¿Pasó Odiseo por las Baleares?

Son numerosos los vínculos entre el Archipiélago y el relato de Homero que la película de Christopher Nolan ha vuelto a poner de actualidad

15/08/2026 - 17:24 h.

Palma“Háblame, oh, musa, de aquel de las mil caras, que hizo mil viajes...”. Nadie habría pensado jamás que la Odisea, un clásico de hace 2.700 años, desatara encendidas polémicas en las redes sociales, como lo está haciendo, por obra y gracia de la reciente adaptación cinematográfica de Christopher Nolan. Para los isleños, todavía hay otro motivo de interés en la historia de Homero: si su héroe, Odiseo –o Ulises–, pasó por alguna de las Baleares, a lo largo de su decenio de travesías por todo el Mediterráneo, después de la guerra de Troya –diez años más–, para regresar a su isla de origen, Ítaca. ¿Quizás lo hizo?

De la película de Nolan dicen que una de las escenas más impactantes –y son casi tres horas– es la de la isla de los lestrigones. En cualquier traducción contemporánea al castellano del poema, el lector puede comprobar que ocupa apenas dos páginas. Los lestrigones eran unos gigantes antropófagos, con muy mala leche, que no solo capturaron a unos cuantos compañeros de Odiseo como plato principal para la cena, sino que al resto les lanzaron unas enormes piedras que destruyeron unos cuantos barcos. Por supuesto, huyeron a toda prisa.

Homero describe el puerto de los lestrigones como “magnífico, rodeado por ambos lados de acantilados”, con un paso estrecho para los barcos. “No deja de ser sugerente”, admite el historiador Miquel Àngel Casasnovas, identificarlo con uno de los puertos del Archipiélago. Por la descripción, probablemente sería el de Mahón el que más se ajustaría a la descripción.

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Pero no se vayan, que todavía hay más. De acuerdo con el mapa trazado por Simeon Netchev, de la World History Encyclopedia –siguiendo a Peter Struck, de la Universidad de Pensilvania, la isla de Eea donde la hechicera Circe convirtió a los compañeros de Odiseo en cerdos –con perdón–, se corresponde con Mallorca. Según Vilaweb, el mapa elaborado por Gisèle Mounzer siguiendo el relato homérico coincide en situar la isla de Circe en Mallorca, mientras que Ogigia, el país de Calipso, la ninfa que se enamoró de Odiseo y le ofreció la inmortalidad –que él rechazó porque añoraba su hogar–, sería nada más y nada menos que Ibiza. Para rematar, hay una pequeña isla en el término municipal de la actual Ítaca, en Grecia, que se llama Drakonera. Sí, con k. El mallorquín de adopción Luis Salvador de Austria dedicó a Ítaca dos libros, uno que era sobre el verano y otro, sobre el invierno.

¿Descendientes de combatientes de Troya?

Estos vínculos del Archipiélago con las narraciones homéricas vienen de antiguo. Afirman autores clásicos como Escolio Licófron, Estrabón y Apolodoro que los primeros isleños eran descendientes de antiguos combatientes griegos de la guerra de Troya, de la cual regresaba Odiseo hacia Ítaca. Troya es también una nube con aspecto de ciudad fantasmagórica que de vez en cuando aparece y que dicen que se ve desde Felanitx y desde Artà.

Resultan sorprendentes las coincidencias entre algunas de las tradicionales narraciones mallorquinas recogidas por Antoni Maria Alcover y algunos de los episodios de la narración homérica, como ha puesto de manifiesto Antònia Soler i Nicolau. Así, por ejemplo, el encuentro de Odiseo con Nausica, hija de rey, que va a lavar la ropa a la orilla del mar con las amigas, recuerda a las princesas que hacen exactamente lo mismo en El Castell d’iràs i no tornaràs.

