Un Maura para pilotar la Transición en las Islas
Hace 50 años, un bisnieto del político mallorquín fue designado gobernador provincial en pleno puente entre el franquismo y la democracia
PalmaEra bisnieto del destacado político mallorquín Antoni Maura, además de duque de Maura y Gran de España –lo son todos los duques–, licenciado en Derecho y también diplomático. En enero de 1976, hace 50 años, Ramiro Pérez-Maura tomó posesión como gobernador civil de Baleares, para conducir un proceso que entonces nadie sabía muy bien hacia dónde iba: la Transición. Más tarde sería uno de los fundadores en las Islas de Unión de Centro Democrático (UCD), senador y miembro del gobierno preautonómico.
Sólo llevaba dos meses muerto el dictador, y el nuevo jefe de Estado –ahora le llaman "el Emérito"– quiso dar sensación de continuidad y confirmar como presidente del gobierno estatal lo mismo que hasta entonces lo había sido de Franco: Carlos Arias Navarro. El ministro de Gobernación –ahora Interior– era Manuel Fraga, más tarde fundador de Aliança Popular, el núcleo del actual Partido Popular. Ahora cuesta creer, pero entonces Fraga era considerado un 'progre', en comparación con el 'bunker', los intransigentes de la dictadura: incluso, sugirió, en declaraciones a un diario francés, que "Baleares podrían tener un estatuto de autonomía, similar al que se estudia para las Bascongadas".
Ramiro Pérez-Maura había nacido en 1934, en Mortera, Cantabria –otro título suyo era el de conde de Mortera– y era también sobrino del cardenal Herrera Oria, un personaje clave de la Iglesia de la época. Realizó sus estudios en La Salle, donde coincidió con Jesús Aguirre, futuro duque de Alba. Cursó los estudios de Derecho y, a continuación, preparó las oposiciones a diplomático con Enrique Tierno Galván, más tarde dirigente del Partido Socialista Popular y alcalde de Madrid. Su primer destino fue Caracas: ahora sería un destino para pensárselo dos veces, con el que cae.
A diferencia de Fraga, Pérez-Maura no era un reciclado del franquismo, sino que procedía de la moderada oposición monárquica. Fue uno de los creadores del Club 1980, de línea liberal. Con ello, era coherente con la trayectoria de su bisabuelo, que había militado en el Partido Liberal, antes de pasarse al Conservador, y que no quiso apoyar otra dictadura, la de Primo de Rivera, en los años veinte. El Club 80 fue cerrado para programar una conferencia de Ramón Tamames, entonces un rojo peligroso –quien lo diría, con su trayectoria más reciente.
La caída de De Meer
Eran momentos de crisis económica disparada y de movilizaciones en la calle, pese a su correspondiente represión. Mallorca, la "isla de la calma", como observaba la revista Lucas ese enero de 1976, había dejado de serlo –suponiendo que lo hubiera sido nunca. Los partidos políticos, aunque ilegales, se mostraban activos con la perspectiva de un cambio político.
El predecesor del duque de Maura en el Gobierno de las Islas, el ultraderechista Carlos de Meer, se lo puso en bandeja de plata, en el gabinete Arias, para facilitar su relevo, al meter la pata hasta el fondo con aquel cierre de trabajadores en la iglesia de San Miguel, que le supuso. Aquello entonces no salía gratis. El 24 de enero, De Meer daba el relevo a Pérez-Maura. Por la tarde, Antoni Serra, quien había sido una de las bestias negras del ya ex gobernador, por rojo y catalanista, se quedaba de piedra al encontrárselo en el sótano de la librería Tous, que él regentaba, mirando libros. Ultraderechista, sí, pero culto.
La caída de De Meer fue un golpe difícil de encajar para el búnker franquista, hasta entonces hegemónico en el Archipiélago. Por si fuera poco, aquellos mismos días accedió a la alcaldía de Palma Paulí Buchens, de manifiesta tendencia reformista. Sólo la Diputación Provincial se mantenía como último baluarte de las esencias de la dictadura.
El nuevo gobernador se calificó a sí mismo, en declaraciones a la prensa, como "liberal y democrático". Toda una audacia, en ese momento, si bien el franquismo –todavía con su estructura intacta– se definía a sí mismo como "democracia orgánica". Anunció como una de sus prioridades un régimen especial para Baleares, una propuesta que entonces estaba sobre la mesa. De hecho, designó a unos grupos de trabajo para estudiarlo. Pero ya sabéis, vosotros, cómo funcionamos en estas cosas –con eso sí que manteníamos la calma: todo cambió rápidamente en sólo unos meses, y pronto ya no se hablaría de régimen especial sino de autonomía.
El papel que le correspondió a Pérez-Maura no era sencillo. Soplaban nuevos vientos de reforma, sí, pero ¿hacia dónde? Probablemente, ni en Madrid lo tenían claro. Medidas supuestamente aperturistas se alternaban con episodios de represión de la vieja escuela. La oposición clandestina no quería saber nada de esa pretendida reforma y exigía la 'ruptura democrática': libertad, amnistía y estatuto de autonomía. Haciendo un paralelismo con lo ocurrido medio siglo atrás, la dictadura había dado paso a la 'dictatova'. Pero no todavía en la democracia.
De expulsado del partido a senador
Con este panorama, la gestión del duque fue, como la canción, un paso hacia delante y otro hacia atrás. Ni mucho menos la represión llegó a las exageraciones de De Meer, que prohibió incluso un concierto de música clásica. Aun así, se sucedieron un buen puñado de vetos: una conferencia del izquierdista Antoni Tarabini en Eivissa y otra del demócrata cristiano Joaquín Ruiz-Giménez en Inca, la presentación de un libro de Nicolás Sartorius en Palma y un recital de Raimon –con un buen motivo: porque, a otro de suyo la gente similares. A tal punto llegó la cosa que Josep Melià –procurador en unas Cortes todavía franquistas, pero con una apuesta abierta por la democracia– expresó al gobernador su protesta.
