Cómo era Josep Ramon Cerdà, según su hermana: "Lo vemos como el hermano con estrella"

Margalida Cerdà, hermana del dramaturgo, nos explica los secretos mejor guardados de su infancia

05/04/2026

PalmaEn un piso de 80 metros cuadrados de la plaza de Madrid, vivían seis personas: cuatro hermanos, madre y padre. En algunos momentos también estaba la abuela. Era una casa con ruido, una gran terraza, y mientras unos volvían del instituto, había un bebé que lloraba. Entre el hermano mayor y la pequeña de la casa hay 14 años de diferencia. “Me sorprende cómo, en medio de aquella casa caótica, llena de gritos e infantes jugando, Pep podía leer, totalmente absorto. Tenía una capacidad de concentración brutal, era como si se evadiera”. Pep es Josep Ramon Cerdà (Palma, 1971), dramaturgo y profesor. Nos lo acerca la hermana pequeña, Margalida, conocida en el mundo de las redes como Madò Llucia.

En los primeros recuerdos que Margalida tiene de Josep, él ya tenía barba. Provienen de una familia en la que estudiar no había sido nunca una prioridad: “Sabemos que los curas que hacían escuela a mi padre le querían pagar los estudios porque pensaban que valdría, pero los abuelos no lo permitieron nunca. Se tenía que trabajar”. Es con esta cultura que se han criado los cuatro hermanos, así que lo primero que destaca Margalida es que “lo que Pep tiene, se lo ha ganado muy a pulso”. En la familia lo ven como “el hermano con estrella”, y la pequeña dice que es porque empezó a hacer de actor muy joven, y “se ha sabido vender muy bien”. Es el hermano menos sufridor, dice ella: “Tiene facilidad para tratar con la gente. Es el más sociable, con fama de encantador”.

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Cuenta que Josep Ramon miraba TV3 y Canal 9, leía y jugaba mucho a baloncesto: tenían una gran terraza con una canasta, y también una mesa de ping-pong que más tarde se convirtió en una pizarra. “Él leía mucho, y yo me sentaba a su lado. Desde pequeño ha tenido carácter y aptitudes de liderazgo, y se espabiló pronto”, apunta Margalida. Para poder pagarse los estudios, el hermano mayor hacía trabajillos de verano, como de limpiacopas en los balnearios de El Arenal, un ejemplo que siguieron todos los hermanos: “Todos nos hemos pagado la carrera y el carnet de coche con nuestro dinero”. En casa, Josep Ramon ha sido un modelo.

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Estudió Filología Catalana. Y esto tuvo un impacto en la familia: “Cuando la gente nos oye hablar no se cree que seamos de Palma porque tenemos un acento catalanoparlante que hoy en día se oye poco. Hasta que en Pep empezó a estudiar Filología, hablábamos peor. Cuando él empezó, llegaron las correcciones”. Y son una familia, especifica Margalida, mallorquina, mallorquina, de cuarta generación: “No tenemos ni un tío de fuera de la ciudad”.

Todos los hermanos menos Margalida fueron al instituto Guillem Sagrera, que está a bastante distancia de la plaza de Madrid: “Iban con ciclomotor, y eso les marcó. Allí en Pep empezó con el teatro, con la compañía Xicarandana, del instituto. Hacían obras y nosotros íbamos con la familia a verle”. La gran crítica del dramaturgo ha sido, toda la vida, su madre: “¡No había función que no le dijera qué cosas podría haber hecho mejor!”.

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A pesar de no haberse criado mucho juntos, Margalida tiene una visión concreta de su hermano que se ha ido construyendo con los años: “En Pep es muy exigente consigo mismo y con los demás. A la vez, es muy sociable y tiene buenas amistades, muchas vinculadas al teatro. Si ha llegado tan lejos es porque se lo ha ganado a pulso y porque tiene un punto de obsesivo. Ha priorizado mucho esto, quizás fallando en otras partes de la vida. Pero me impresiona que, a 50 años, no haya parado y tenga todavía esta energía para dar a una de las cosas que más le gustan del mundo: el teatro”.