“No escondemos las contradicciones de Magaluf”
El FLEM reivindica la cultura como revulsivo en un territorio explotado y exprimido
ManacorEl Festival de Literatura Expandida de Magaluf tiene lugar sobre una contradicción difícil de esquivar. Durante cuatro días, los libros ocupan uno de los grandes epicentros del turismo de masas y de borrachera de Mallorca. Lo hacen de la mano de la hotelera Meliá, una cadena que es exponente de la balearización, la exportación del modelo turístico intensivo implantado primero en el Archipiélago y trasladado a todo el mundo.
Esta tensión acompaña al FLEM desde que nació, en 2021. Antes de la primera edición ya fue acusado de culturewashing, emplear la cultura para blanquear la actividad hotelera y la turistificación de Magaluf. Seis ediciones después, el director, Miquel Ferrer, considera que aquella reacción fue precipitada. “Fue una crítica sorprendente porque se hizo antes de que tuviera lugar el festival. Lo que se debe juzgar es la propuesta”, defiende.
Rechaza que el FLEM quiera sustituir el relato de los excesos por una postal cultural sin conflictos. “Nunca hemos intentado esconder qué es Magaluf ni cuáles son sus contradicciones”, asegura. Lo ejemplifica con las rutas históricas y las conversaciones sobre literatura y turismo. “No se trata de esconder Magaluf, sino de mostrar que es mucho más y abrir el debate”.
El historiador Tomeu Canyelles, coautor de Magaluf, más allá del mito, introduce cautela. El imaginario del núcleo fue construido durante décadas por el sector privado y no se puede separar de la dependencia económica del turismo. Cuando quedó estigmatizado llegaron la rehabilitación de edificios, el embellecimiento y más vigilancia. Pero hay que preguntarse si la renovación de la imagen ha ido acompañada de una transformación equivalente de la oferta. “En algunos aspectos, el resultado es lampedusiano: cambiarlo todo para no cambiar nada”.
La ruta que Canyelles y Biel Vives conducen en el FLEM explica la historia de Magaluf, el modelo económico, los impactos territoriales y sociales y el papel de los medios en la estigmatización. Un territorio marcado por los excesos que Llorenç Villalonga y Guillem Frontera ya incorporaron a la literatura, y donde Antònia Vicens trabajó.
Sebastià Portell admite el “dilema moral” de participar en un festival impulsado por una gran hotelera. “El modelo turístico depredador forma parte del problema, pero también es positivo que contribuyan a esta cultura. Son espacios a los que no podemos renunciar”, afirma. Asegura que siempre se ha sentido libre de cuestionar en ellos el turismo.
“El FLEM lleva a Magaluf a miles de mallorquines que normalmente no irían. ¿Quién nos habría dicho hace diez años que Magaluf se asociaría a un premio de novela o que pasaría por allí Siri Hustvedt?”, plantea Ferrer. Para Canyelles, volver a esta parte expulsada del mapa mental de la isla permite revisar prejuicios. La contradicción sigue abierta: el FLEM disputa el relato de Magaluf desde la estructura que contribuyó a construirlo y convertirlo en el territorio herido y deshonrado que conocemos hoy.