Conxita Badia, la voz que la guerra, un mundo de hombres y el olvido silenciaron
El Auditórium de Palma recupera este sábado la Novena de Beethoven que Badia ensayaba con Pau Casals cuando estalló la Guerra Civil
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PalmaLa noche del 17 de julio de 1936, Conxita Badia ensayaba la Novena sinfonía de Beethoven en el Palacio de la Música Catalana bajo la dirección de Pau Casals. La obra debía inaugurar la Olimpiada Popular de Barcelona, concebida como una respuesta a los Juegos Olímpicos que la Alemania nazi celebraba aquel verano en Berlín. Durante el ensayo llegó la noticia del levantamiento militar. El concierto no se celebraría. Antes de separarse, Casals propuso a los músicos interpretar una vez más el último movimiento, el canto de fraternidad construido por Beethoven sobre la Oda a la alegría de Schiller. No sabían cuándo se volverían a encontrar.
Aquel momento marcó mucho más que la interrupción de un concierto: era la ruptura de un proyecto cultural y político que había convertido a Barcelona en una de las capitales musicales europeas. “Fue el quebranto de todo el sueño que había representado la República”, explica Mireia Domènech i Bonet, bisnieta de Badia y comisaria del Año Conxita Badia. En el centro de aquella efervescencia había una mujer que compartía escenario con algunos de los músicos más importantes de su tiempo, pero a quien la historia acabaría relegando detrás de sus nombres.
Noventa años después del inicio de la Guerra Civil y poco más de un año después del quincuagésimo aniversario de su muerte, Mallorca vuelve a escuchar a Conxita Badia. Ca n’Alcover acogió este jueves una conversación sobre los vínculos que tejió con la isla, mientras que este sábado 3 de octubre, a las 20 h, el Auditòrium de Palma acogerá un concierto de la Orquesta Sinfónica Sant Cugat y el Orfeón Balear, dirigidos por Salvador Brotons. La primera parte recuperará canciones compuestas por Badia y orquestadas ahora por Brotons, además de obras de Eduard Toldrà. En la segunda volverá a sonar aquella Novena que la guerra dejó suspendida.
Badia había sido la intérprete predilecta de Enric Granados, Pau Casals, Manuel de Falla, Frederic Mompou o Eduard Toldrà. “Dentro de este mundo de grandes hombres, ella es la mujer y la voz para quien escriben y quien estrena las obras”, señala Domènech. Pero no fue solo soprano: también era pianista, compositora y una maestra decisiva para la generación posterior, con discípulas como Montserrat Caballé.
Su especialidad no era la grandilocuencia operística, sino el lied, la canción para voz y piano en la que música y poesía avanzan juntas. “No era una gran diva de la ópera. Hacía lírica, canción, y era una mujer que amaba la poesía”, explica su bisnieta. Esta condición de intérprete ayuda a entender la fragilidad de su memoria: una interpretación existe mientras la voz suena y, en una época en la que las grabaciones eran escasas, puede desvanecerse sin rastro.
Domènech habla de un “triple silenciamiento”: el de la mujer situada a la sombra de los compositores; el de la artista comprometida con la República y condenada al exilio, y el de la intérprete cuya obra desaparece cuando acaba el concierto. Ella misma creció conociendo a Conxita Badia sobre todo como la bisabuela que había pasado siete años exiliada en Argentina. Ha sido durante la investigación emprendida con motivo del Año Conxita Badia que ha descubierto el alcance de su figura pública y de su compromiso.
Badia participó en las acciones de difusión internacional de la causa republicana y, según explica Domènech, fue la única mujer integrada en aquella proyección exterior. La guerra la expulsó del país y deshizo la escena musical a la que pertenecía. Cuando volvió, en diciembre de 1946, lo hizo a una sociedad radicalmente distinta. Y el mismo machismo que la había apartado del relato facilitó su retorno, porque el franquismo presuponía que se dedicaría a las tareas domésticas. El compositor mallorquín Baltasar Samper, exiliado en México, no tuvo esta opción.
El vínculo con Baltasar Samper
La relación entre Badia y Samper permite reconstruir sus vínculos con Mallorca. Ambos formaban parte de la misma escena musical barcelonesa. En mayo de 1931, Badia cantó en el concierto de presentación del Grupo de Compositores Independientes de Cataluña, del cual Samper formaba parte junto a Robert Gerhard, Frederic Mompou o Manuel Blancafort. Allí interpretó una canción del mallorquín.
El rastro de su relación también aparece en Vespre de juny, una composición para voz y piano que Samper dedicó “a su amiga Conxita Badia”. Aunque “no podemos determinar hasta qué punto eran amigos íntimos, sí que compartían contexto y mantenían un vínculo artístico y personal importante”, explica el etnomusicólogo Amadeu Corbera, especialista en la obra del músico mallorquín.
Ambos habían estudiado con Enric Granados y es posible que hubieran coincidido en su academia antes de 1910, aunque no se ha encontrado la confirmación documental. También firmaron una carta de bienvenida dirigida a Arnold Schönberg cuando el compositor llegó a Barcelona en 1931. Entre los grandes nombres de un universo profundamente masculinizado, Badia era la única mujer firmante. “Esto demuestra que era una figura importante y que se la tenía en cuenta”, subraya Corbera.
Después del exilio, Badia visitó Mallorca gracias a sus vínculos familiares con los Bonet, que tenían casa en Llucalcari y también se relacionaron con Blai Bonet. En la isla ya no se reencontró con Samper, exiliado en México, y su actividad había quedado recluida en círculos más íntimos. El concierto de este sábado, con el Orfeó Balear, debe reparar aquella fractura.
Para Domènech, que la Novena suene ahora en Palma representa una “feliz convergencia de hechos y personajes” y también un agradecimiento a la formación mallorquina, que en julio de 1936 había viajado a Barcelona para participar en el concierto que el levantamiento militar impidió.
El homenaje también quiere proyectar su legado hacia el futuro. La familia promueve el Concurso Conxita Badia para duetos de voz y piano, una iniciativa que da protagonismo a la poesía y a los compositores en catalán y que aspira a incorporar a jóvenes talentos de las Islas. “Fue una gran difusora de la canción en catalán en todo el mundo”, recuerda Domènech, que reivindica la necesidad de volver a hacer sonar este patrimonio: “Si los jóvenes de aquí no cantan a Baltasar Samper, ¿quién lo hará?”. Porque, si no se interpretan, concluye, “las partituras quedan dentro de un libro”.