Las escuelas centenarias de la Casa Blanca
En 1926 se edificó el primero de los dos centros educativos que, de manera pionera y ambiciosa, se hicieron en este pequeño núcleo de las afueras de Palma
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Palma“El edificio mencionado constituirá un modelo en su clase, un verdadero palacio de la enseñanza primaria, de líneas sencillas, pero elegantes, de grandes proporciones y con un acabado perfecto...”. Así definía el diario La Almudaina, en octubre de 1929, el edificio de la escuela de las niñas que se acababa de construir en la Casa Blanca. Unos años antes, en 1926, se había edificado el primero, que pasó a ser el de los niños.
Hoy, la Casa Blanca es una demarcación de Palma formada por una vasta extensión de huertos y por uno de los núcleos de población más pequeños del municipio, en el que destacan los dos edificios escolares. Pero, volviendo a la cita del diario La Almudaina, ¿por qué se hicieron unos edificios escolares tan destacados en un pueblo tan pequeño? Para entenderlo, debemos ir un poco más atrás en el tiempo. A mediados del siglo XIX, la posesión de la Casa Blanca formaba parte del antiguo pantano llamado prado de Sant Jordi, un terreno insalubre, inundado todo el año, mayoritariamente improductivo y cargado de mosquitos que causaban estragos en la población y que el ingeniero belga Paul Bouvy, a partir de 1845, con su proyecto de desecación, había convertido en un lugar habitable y productivo.
A raíz de la desecación se construyó el pueblo de la Casa Blanca, y el principal promotor fue Antoni Mulet Ferragut (1869-1928), una gran figura de los negocios en Mallorca, presidente del Sindicato de Desagüe y Saneamiento del prat de Sant Jordi y Son Sunyer y propietario de muchísimas fincas, entre las cuales, Can Mirabò y Can Morei, en la Casa Blanca. El empresario, con su buena vista para los negocios, pensó que troceando las fincas mencionadas y vendiendo las parcelas resultantes haría un negocio muy rentable. Y para hacer más atractiva la compra de las nuevas parcelas consideró imprescindible que aquel nuevo pueblo tuviera unas escuelas. Las escuelas, pues, más allá de ser una institución básica para la sociedad, que sí que lo fueron, también eran un cebo, un reclamo, un gancho. Tanto es así, que el mismo Antoni Mulet donó el solar al Ayuntamiento para construir el primero de los edificios. Como se puede ver, el negocio de la especulación inmobiliaria viene de atrás.
La escuela nacional
Los edificios de la escuela de la Casa Blanca fueron de los primeros erigidos en las afueras de Palma; se construyeron durante la dictadura de Primo de Rivera. A finales de 1924, el Consistorio recibió una instancia por parte de los vecinos de la Casa Blanca en la cual ofrecían un solar para construir allí una escuela. El Ayuntamiento atendió la petición y se constituyó un Patronato, presidido por el mismo Antoni Mulet Ferragut, el cual gestionaría las obras bajo la dirección del arquitecto municipal Gaspar Bennàzar. El edificio se terminó en 1926, aunque se inauguró el curso 1927-1928.
Pero la cuestión no se detenía aquí. La voluntad era levantar una de nueva, la de las niñas, y casas para los maestros. Así, se consiguió la donación de un nuevo solar por parte de la señora de Son Santjoan, Maria dels Dolors Truyols Villalonga, viuda de Lluís Despuig. Se acabaría en 1929, pero no se inauguraría hasta 1931.
Maestros e innovación educativa
Con la primera escuela subvencionada por el Ayuntamiento, de 1925, tal vez un poco antes, comienza la historia de la educación en la Casa Blanca, un lugar de innovación educativa con unos maestros pioneros en este sentido.
El primer maestro de aquella escuela, que se debía ubicar en un piso o casa, fue Miquel Capó Capó, sustituido por Antoni Ques, que después sería maestro de la escuela de niños y, más adelante, de la Escuela Nacional de Sant Jordi. El mes de agosto de 1926 también fue destinada allí una maestra, Francisca Bosch Terrassa.
Hasta la Guerra Civil fueron muchos los maestros comprometidos y apasionados que implementaron los postulados pedagógicos de la escuela nueva, pero quien lo ejemplifica mejor es el maestro Francesc Rosselló Gil, que estuvo en la Casa Blanca entre 1928 y 1933. Rosselló Gil fue una figura destacada dentro del panorama pedagógico mallorquín; director de El Magisterio Balear, articulista, colaborador asiduo del Museo Pedagógico provincial de las Baleares, autor de diversos libros de temática pedagógica y seguidor de las metodologías de Freinet. Además, era un gran dibujante y entendía el dibujo como herramienta fundamental para la formación del niño. Defendía que a través de las artes pictóricas se potenciaba la creación, la personalidad, la espontaneidad y las capacidades.