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La peligrosa Circe, que ejerce sus encantamientos sobre los hombres que llegan a su isla –¿Mallorca?–, recuerda muchísimo a la protagonista de Els tres patrons, ‘la reina d’Ongria’, y no deja de ser curioso, por cierto, que fuera húngara la mujer de Jaime I y madre de Jaime II de Mallorca. La hechicera de Es set ceros convierte a los hombres no en cerdos, como Circe, sino en ciervos. El hermano ingenioso de S’abre de música, sa font d’or i s’aucell qui parla usa no cera, como los compañeros de Odiseo con las sirenas, pero sí algodón, para no oír una voz de efectos maléficos.

Por descontado, los gigantes antropófagos (“huelo a carne humana, ya comeremos esta semana...”) recuerdan poderosamente al cíclope Polifemo, que también se comió a unos cuantos compañeros de Odiseo. Y como él, a pesar de su fuerza, resultan vencidos por personajes que, como Odiseo, usan el ingenio, caso de Un geperut i un gegant y En Juanet i es gegant. Ya en el ámbito ibicenco, son dos hermanos espabilados los que engañan al temible gigante del Vedrà.

Los lazos con las Baleares no acaban aquí. Sísifo, a quien se atribuye ser el padre de Odiseo, fue adoptado como símbolo del absurdo del hombre contemporáneo por el premio Nobel de literatura Albert Camus, de origen menorquín, que también se refirió a la “sencilla grandeza” de Odiseo, al elegir el regreso a Ítaca y no la inmortalidad que le ofrecía Calipso. En Sant Lluís, la villa natal de la abuela de Camus, se encontró una pequeña figura de bronce, “un personaje masculino sentado con la cabeza apoyada en una mano” y que, según recoge Joan C. de Nicolás Mascaró, “ya hace muchas décadas fue interpretada como la representación del héroe mitológico Ulises en actitud pensativa”. Lo llaman así, Ulisses pensatiu.

Homer en las cuevas de Artà

¿Al fin y al cabo, estuvo Odiseo en las Islas Baleares? Depende. Si damos por bueno que quien interpreta a Odiseo es Odiseo. Kirk Douglas encarnó al héroe homérico en Ulises, película de 1954, de Mario Camerini y Mario Bava. Y, por supuesto, estuvo en Mallorca, al menos dos veces: cenando en el mítico restaurante El Patio en Palma y, muchos años después, en 1994, visitando a su hijo Michael en s'Estaca.

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Quien sí que habría estado en persona en Mallorca habría sido Homero, según Miquel Costa i Llobera en La herencia del genio griego (Fantasía de las cuevas de Artà). En este clásico de la poesía mallorquina, que ya ha pasado a formar parte del legendario isleño, el joven Homero –que aún no se llama así, sino Melesígenes– cae en manos de unos feroces talayóticos, que lo quieren sacrificar a los dioses. La sacerdotisa Nuredduna, cautivada por su talento poético, le salva la vida, pero muere a manos de los suyos.

El propio Homero, en el relato de Costa i Llobera, expresa cómo la belleza de Mallorca le recuerda mucho a su Grecia, con referencias explícitas a La Odisea: las olas se parecen a aquellas por donde transitan las sirenas; los campos, a la isla de Calipso... Claro que la alusión a los habitantes, dado que están a punto de sacrificarlo, no resulta tan amable: les dice “tribu de cíclopes engendrada”.

Como recoge Maria Rosa Llabrés, la historia de Odiseo, la guerra de Troya y su largo viaje de regreso a Ítaca han seguido inspirando a los autores de las Islas hasta nuestros días. Llorenç Villalonga escribió la pieza teatral Aquiles o lo imposible, donde aparece un Odiseo “ateo y relativista”. Llorenç Moyà, fascinado por el mundo clásico, es autor de los poemarios En vano te abren surcos las naves, Ulises... y Polifemo, puesto en escena por la compañía mallorquina Taula Rodona; un Ulises para teatro de títeres; y la tragedia El regreso de Ulises, con una Penélope desengañada del idealizado marido ausente. Robert Graves, un apasionado de los mitos griegos, forjó una hipótesis aún más sorprendente: que fue una mujer (La hija de Homero) la verdadera autora de la Odisea.

