Artes

Retrato (de cinco artistas) de una generación salvada por el cinismo

Cinco artistas que se acercan a la treintena manifiestan que con su obra ya no esperan cambiar el mundo, sino sobrevivirlo: "Reímos en colectivo de nuestra derrota general"

30/07/2026 - 21:22 h.

Palma“Creo que puedo ser la voz de mi generación… O al menos una voz de una generación” es la frase más icónica del personaje de Hannah Horvath en Girls, la serie escrita y protagonizada por Lena Dunham y que ya es uno de los mejores relatos generacionales de principios del siglo XXI. En el caso de Mallorca, en plena década de los 2020, todo un coro de artistas jóvenes ponen voz a su generación. Anna Picornell, Miquel Mas, Lluïsa Febrer, Josep Alorda y Mariona Jaume son cinco de ellos. Con la música, el teatro, el dibujo, el cine y la danza, respectivamente, capturan su Zeitgeist (el espíritu de una época, en alemán). El momento que les ha tocado vivir –como a Hannah– les otorga esa dosis justa de entusiasmo, marcada por un realismo que no llega a ser pesimista, y una necesidad de definirse marcada por las redes sociales.

Sus creaciones fosilizan el sentir de una juventud cínica y llena de contradicciones, que los convierten en una cápsula del tiempo. Han quedado atrás el miedo al fracaso y la idealización del arte como herramienta para cambiar el mundo de las generaciones pasadas. Impera un realismo ácido, que les afila aún más la mirada y los empuja a crear desde la crítica, pero huyendo de la denuncia explícita. Hacen arte a partir de lo que les atraviesa: la falacia de las oportunidades, el exceso de mirada externa, la pérdida de identidad de sus territorios y la imposibilidad de tener un proyecto de vida.

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Demasiado tarde para ser una 'popstar'

Anna Picornell (Palma, 1996)

El primer EP de Anna Picornell está a punto de salir bajo el título Too late to be a popstar, porque para ella “no hay ninguna temática más importante que la sensación de que ya es demasiado tarde para nosotros”. “En mi caso, para ser una popstar, pero también para comprarnos un piso, tener hijos o una pareja”, puntualiza. Aun así, su música demuestra un cambio de paradigma muy generacional: “Me da cringe hablar de amor hacia un hombre heterosexual”, reconoce. Picornell reflexiona sobre la figura de la estrella del pop y su feminización: “Parece que si a los 25 años no lo has conseguido, ya está”. La realidad de la industria es otro de los temas que atraviesa su discurso, con el que recuerda que “solo un porcentaje muy pequeño de artistas vive únicamente de su proyecto”. “Tengo la sensación de que hay quienes se avergüenzan de decir que cantan en bodas, hoteles o dan clases. Me parece, incluso, clasista”, explica.

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La sociedad escaparate

Miquel Mas (La Casa Blanca, 1996)

En una década, Miquel Mas ha pasado de crear su compañía de teatro en Mallorca, Ovnipresents, a dirigir una obra para la 50ª temporada del Teatre Lliure de Barcelona. A lo largo de esta parábola –con obras como Souvenir, Burpees y, ahora, Bachata– siempre ha intentado lo mismo: “Parto de algo que me pasa a mí y que me genera dudas. Desde el chat fishing de Les Penes del Jove Wether y la happycracia de Càndid o el optimismo hasta la condena del turismo en Souvenir, mis obras tratan la sociedad escaparate pasada por el filtro del capitalismo. Pienso mucho qué imagen proyectamos y cuál es la real”. “Esto nos genera una insatisfacción crónica”, añade. Los personajes de Mas rozan la mediocridad –a través del humor– porque son un reflejo de su generación. “Nos caracteriza este espíritu de meme y el cinismo de saber que no cambiaremos el mundo, pero que nos lo pasaremos bien. Reímos en colectivo de nuestra derrota general”, concluye.

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La isla que éramos y la que queremos ser

Lluïsa Febrer (Sant Joan, 1995)

“Hace un año que salí de las redes sociales y ha sido un suicidio como creadora. Todos mis encargos han caído”, señala Lluïsa Febrer, quien se cuestiona la capacidad de vivir del arte. “Dibujar es de las pocas cosas que me hacían sentir libre. Por eso, he decidido hacerme asalariada y, cuando tengo tiempo y ganas, dibujo”, explica. Junto con esto, se ha propuesto recuperar la tradición oral de contar historias: “Me gustan mucho las rondallas, pero están desfasadas. Con los cuentacuentos quiero hablar de las cosas que nos atraviesan”. Su mentalidad es un reflejo de la obra que hace, donde contrapone imágenes de rabia y escenas de un futuro luminoso, inspiradas en su contexto. “Mi generación hace de puente entre la Mallorca que nos han contado, la que hemos heredado y la que queremos que sea”, apunta.

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El mito del paraíso

Josep Alorda (Sencelles, 1997)

Josep Alorda es cineasta, pero admite que en un momento se planteó ser creador de contenido. “Siempre he buscado explicar la realidad que tenemos. Me da rabia que la gente piense que esto es el paraíso”. Su trabajo se desarrolla paralelamente en las redes y en la pantalla grande: “Grabar en l’Acampallengua y que el GOB me elija para hacer vídeos de las manifestaciones tan importante como hacer una película”. Guaret fue su primera obra, representativa de este espíritu: “Me interesaba Damià Huguet por su figura. Fue el primero en manifestarse por El Trenc, hacía Juegos Florales para jóvenes y creó la editorial Guaret”. Después de profundizar en la realidad del sector agrario en Els dos pous, ya prepara su próximo proyecto, Mallorcaland, con el que documenta “todos los desastres que pasan en un día en Mallorca desde la visión de un turista”.

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La necesidad de ternura

Mariona Jaume (Sineu, 1998)

Nus es el último proyecto de la bailarina Mariona Jaume, una pieza con una ternura inevitablemente política. Cocreado con Maya Triay, este proyecto nace de la necesidad de cuidarse y “de un abrazo curativo”. El contacto de los cuerpos es el protagonista de esta obra que “te aleja de todo lo que está pasando en el mundo, y te lleva a un universo paralelo, donde el cuerpo te acepta así como es”. Nus toma el testigo de S’Albufera, una coreografía donde también se hace patente esta necesidad de acercarse a la naturaleza y “alejarse de todo lo urbanizable”.u