Los nombres no siempre son cosas
Algunos sustantivos pueden expresar procesos, tener participantes, situarse en el tiempo e incluso indicar que una acción se repite. Ahora bien, no todos los nombres que parecen de acción se comportan igual
PalmaSeguramente todo el mundo ha dicho o ha oído alguna vez una frase como esta: “La construcción del edificio duró dos años”. Si nos fijamos, esta frase tiene una cosa curiosa: hay un nombre, ‘construcción’ que hace una cosa que, de entrada, no esperaríamos de un nombre: tiene una duración. Podemos decir cuánto tiempo duró la construcción, podemos decir que fue rápida o lenta e incluso que fue constante. En cambio, si decimos que “la construcción que hay al final de la calle es nueva”, ya no hablamos del proceso de construir, sino del resultado: el edificio que se ha construido. La palabra es exactamente la misma, pero lo que designa es muy diferente.
Función dentro de la oración
Esto es interesante porque solemos imaginar los nombres como una categoría bastante fácil de identificar y de definir. Ciertamente, son fáciles de identificar: todo el mundo que haya pasado por la escuela sabe que ‘silla’, ‘edificio’, ‘tren’, ‘profesor’ son nombres y que, en cambio, ‘construir’, ‘llegar’, ‘visitar’ son verbos. La definición, sin embargo, ya es más compleja. En general, diríamos que los primeros designan personas, objetos o entidades y los segundos, acciones, procesos o estados. No obstante, cuando empezamos a mirar de cerca qué hacen los sustantivos dentro de las frases, esta separación tan cómoda se desdibuja un poco.
La lingüística habla de ‘nombres eventivos’ para referirse a los sustantivos que pueden denotar estados, actividades, procesos o acontecimientos y que, además, pueden seleccionar a los participantes que intervienen en aquello que designan. El término ‘eventivo’ puede resultar un poco extraño, sobre todo porque ‘event’ no es una palabra castellana pero es la denominación que se utiliza en este ámbito para referirse a lo que en inglés se denomina ‘eventive noun’. Más allá del término, sin embargo, lo que interesa es el comportamiento: hay sustantivos que pueden funcionar como predicados y que presentan propiedades que asociamos habitualmente a los verbos.
‘Destrucción’ es un buen ejemplo. En “presencié la destrucción de los exámenes antiguos por parte del profesor”, ‘destrucción’ no designa ni un objeto ni el resultado de una acción, sino un acontecimiento. Y, como tenemos un acontecimiento, también tenemos participantes: los exámenes que son destruidos y el profesor que los destruye. El nombre conserva, por tanto, una parte de la estructura que tendría el verbo correspondiente.
Nombres con más de un significado
Esto se ve todavía mejor con palabras que pueden tener más de una lectura. Tomemos ‘entrada’, por ejemplo. Mientras que si decimos que “la entrada de la estación es muy bonita” nos referimos a un lugar (o a una entidad), cuando afirmamos que “la entrada del tren a la estación tuvo lugar a las dos” hablamos del evento de entrar. La misma palabra puede designar una cosa o aquello que pasa con aquella cosa, según el contexto. Esta doble posibilidad es, precisamente, uno de los casos que tradicionalmente se han llamado ‘nombres de acción y efecto’.
Pero ¿cómo podemos saber qué tenemos delante? En realidad, no basta con mirar la palabra en el diccionario. Una de las pistas más interesantes es el tiempo. Los nombres eventivos tienen aspecto léxico, cosa que permite que incorporen determinadas propiedades relacionadas con la manera como se desarrolla un evento. Por eso podemos decir que “la construcción del nuevo edificio de la universidad duró dos años”, comentar que “la construcción de un hospital en tan poco tiempo es imposible” y que “estamos cansados de la construcción constante de carreteras”. En estos ejemplos, ‘construcción’ se comporta como el nombre de un proceso: podemos hablar de su duración, situarlo temporalmente y caracterizar la manera como se desarrolla.
También podemos hablar de ‘visitas frecuentes al médico’ y de las ‘exploraciones constantes de la NASA a Marte’. ‘Frecuente’ y ‘constante’ son modificadores especialmente útiles porque favorecen la lectura como evento de un nombre que podría ser ambiguo. Una ‘visita frecuente’ no es una cosa que tenga la propiedad de ‘ser frecuente’: son las visitas, entendidas como eventos, las que se producen a menudo
Y todavía hay otra característica que nos acerca los nombres eventuales a los verbos: pueden tener argumentos. Una vez más, no hay que asustarse por el término. Cuando decimos que “la estudiante checa visitó la UIB”, el verbo ‘visitar’ establece una relación entre dos participantes: alguien que hace la visita y alguien o alguna cosa que es visitada. Si convertimos el verbo en un nombre, esta relación no desaparece del todo: podemos comentar, por ejemplo, que “la visita de la estudiante checa a la UIB fue demasiado corta”.
¿Disfraz nominal?
Esto no significa, sin embargo, que podamos convertir cualquier verbo en nombre y esperar que el resultado se comporte igual. Los nombres eventivos no son verbos con un disfraz nominal. El paralelismo existe, pero también hay diferencias importantes. Además, no todos los nombres que tienen relación con verbos son eventuales: ‘profesor’, por ejemplo, está relacionado morfológicamente con ‘profesar’, pero no designa una actividad ni un proceso. Designa a una persona. Por tanto, que un sustantivo sea derivado de un verbo no nos dice, por sí solo, qué comportamiento tendrá.
La distinción entre los nombres eventuales y los resultativos tampoco se puede resolver con una única prueba: para distinguir las lecturas eventuales de las resultativas, la lingüística ha propuesto diversos criterios. Algunas pruebas, sin embargo, dependen del contexto y hay nombres que admiten más de una interpretación.
De hecho, una de las cuestiones interesantes es precisamente esta: estudiar los nombres eventivos obliga a mirar un poco más de cerca qué hace un sustantivo dentro de una frase. ‘Construcción’ puede designar un proceso o el resultado de este proceso; ‘entrada’ puede referirse a una entidad o a un acontecimiento; ‘visitas’ puede hablar de diversas ocurrencias de una actividad.
La distinción entre nombres y verbos es enormemente útil, evidentemente, pero no se basa, solo, en aquella idea tan extendida de que los nombres ‘nombran cosas’ y los verbos ‘expresan acciones’. Un nombre, pues, no siempre es una cosa.