La sustitución de Arias Navarro por Adolfo Suárez, a principios de julio de 1976, transformó la situación rápidamente. Pronto se vio que lo de desmontar la dictadura iba de verdad. Cuando Pérez-Maura estaba de visita en un ayuntamiento, le llamó el nuevo ministro, Rodolfo Martín Villa. Le preguntó si hacía pensamiento de presentarse a unas elecciones, que ya se dibujaban en el horizonte. Y Pérez-Maura respondió afirmativamente.
Esto nunca podía ser. O estabas por la calle anunciando la mercancía o estabas en el mostrador de la tienda. Salvo el propio Suárez, que se mantuvo al frente del gobierno estatal y al mismo tiempo se presentó a las elecciones de sólo unos meses más tarde, como cabeza de lista de Unió de Centre Democràtic, la coalición formada a toda prisa como su plataforma.
En agosto Pérez-Maura fue sustituido por un nuevo gobernador, Manuel Martin Arias. Diario de Mallorca expresó su desacuerdo –al fin: ya se podía criticar al gobierno sin pasar pena– y destacó el papel del duque como "gestor de la línea democratizadora" y utilizando el titular 'Maura, sí!'. Exactamente lo contrario del 'Maura, no!' del que había sido objeto su bisabuelo, cuando prácticamente todo el espectro político estatal se puso en su contra, a raíz de la Semana Trágica de 1909.
Aquel mismo 1976 se constituyó el Partido Liberal –pronto los partidos serían legales–, y Pérez-Maura fue de ellos las Islas, junto con los concejales reformistas del Ayuntamiento de Palma Miquel Duran y Jordi Dezcallar. Sin embargo, pronto se presentó un nuevo dilema, en este caso muy grande. Las diversas formaciones de centro –lo que se llamó la “sopa de letras”– se sumaron a la nueva coalición, UCD. Pero la dirección estatal de los liberales rehusó añadirse: Duran y Pérez-Maura fueron expulsados del partido.
Ambos se presentaron igualmente en los comicios de junio de 1977. Duran salió elegido diputado por Baleares y Pérez-Maura, senador por Mallorca, con la cifra espectacular de 132.803 votos, el segundo más votado, sólo por detrás de Jeroni Albertí, quien sería el jefe de la formación. Al año siguiente, se constituyó el Consejo General Interinsular, la institución preautonómica, y el antiguo gobernador pasó ahora a ser consejero de Transporte y Comunicaciones.
UCD se acabó disgregando, después de cinco años al frente del gobierno del Estado, y Pérez-Maura, como tantos de los que hicieron una breve carrera política en aquellos años, volvió a su trabajo: la diplomacia. Fue embajador en Corea del Sur, Jamaica y Luxemburgo y murió en Madrid en el 2001. Su viuda, Lucía de la Peña, se hizo popular hace diez años, para increpar públicamente a Pedro Sánchez: ella pedía dinero para Cáritas y él no le hizo mucho caso. "No das dinero a Cáritas y luego quieres que la gente te vote", le soltó la duquesa. La política y los Maura llevan más de un siglo de la mano.
Dentro de aquella etapa contradictoria de gobierno de Ramiro Pérez-Maura, las prohibiciones se alternaron con hechos tan insólitos como algunos de los primeros mítines que llevó a cabo la izquierda en todo el Estado desde la II República, entre la primavera y el verano de 1976, en Palma. Según recuerda Miquel Rosselló, entonces del Partido Comunista (PCE) en las Islas, le correspondió, en primer lugar, a Enrique Tierno Galván, del Partido Socialista Popular –como por decirle el gobernador que no, al que le había dado una mano con las oposiciones a diplomático. A continuación, Felipe González, entonces el joven líder carismático del PSOE. Parece que fueron los primeros en dar estas formaciones a una capital de provincia –ventajas de la periferia.
Ahora bien, el evento más sonado de aquella etapa fue el primer mitin que celebró en el Estado el PCE: en el Teatro Balear de Palma, el 2 de julio de 1976. No era sólo ilegal, sino también el demonio en persona para el franquismo. Ciertamente, antes ya se habían realizado un par de actos en Catalunya. Pero allí el PCE se llamaba Partido Socialista Unificado de Catalunya (PSUC) y quizá lo de 'socialista' no sonaba tan peligroso.
Por si acaso Pérez-Maura dudaba en autorizarlo –cuenta Rosselló–, los comunistas empapelaron a toda Palma con carteles: prohibirlo habría sido demasiado evidente y, en efecto, el gobernador lo dejó hacer. Ramón Tamames creía que venía a dar una conferencia de economía, así que tuvo que improvisar. Compartió escenario con Catalina Moragues y Francesca Bosch y acabaron cantando todos La Internacional.
Información elaborada a partir de textos de Miquel Payeras, David Ginard, Alfonso Pérez-Maura y de la Peña, Bartomeu Canyelles y Francisca Vidal, Antoni Marimon Riutort y Mauricio Cuesta Labernia, Miquel Duran Pastor y Joan López Casasnovas, las memorias de Miquel Rosselló y de Antoni Memoria viva y El mallorquinismo político (1936-2024), Diario de Mallorca y una entrevista de Josep Maria Aguiló con Ramiro Pérez-Maura en Última Hora.