roldán dijo, “con la clara voluntad de exculparse”, que eso no era cierto porque aquel día trabajaba hasta las 15 h. El menor, sin embargo, dijo “taxativamente” que lo había visto sentado en el capó del coche y que, para evitarlo, bajó en la siguiente parada.

Los padres, al saberlo, contactaron con Roldán para pedirle reiteradamente que “dejara en paz” a su hijo. “No lo entendía, estaba fuera de sí”, dice la madre, y así lo refleja la sentencia. Roldán habría respondido que “hasta que no hablara con el menor, no pararía, que si no recibía una explicación no podía pasar página”.

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En Navidad de 2021, después de la denuncia que dio lugar al juicio por acoso, Roldán publicó un videoclip en el que aparecían imágenes del menor grabadas cuando se llevaban bien. El alumno explicó que el ya condenado había empleado las imágenes para hacer un vídeo de despedida porque el acusado desapareció “y supuestamente, se iba a quitar la vida”. En el vídeo simulaba que se tiraba a las vías del tren. El menor dijo que fue la peor Navidad de su vida. “Tenía mucho miedo y angustia por si podía 'ir a por él'”. Además, a raíz de la canción se conocieron públicamente los hechos que habían pasado, que hasta ese momento se habían intentado mantener en la discreción.