Los príncipes de Mónaco: aliados y herederos de los reyes de Mallorca

Repasamos los vínculos entre ambos lugares del Mediterráneo, cuando se dedica a Palma una exposición a las relaciones con aquel territorio

01/08/2026 - 17:15 h.

PalmaDos miembros de la familia de los príncipes de Mónaco fueron aliados de Jaime III en su intento frustrado de recuperar la Mallorca perdida. Y otro se convirtió en señor de Carlat, enclave que había formado parte del ‘reino en medio del mar’. Unos cuantos Grimaldi, que este es su linaje, han visitado la isla hasta tiempos recientes. Repasamos los vínculos entre estos dos rincones del Mediterráneo; Mónaco y Mallorca, tomando como motivo que el Club de Mar de Palma acoge, hasta el 6 de agosto, una exposición sobre los nexos entre aquel territorio y la monarquía hispánica.

Los Grimaldi son de origen genovés, una república que tuvo una relación estrecha, y no siempre armoniosa, con el reino de Mallorca. Los genoveses eran activos comerciantes y, a menudo, también piratas: como observa Lluís Tudela, cuando amainaba la primera actividad, recurrían a la segunda. Hacia el siglo XIV, la colonia más numerosa en Palma era la de los genoveses, solo por detrás de los catalanes.

Como buen patronímico, Grimaldi procede de un antepasado remoto, un tal Grimaldo. Lanfranco, hijo suyo, se habría dedicado a la piratería. Otro miembro de la familia, Francesco, de apodo Malizia, conquistó en 1297 la fortaleza rocosa de Mónaco al frente de un grupo de asaltantes disfrazados de frailes franciscanos. Por este motivo, el escudo de Mónaco lo flanquean dos franciscanos armados con espadas, una imagen bien desconcertante. Como Francesco no tuvo hijos, le sucedió como señor de Mónaco su primo Rainiero, un nombre, este, que parece que estaba destinado a hacer fortuna en la familia.

Cargando
No hay anuncios

Mónaco cobró un papel relevante en los intentos desesperados de Jaime III de Mallorca de recuperar su reino, que, como es bien sabido, le había arrebatado su cuñado Pedro el Ceremonioso, rey de Aragón –de aquí, probablemente, la mala fama de los pobres cuñados hasta nuestros días. Y eso que las relaciones no siempre habían sido buenas: en 1338, según Tudela, había zarpado desde aquel puerto una armada genovesa hacia las Islas con no muy buenas intenciones, si bien finalmente la cosa se arregló de manera amigable.

Galeras hechas en Mónaco para Jaime III

Ahora, el escenario era diferente. En 1343, Jaime III había perdido sus posesiones, salvo unos pocos territorios en lo que ahora es Francia, y necesitaba aliados desesperadamente. El exmonarca confió a Carlo Grimaldi –señor de Mónaco y también pirata– el mando de una escuadra enviada a reconquistar las Islas Baleares. Ahora bien, Grimaldi pudo comprobar en persona, haciendo un recorrido por sus costas, que, contra lo que pensaba Jaime, los isleños no tenían ninguna intención de rebelarse por su antiguo soberano. Llegó a la conclusión de que aquella empresa era inviable, y se echó atrás, con el desconcierto correspondiente entre los jaumistas expectantes.

También dio apoyo a la causa de Jaime III Luciano Grimaldi, hermano de Carlo e igualmente pirata. Ya en el verano de 1343 participó en ataques contra las costas catalanas, supuestamente a sueldo de la reina Sancha de Nápoles, tía del exrey mallorquín, a quien habría apoyado. Jaime le confió el mando de sus galeras en nuevos acercamientos a las costas del Rosellón y al Archipiélago, en 1346, en coordinación con su hermano Carlo.   

