Lengua

De Newton a la ciruela claudia

Los científicos no son los únicos que han dejado su nombre en el vocabulario: también lo han hecho reyes, artistas, filósofos, militares, cocineros e incluso propietarios de tierras. La ciruela claudia, el boicot, el carpaccio y la guillotina son algunos ejemplos de ello.

05/09/2026 - 17:01 h.

PalmaEstos días, cuando vuelven las clases, es fácil que vuelvan también los ‘newtons’, los ‘watts’ y los ‘pascales’. Son palabras que forman parte del vocabulario habitual de la ciencia y que, de tan conocidas, ya no nos parecen nombres de persona. Un newton es una unidad de fuerza; un watt, una unidad de potencia, y un pascal, una unidad de presión. Cuando las utilizamos, difícilmente pensamos en Isaac Newton, James Watt y Blaise Pascal.

La ciencia, de hecho, está llena: también están los ‘joules’, los ‘hercios’, los ‘amperios’, los ‘voltios’ y los ‘decibelios’, e instrumentos como el contador de Geiger y la escala de Richter. Son nombres que han pasado de designar personas a designar unidades, aparatos o conceptos científicos. Ahora bien, si dejamos los libros de física, veremos que la cosa va mucho más allá.

Cargando
No hay anuncios

La reina y la ciruela

Para encontrar otro epónimo, no hace falta ir muy lejos. De hecho, solo hace falta pasar por una frutería. A finales de verano todavía es temporada de ciruelas y, entre las variedades que podemos encontrar, hay una que tiene un nombre bien particular: la ‘claudia’. El nombre viene de Claudia de Francia, esposa de Francisco I. La variedad llegó a Francia procedente de Oriente y quedó asociada a la reina, hasta el punto de que en francés se le llama ‘reine-claude’. Cinco siglos después, la reina y la ciruela comparten nombre.

Cargando
No hay anuncios

De la frutería podemos pasar al supermercado y, sin cambiar mucho de contexto, encontrar otro epónimo. Si dejamos de comprar un producto porque no estamos de acuerdo con una empresa, por ejemplo, podemos decir que la estamos ‘boicoteando’ (o ‘boicotearla’: ambas opciones son admisibles). La palabra ‘boicot’ viene de Charles Cunningham Boycott, un administrador de tierras irlandés que en 1880 fue objeto de una campaña de aislamiento por parte de los campesinos. Su apellido acabó convertido en el nombre de esta forma de protesta y hoy podemos ‘boicotear’ casi cualquier cosa.

La historia de Boycott tiene, además, una peculiaridad interesante: su apellido se convirtió en una palabra con una rapidez extraordinaria. En poco tiempo, ‘to boycott’ ya circulaba en inglés con el sentido de aislar a alguien o negarse a tener tratos con él, y de ahí pasó a otras lenguas. No es muy habitual que una persona consiga entrar en un diccionario con tanta rapidez, y menos aún que lo haga por haber sido objeto de una protesta.

Cargando
No hay anuncios

Si después de ir a comprar nos sentamos a comer, todavía podemos encontrar más. Un ‘carpaccio’ debe su nombre a Vittore Carpaccio, un pintor veneciano de los siglos XV y XVI. El plato de carne cortada muy fina se creó mucho después, en el Harry’s Bar de Venecia, y parece que Giuseppe Cipriani lo llamó así porque el color de la carne le recordaba los tonos rojizos de las pinturas del artista.

La ‘bechamel’ también lleva apellido. Se asocia a Louis de Béchameil, marqués de Nointel y financiero de la corte de Luis XIV, aunque probablemente no fue él quien inventó la salsa. Podemos comprobar, pues, que un epónimo no siempre es el nombre de la persona que inventó aquello que designa: a veces es la persona que lo popularizó, que estuvo relacionada con ello o que, por un motivo u otro, acabó dando nombre a la cosa.

Cargando
No hay anuncios

La lengua también puede convertir un nombre propio en un adjetivo. ‘Platónico’ viene de Platón; ‘kafkiano’, de Kafka; ‘draconiano’ viene de Dracón, el legislador ateniense famoso por la dureza de sus leyes, y ‘pantagruélico’ nos llega de Pantagruel, el personaje creado por François Rabelais. Cuando decimos que una situación es kafkiana o que un banquete es pantagruélico, sin embargo, ya no hablamos de Kafka ni de Pantagruel, sino que usamos sus nombres para describir una situación, una atmósfera o unas dimensiones.

Hay algunos que son todavía más fáciles de pasar por alto. ‘Baremo’, por ejemplo, viene del linaje del matemático francés François Barrême, conocido por sus libros de cálculos y tablas numéricas. ‘Benjamín’ es el miembro más joven de un grupo, como Benjamín, el hijo pequeño de Jacob en la Biblia. Y ‘cicerone’, que hoy podemos usar para referirnos a una persona que hace de guía, viene del nombre de Cicerón, el orador romano, por su fama de hombre elocuente.

Cargando
No hay anuncios

De hecho, de epónimos hay tantos que, cuando empezamos a buscarlos, es difícil no encontrar alguno. Podemos ir de la física a la frutería, de la frutería al supermercado, del supermercado al restaurante, del armario a la literatura y de la literatura a la política, y a cada paso nos podemos topar con alguien que ha dejado su nombre en una palabra.

Evidentemente, no necesitamos conocer el origen de estas palabras para usarlas. Un vatio funciona perfectamente como unidad de potencia aunque no sepamos quién era James Watt; podemos boicotear una empresa sin haber oído hablar nunca de Charles Boycott, y podemos comer una ciruela claudia sin saber que su nombre nos lleva hasta una reina francesa.

Términos científicos

Con todo, ahora que vuelven los libros, las clases y los tecnicismos, puede ser un buen momento para fijarnos en ellos. ‘Newton’, ‘vatio’, ‘pascal’ y ‘hercio’ nos muestran que la terminología científica está llena de linajes, pero solo hace falta salir un poco del aula para encontrar muchos más. Y si estos días todavía compramos una ciruela claudia, tenemos un ejemplo muy a mano para recordar que un epónimo también puede tener sabor a final de verano.