Las torres del Templo cambian la guerra por la cultura

El Ayuntamiento de Palma prevé abrir al público la también conocida como Almudaina de Gumara en 2027, veinte años después de haber comprado el edificio

20/08/2026 - 21:09 h.

PalmaSon dos torres, como el título de la novela de Tolkien de la trilogía El señor de los anillos: una de islámica; la otra, ya de después de la conquista. Dos torres, con un cuerpo central añadido en el siglo XIX. Se conocen como torres del Temple o Almudaina de Gumara. Su origen es, por supuesto, defensivo. Pero Gumara ya no combatirá más: el Ayuntamiento de Palma tiene previsto abrirlas al público para que sean un espacio museístico. Lo hará, aseguran los responsables, una vez culminadas las obras de rehabilitación, en 2027, veinte años después de haber adquirido el edificio.

Las torres constituyen la fachada del Temple: un recinto más amplio que incluye la antigua capilla, uno de los poquísimos ejemplos del arte románico que hay en Mallorca. El aspecto imponente de su exterior contrasta con unos interiores estrechos y de dimensiones relativamente reducidas: son 613 metros cuadrados, unas dimensiones de lujo para una vivienda, pero quizás modestas para un equipamiento cultural.

Han sido cinco años de intervención, desde que, en febrero de 2021, el Ayuntamiento de Palma aprobó el proyecto ejecutivo: la previsión era que se acabara en 2023. Pero las obras se sabe cuándo empiezan y no cuándo finalizan. Y más en un espacio como este, donde es difícil saber qué se encontrará y en qué estado de conservación estará. La rehabilitación se ha hecho a partir de un proyecto del arquitecto ibicenco Elies Torres, con dirección de obras del estudio Boix y ejecución de la empresa Rigel Over, con un gasto de dos millones de euros.

Según avanza a ARABalears Pilar Ribal, directora general de Patrimonio e Interpretación de la Ciudad, el Ayuntamiento quiere licitar dentro del último trimestre de este año el proyecto museístico de las Torres. La previsión es que pueda entrar en funcionamiento a final de la presente legislatura, el año que viene.

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Una rehabilitación polémica

El recorrido para el público de las torres de Gumara se hará, en el futuro, desde el acceso de la segunda planta: se debe cruzar la apertura entre las dos torres y acceder a la zona ajardinada del interior del recinto. Por lo tanto, se llevará a cabo de arriba abajo, visitando sucesivamente los dos pisos destinados a espacio museístico y saliendo por los pies de la torre islámica, la de la derecha de la fortificación.

Una escalera, que se ha tratado de ajustar al máximo a la estructura originaria, hace de nexo de comunicación a todo el conjunto; si bien, de acuerdo con la actual normativa de accesibilidad, se ha instalado el correspondiente ascensor. En el entresuelo, se han habilitado unos baños para los visitantes. La base de la torre cristiana es el espacio destinado a oficinas.

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Como explica Victòria Pons, arquitecta y jefa del Servicio de Proyectos Estratégicos del Ayuntamiento de Palma, el objetivo ha sido dejar unos espacios “muy neutros y discretos”, para que sea la futura instalación museística la que hable a los visitantes del pasado de Gumara. Se han utilizado “materiales crudos”, marés y madera. Y también se ha reaprovechado todo lo que ha sido posible, como el material de las vigas originales. Se ha intentado mantener al máximo todo lo que formaba parte de la edificación medieval.

En la planta segunda, con un soberbio arco gótico situado en la zona donde en el pasado había el cuerpo de guardia, se han encontrado dibujos antiguos, que han sido restaurados. El recorrido no incluirá la terraza de la Almudaina, ya que el ascensor no llega a ella y, por lo tanto, su accesibilidad no es plena.

“Esto era un palomar, estaba lleno de palomas, estaba en muy mal estado”, señala Pons sobre cómo se encontraban las torres en el momento en que se inició la intervención. Se ha hecho, según asegura, “una intervención de cirugía de la máxima precisión”, para respetar el espacio original y, al mismo tiempo, consolidar la estructura, lo que ha supuesto actuar con mucho cuidado.

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“Todo han sido problemas”, concluye. También con los vecinos, los cuales han expresado su incomodidad por los ruidos y las molestias que les han generado las obras de rehabilitación. Ahora, en cambio, según la técnica, se muestran satisfechos con el nuevo aspecto que presentan las torres de Gumara.

Pilar Ribal subraya que “respetar los elementos originales en la medida de lo posible” de esta vieja fortificación ha sido una de las prioridades de la intervención. “Había sido muy modificada” con las sucesivas reformas y añadidos. “Ha sido un proceso muy laborioso”.

Desde un primer momento, esta rehabilitación ha sido polémica. El proyecto original de Elies Torres, que ha servido de punto de partida a la presente intervención, fue rechazado por la Comisión de Patrimonio del Consell de Mallorca. ¿El motivo? Que se proponía recuperar la construcción islámica tal como debió ser en su origen, en el siglo XII, y esto suponía eliminar todo lo que se había añadido posteriormente. Y la Comisión de Patrimonio consideraba que estos elementos también formaban parte del pasado del edificio, aunque no fueran tan antiguos y, por lo tanto, debían mantenerse. La Associació per a la Revitalització dels Centres Antics (ARCA) apostó también por rebajar el nivel de las torres, en la línea de lo planteado por el arquitecto.