Cargando
No hay anuncios

Por mucho que fueran señores de la roca monegasca, los Grimaldi no dejaban de ser genoveses y el dux de esta república, Simón Bocanegra –sí, el de la ópera de Verdi– tuvo que hacer milagros para no incurrir en exceso en las iras de los catalanes. No era solo una cuestión diplomática, sino, mucho más importante, de dinero: si los Grimaldi actuaban con el visto bueno del estado genovés, entonces este debía abonar las indemnizaciones correspondientes –¡horror!– por sus fechorías.

Jaime III todavía creía, equivocadamente, que los isleños se pondrían de su lado, y organizó una armada para llevar a cabo la reconquista. Mónaco le sirvió como una de sus bases de operaciones: algunas galeras bajo su mando se desplazaron desde aquel puerto hasta Marsella, y en Mónaco se habrían construido quince de las embarcaciones que pensaba usar. También fue uno de los lugares donde Pedro el Ceremonioso tenía programado establecer espías para informarse de los planes del cuñado.

Jaime III también quería recuperar a Carlo Grimaldi como valioso aliado para su proyecto. Según Alfonso de Ceballos, a cambio de su ayuda, el señor de Mónaco recibiría el título de conde de Bunyola y los señoríos del valle de Sóller y de Alcúdia, con el grado de barón. Parece que Bunyola se lo habría prometido también el exrey a su hermano bastardo Pagà y a Aitó de Grimalt. Tanto es así, porque aquello acabó como todo el mundo sabe: con la derrota y muerte del exsoberano en la batalla de Llucmajor, en 1349. Si hubiera salido bien, quizás hoy los príncipes de Mónaco añadirían a sus numerosos títulos los correspondientes a tres villas mallorquinas.

¿De dónde había sacado, el desposeído soberano mallorquín, el dinero necesario para montar aquella fracasada expedición? Muy sencillo: de vender los pocos territorios que aún le quedaban. Aquel mismo 1349 entregó al rey de Francia el Carladés, una posesión remota en Auvernia, muy lejos de sus dominios pirenaicos, que procedía de la herencia de una tatarabuela de Jaime I y sobre la cual la autoridad de los lejanos monarcas mallorquines debió ser poco más que simbólica.

Cargando
No hay anuncios

Las enigmáticas cartas de Alberto I

El Carladés continuó bajo el dominio de la monarquía francesa, hasta que tres siglos más tarde, en 1643, Luis XIII –el soberano que sale en Los tres mosqueteros– lo cedió a Honorato II, el primer Grimaldi titulado príncipe de Mónaco. Presumiblemente fue parte de los honores recibidos por abandonar el protectorado de la monarquía hispánica, vigente hasta entonces, y pasarse al ámbito francés, bajo el cual ha continuado hasta nuestros tiempos. El título de condesa de Carladés lo ostenta actualmente Gabriela Grimaldi, hija del príncipe Alberto II, de once años.

No debió haber mucha más conexión entre este pequeño estado y las Islas Baleares hasta la visita que realizó, en 1909, el príncipe Alberto I. Era un apasionado de los estudios marinos y quiso conocer en persona el laboratorio oceanográfico que el año anterior había inaugurado, en Portopí, el científico Odón de Buen, con quien entabló una buena amistad. Se sintió, señalaba La Época, “encantado de la belleza de la isla” y visitó “las famosas cuevas”.

Cargando
No hay anuncios

Alberto I volvió a Mallorca al menos una vez. Según De Buen, fue en una de aquellas estancias en las que le confió una enigmática correspondencia, “que intrigó mucho al personal palaciego que acompañaba al príncipe en sus viajes”. Iban dirigidas a su nieta Carlota, por la cual se habían producido serias divergencias entre Alberto y su hijo y heredero, Luis, el padre de ella.

¿Qué era aquel asunto, tan delicado, del que trataba el príncipe marino en su correspondencia? Nada menos que la sucesión del Principado: si los Grimaldi se quedaban sin herederos, este pequeño estado se incorporaría a Francia. Así que Carlota, que era hija extramatrimonial de Luis y de una artista de cabaret, fue legitimada y reconocida como duquesa de Valentinois, el título de los herederos monegascos. Fue la madre de Rainiero III y madrina del actual príncipe, Alberto II.