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En la novela Ulises en alta mar, Baltasar Porcel actualizó el mito de Odiseo. La compañía mallorquina Teatre de la Sargantana ha producido la Odisea de Ulises Centelles, con dramaturgia de Pere Fullana y Carme Planells, en la que un descendiente del héroe griego recupera la historia clásica en nuestros tiempos, en un Mediterráneo con nuevos conflictos: saturación turística, contaminación, migración y sobreexplotación económica. Carlos Garrido ha transformado el relato homérico en un monólogo: Yo, Odiseo, protagonizado por Rodo Gener. Garrido mismo hará otro monólogo homérico, El secreto de la Odisea, el día 22 a las 22h en el cine Rívoli de Palma.

Miquel Rayó, en El bastón de Homero, continúa la Odisea donde la dejó Homero: Ulises –el nombre de Odiseo latinizado– es el hijo de Telémaco y nieto de Odiseo, a quien, ya muy mayor, se le va la cabeza. El perro de Ulises se llama Argos, como el perro de Odiseo, que lo reconoció al volver a Ítaca; Polifemo es un salinero con malas pulgas; y otros personajes se llaman Circe, Calipso y Nausica. El propio Homero les hace una visita.

Por si todo esto no fuera suficiente, probablemente la persona que más sabe de la Odisea en todo el Estado es un mallorquín: Carlos Garcia Gual, catedrático de Filología Griega y miembro de la Real Academia Española. Este año se ha publicado una nueva edición de su traducción al castellano del poema de Homero y es autor de estudios relacionados, como La deriva de los héroes en la literatura griega o Sirenas. Seducciones y metamorfosis.

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En definitiva: cada generación hace suya la Odisea, ahora de la mano del cine, en una nueva versión que ha generado tantos elogios encendidos como críticas furibundas, por la supuesta infidelidad respecto del texto original. ¿Preguntan si Odiseo pasó por las Baleares? Con diez años dando vueltas por el Mediterráneo, de isla en isla, quizá lo extraño habría sido que no hubiera pasado por allí.

El síndrome de Ulises y las Penélopes de Formentera

Odiseo y Penélope, la mujer que esperó veinte años su regreso, han dado nombre a sendas afecciones relacionadas con la migración, este fenómeno del que tanto se habla ahora, como si no lo hubieran hecho los humanos toda la vida. Antoni Janer Torrens hace referencia al complejo de Penélope, el de “aquellas mujeres que esperan casarse con el amor de su vida después de que este pase una temporada larga en el extranjero por motivos laborales”, una espera que a veces “se alarga más de la cuenta y acaba con un adiós definitivo”. También al síndrome de Ulises, “la sensación de estrés límite que sienten algunos inmigrantes en el país de acogida”, por sus dificultades y conflictos.Probablemente aún no se decían así, pero a buen seguro los isleños que hubieron de emigrar a lo largo de decenios debieron pasar por cosas parecidas. Sólo de Formentera, hacia 1900, el 25% de la población partió hacia América, según Jaume Verdera. La gran mayoría eran hombres, así que fue conocida como “la isla de las mujeres”, por aquellas que esperaban, tal como Penélope, el retorno de sus hombres o prometidos.Benet Albertí registra cómo algunas mujeres de las Islas, como la reina de Ítaca, pasaron largos años sin saber nada de sus hombres emigrados. Este es el caso de Maria Serra, que no tenía noticias del suyo desde hacía seis años; Margarita Tous hacía diez años que no sabía nada de él; y Antònia Colom desconocía a qué lugar de América había ido a parar su marido.

Información elaborada a partir de textos de Miquel Àngel Casasnovas, Carlos Garrido, Antònia Soler i Nicolau, Maria Rosa Llabrés, Antoni Janer Torrens, Miquel Àngel Llauger, Maria Antònia Perelló Femenia, Joan C. de Nicolás Mascaró, Matías Vallés, Benet Albertí i Jaume Verdera.