Las torres del Temple, tal como explica el cronista de la ciudad, Bartomeu Bestard, fueron objeto de una profunda remodelación a finales del siglo XIX: se añadió el cuerpo central entre las dos torres y se subió la altura de cada una, con el objetivo de ganar más espacio, para poder destinarlas a viviendas. Los bombardeos de la Guerra Civil también afectaron al conjunto, pero, básicamente, al añadido central. El empresario Fernando Palazuelo fue propietario de las torres del Temple, hasta que en 2007 el adquirió el Ayuntamiento, a través de una permuta.

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Devolver a la Almudaina de Gumara el aspecto medieval que supuestamente tuvo en el pasado, eliminando el cuerpo central y rebajando la altura de las torres no solo no habría sido posible por un problema de sustentación, que es lo que se han encontrado los restauradores, sino que no encaja con los criterios contemporámiicos de restauración del patrimonio histórico. Estos determinan que el observador pueda distinguir entre los elementos originales y los añadidos, pero sin reconstruir aquello que ya no existe.

Derribar el espacio central entre las torres que fue añadido posteriormente habría hecho, pura y simplemente, que “las torres hubieran caído”, puntualiza Victòria Pons. También se ha dejado la materia añadida a los merlones, en la terraza de la edificación, si bien pueden observarse en dos colores bien diferenciados, lo que permite detectar a primera vista cuáles son las piezas más antiguas.

Un museo de la ciudad en red

El futuro espacio museístico del Temple, según Pilar Ribal, forma parte de un proyecto mucho más amplio: constituir un “museo de la ciudad en red”, entre un conjunto de edificaciones que hagan posible una interpretación de la historia de Palma y de sus sucesivas etapas y temáticas. Actualmente, esta función de museo de la historia de Palma la cumple el castillo de Bellver.

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En el caso de las torres de Gumara, los contenidos que se han abordado para el proyecto museístico son: una introducción a la época medieval; las funciones defensivas que cumplía la edificación originaria, sobre todo a raíz de la invasión de pisanos y catalanes; la etapa histórica correspondiente a Madina Mayurqa, es decir, la Palma islámica; y las que hacen referencia a su trayectoria bajo la orden del Temple y, a continuación, de los caballeros de Malta, dos hermanos mallorquines de los cuales, Rafel y Nicolau de Cotoner, fueron dos de los grandes maestres.

La red de este conjunto museístico itinerante, avanza Ribal, la conformarían también los sótanos de la plaza Mayor, cuando ya remodelados se convierta en centro de interpretación de la ciudad; el Centro Maimó Ben Faraig, en la calle de la Almudaina, dedicado a la cultura judía; y Can Serra, que se quiere convertir en el futuro en un centro de interpretación de la familia medieval en el período cristiano. Asimismo, desvela, formarían parte de este recorrido, aunque no sean equipamientos municipales, el Museo de Mallorca, en cuanto a la prehistoria, y este mismo espacio y el Museo de Arte Sacro, antes Museo Diocesano, en cuanto al período gótico.

El Ayuntamiento de Palma planea, asimismo, organizar una cuarentena de rutas temáticas por el pasado de la Ciudad, que se puedan descargar, además de publicaciones, que completen el conjunto de recursos disponibles. Se trata, puntualiza Ribal, de un plan “a medio y largo plazo”. “De momento, la joya” de todo este proyecto son las torres del Temple, ya recuperadas.

Un nombre que viene de inmigrantes del norte de África

¿Qué significa esto de Gumara de las torres del Temple de Palma? Se trata de una tribu bereber, del norte de África, cuyos miembros se desplazaron a Mallorca. Así, uno de los elementos patrimoniales más destacados de Ciudad lleva el nombre de unos migrantes magrebíes.La Almudaina de Gumara fue una de las fortificaciones construidas por el gobierno islámico mallorquín a raíz de aquella amarga experiencia que fue la expedición de los pisanos y los catalanes de 1114. Después de la conquista de 1229, formó parte de las amplias posesiones que Jaime I cedió a la orden del Temple, de monjes guerreros, con los cuales, por cierto, se había educado. De ahí su denominación desde entonces.Al ser procesados y disueltos los caballeros templarios por iniciativa del monarca francés Felipe 'el Hermoso' –nieto de Jaime I–, que ambicionaba sus bienes, el rey de Mallorca Sancho I traspasó su fortaleza, “a cambio de un buen pellizco” –según el historiador Joan Carles Sastre–, a la orden del Hospital, también conocidos sus miembros como caballeros de Malta: estos sí que han llegado hasta la actualidad.El Temple o Almudaina de Gumara fue la primera sede de la infausta Santa Inquisición cuando se estableció en Mallorca, en 1488, mucho antes de que se trasladara a la desaparecida Casa Negra, en la actual plaza Mayor. Según Bartomeu Bestard, en el siglo XVIII se usó como cuartel, en 1811 lo confiscó el Estado, como tantas otras propiedades de origen eclesiástico, y a partir de 1820 pasó a manos de particulares. Según Gaspar Valero, en este recinto se llevaba a cabo la bendición del pan en la fiesta tradicional del Pancaritat, y los jurados –equivalente a los concejales actuales– repartían este alimento a los hospitales y a los pobres.El futuro espacio museístico se usó como viviendas a lo largo del siglo pasado. De este espacio tomó el nombre el Trío Temple, integrado por la violonchelista Miriam Rader, el violinista Roberto Moragón y la pianista Maria Jesús Salvà.