La nieta de Alberto I visitó personalmente el Carladès, aquel territorio periférico que antes había sido de los reyes de Mallorca, y su hijo, Rainiero III, usó el seudónimo Louis Carladès cuando participó en la Vuelta Automovilística a Francia. En 2014 se acercó el actual príncipe, Alberto II, y le retrataron sentado en un banco, sosteniendo en las manos una vieja fotografía en blanco y negro de aquella estancia de su madrina.

Rainiero III y su flamante esposa, la actriz norteamericana Grace Kelly, eligieron Mallorca –todo un clásico para este tipo de viajes– como primera parada de su luna de miel, en abril de 1956: “Haber elegido Mallorca como primer punto de nuestro viaje ya dice mucho de mis simpatías por la isla”, declaró el príncipe, según Última Hora. ¿Quizás era nostalgia de las incursiones de sus antepasados por aguas isleñas?

Cargando
No hay anuncios

Rainiero y Grace volvieron a Mallorca en 1960 y otra vez en 1961, cuando asistieron a la inauguración del hotel Son Vida, que compartieron con otra pareja objetivo de la prensa del corazón, la entonces formada por Aristóteles Onassis y Maria Callas. Se hizo famosa una actuación musical improvisada, con Onassis y Callas interpretando canciones griegas y el príncipe de Mónaco a la percusión.

De aquella presencia de Grace Kelly en Mallorca en los años sesenta quedó un rastro imborrable en Mallorca: el nombre de las populares galletas Quely de Inca, todo un signo de identidad de la comida isleña, que procede de la pronunciación de su linaje: Kelly. Otro vínculo más entre estos dos rincones del Mediterráneo, que comenzó hace casi siete siglos con dos hermanos piratas y un territorio lejano del que ahora es Francia.

Mallorca 4 – Mónaco 1

En 1964, Rainiero III y Grace de Mónaco regresaron a Mallorca con sus dos hijos mayores, Carolina y Alberto, entonces de siete y seis años, respectivamente. Mucho tiempo después, en marzo de 2000, el heredero de los Grimaldi estuvo en el palco del estadio de Son Moix, en Palma, para ver cómo su equipo, el Mónaco, perdía por un contundente 4 a 1 contra el Mallorca, en los octavos de final de la Europa League. En octubre de 2021, ya como soberano de aquel pequeño país, fue el invitado estelar de la inauguración del Mallorca Country Club, un centro deportivo en Santa Ponça. En declaraciones al Diario de Mallorca, destacó que conservaba recuerdos de su infancia ambientados en la isla.El resto de los Grimaldi también se han dejado ver periódicamente por Mallorca. Según Matías Vallés, las primeras fotografías de Carolina de Mónaco con Ernesto de Hannover, su tercer marido, las consiguieron los reporteros en Palma, y su hermana pequeña, Estefanía, fue vista “esporádicamente” en el puerto de Andratx. Los dos hombres anteriores de Carolina, Philippe Junot y Stefano Casiraghi, también visitaron la isla. Pierre Casiraghi, hijo de Carolina, asistió en 2017 a la Copa del Rey de vela celebrada en la bahía palmesana, y lo hizo con su esposa, Beatrice Borromeo, y su hijo Stefano. Consta que Pierre ha visitado la isla al menos en tres ocasiones. Debe ser la atracción irresistible que el viejo reino despierta todavía sobre estos descendientes de piratas genoveses.

Información elaborada a partir de textos de Lluís Tudela Villalonga, Gabriel Ensenyat Pujol, Guillem Morro, Gabriel Llompart, Alfonso de Ceballos, Matías Vallés, Antoni Janer Torrens y Antonio Calvo Roy, además de las memorias de Odón de Buen.