Las madres asumen prácticamente en solitario la educación sexual de los hijos
Un estudio de la UIB revela que hablar abiertamente con la madre mejora la seguridad sexual y reduce mitos entre los jóvenes
PalmaUn estudio elaborado por investigadoras del Instituto de Investigación e Innovación Educativa (IRIE-UIB) de la UIB, con una muestra de 457 estudiantes universitarios, apunta que la comunicación abierta con la madre tiene un impacto directo en la manera como los jóvenes viven su sexualidad. Según las conclusiones, cuando este diálogo es fluido y sincero, aumenta la sensación de autoeficacia sexual. Es decir, la capacidad de tomar decisiones, poner límites y actuar con seguridad y autonomía. También se reduce la presencia de mitos y creencias erróneas sobre la sexualidad.
La investigación también pone el foco en una realidad menos visible: la transmisión de la educación afectivosexual dentro de la familia recae, de manera mayoritaria y casi automática, sobre las madres. Esta responsabilidad se añade a un conjunto de tareas de cuidado y acompañamiento emocional que históricamente han sido asumidas por las mujeres dentro del ámbito doméstico.
Las madres, principales referentes en educación sexual
Tanto los jóvenes como las jóvenes declaran hablar mucho más de sexualidad con la madre que con el padre. De hecho, las mujeres jóvenes son las que establecen una comunicación más frecuente y abierta con sus madres. Este patrón evidencia, según el estudio, una clara feminización de la tarea de acompañar, escuchar y orientar en materia sexual dentro de la familia.
Los datos muestran una relación clara entre la calidad de esta comunicación y el bienestar sexual de los jóvenes. Aquellos que mantienen conversaciones más abiertas con sus madres tienden a sentirse más seguros a la hora de gestionar relaciones, expresar deseos o tomar decisiones. También presentan menos creencias erróneas sobre anticoncepción, infecciones de transmisión sexual, masturbación o roles de género. En cambio, la comunicación con el padre no muestra una relación significativa con estos indicadores: ni mejora la autoeficacia sexual ni reduce los mitos ni favorece creencias más saludables.
El estudio también destaca un efecto en cadena: hablar abiertamente con la madre no solo aporta información, sino que incrementa la confianza, y esta confianza ayuda a desmontar creencias erróneas y a construir una sexualidad más informada y autónoma. Las investigadoras subrayan que el contenido de las conversaciones es tan importante como la manera en que se producen. Los mensajes basados en el miedo, el control o la vergüenza pueden tener efectos contraproducentes. En cambio, un diálogo respetuoso, cercano y sin juicios favorece una relación más sana con la sexualidad.
Diferencias por géneros
Aunque tanto niños como niñas se benefician de este tipo de comunicación, el efecto es más intenso en ellas. En el caso de las jóvenes, se detecta con más claridad la cadena completa: diálogo abierto, más seguridad personal, creencias más informadas y menos mitos sexuales. En ellos esta relación también existe, pero de manera menos marcada.
Más allá de los beneficios, el estudio advierte de un desequilibrio estructural. La responsabilidad de abordar la educación afectivosexual continúa recayendo mayoritariamente en las madres, sumándose a otras funciones de cuidado y sostenimiento emocional que a menudo no son reconocidas ni compartidas. Este hecho, según las autoras, pone de relieve una sobrecarga invisible que todavía persiste dentro de las familias y que contribuye a mantener desigualdades de género en el ámbito doméstico.
Las investigadoras apuntan a que el reto no es solo fomentar que se hable más de sexualidad en casa, sino también repartir esta responsabilidad. Si los padres continúan ocupando un papel secundario, se consolida una división desigual del trabajo educativo. En palabras de la doctora Victoria Quesada, coautora del estudio, “si queremos que la educación sexual sea realmente integral y justa, no basta con pedir a las familias que hablen más y de una manera más abierta. Es necesario asegurar que esta responsabilidad se comparta, se acompañe y se reconozca socialmente. Porque si queremos una juventud más libre, informada e igualitaria, también necesitamos hogares más corresponsables e igualitarios”.