Llegada de la Segunda República
La llegada de la Segunda República supuso un impulso fundamental para la Educación. La aparición del Museo Pedagógico, constituido en las Baleares en 1918 por el ínclito y dinámico inspector Joan Capó i Valls de Padrines, fue esencial en la tarea de las escuelas. Había influido la creación de la Institución Libre de Enseñanza (fundada en Madrid, en 1876, por, entre otros catedráticos, Francisco Giner de los Ríos), un proyecto pedagógico innovador con profundas convicciones éticas, racionales y humanas. En este contexto es donde debemos insertar la escuela de la Casa Blanca hasta la Guerra Civil.
Por su trascendencia, podemos mostrar dos momentos que definen bien aquellos años iniciales de las escuelas de la Casa Blanca, extensibles a toda la geografía española. Se trata de dos inauguraciones. La primera, de las reformas de los edificios escolares (septiembre de 1931), por parte de las autoridades republicanas. La segunda (octubre de 1936), la fiesta de reposición de los crucifijos, por los gobernantes surgidos del golpe de estado.
El ambiente republicano
El domingo 20 de septiembre de 1931, una comitiva de políticos republicanos, acompañados por periodistas, acudieron a la Casa Blanca para reinaugurar la Escuela Nacional de Niñas, reformada siguiendo medidas higienistas. La de los niños también se reformó.
Las reformas, efectuadas por el Ayuntamiento republicano, buscaban que los edificios escolares dispusieran de las dependencias necesarias para desarrollar allí las innovaciones educativas progresistas. Se pueden extraer de las crónicas de aquel día de los diferentes diarios. Al acto acudieron diferentes concejales de Palma, encabezados por Emili Darder, entonces presidente de la Comisión de Cultura y representante del alcalde, el inspector Joan Capó y el nuevo gobernador de las Baleares, Máximo Cajal. Les esperaba un público numeroso. La apertura oficial de las puertas de la escuela la hizo Emili Darder. Entre el público de Casablanquer había los miembros del Patronato, el maestro Francesc Rosselló y la maestra Magdalena Lladó, con los niños y niñas de las escuelas.
En las crónicas se dice que las dependencias escolares son todas espaciosas, bien ventiladas y con mucha luz. El edificio constaba de dos aulas, una para clase y otra para sala de labores, guardarropa y habitación para los libros, un amplio cuarto de baño con lavabos, váter y dos duchas, un pequeño campo escolar, jardín, y dos pabellones completamente independientes para que vivieran los maestros. Joan Capó insta a aprovechar esta escuela porque en la Ciudad todavía había muchas sin estos servicios.
En este sentido, y por la preocupación por la salud, a menudo expresada por el médico y concejal Darder, el periodista de La Almudaina reseñaba en las palabras, que traducimos del castellano, pero que Darder pronunció en catalán: “Tenéis una escuela digna que reúne las condiciones pedagógicas e higiénicas que muchas no tienen. Esto os debe alentar a enviar a vuestros hijos a la escuela en beneficio propio”. E indicó a la maestra que “estas instalaciones no deben ser simple decoración. Cada mañana las duchas deben funcionar para cada una de las niñas”.
El maestro Rosselló Gil pocos días después de la inauguración publicó un artículo en Correo de Mallorca, entusiasmado por las escuelas, ‘Realidades del problema escolar. Palma cumple’, en el cual daba la enhorabuena a las autoridades: “Han sabido trabajar con decisión y estima. [...] escuelas capaces que la República ha terminado revistiendo, y que ha dotado de cuanto detalle pudiera soñar el más exigente pedagogo o el más escrupuloso higienista”.
La bendición de los crucifijos
En contraste, y para ver cuál era el ambiente de la escuela del nacionalcatolicismo, se puede acudir a la inauguración de 1936, después del golpe de estado contra el legítimo gobierno republicano, de los crucifijos en las dos escuelas, y la consagración de la escuela de niñas.
Del diario La Almudaina (21-10-1936) transcribimos diversos detalles del artículo ‘En el pueblo de Casa Blanca. Bendición de crucifijos’: “Organizaron una bonita fiesta con motivo de la bendición de Crucifijos [...] con gran concurrencia de gente de la Casa Blanca y pueblos vecinos. La cooperación de Falange Local, especialmente de los jefes, señores Torregrosa y Verger, dio gran relevancia a un momento tan simpático [...]. Para la bendición y celebración de la misa se levantó un altar en el patio de las Escuelas Nacionales de niñas y párvulos, en el centro del cual figuraba una gran cruz de flores naturales. Zaforteza [el alcalde] [...] explicó a los escolares una bonita lección de patriotismo, alabando como se merece la obra y la personalidad del jefe del Estado, el general Franco, que nuevo Constantino sabe hacer del signo de la cruz el emblema de la patria que nace del heroísmo de las juventudes españolas”. Durante la misa, uno de los trimotores del ejército del aire sobrevoló la ceremonia, “bajísimo, antes y después, y en plena misa”.
Mientras tanto, los promotores republicanos de las escuelas, como Francesc Rosselló Gil y tantos otros maestros, eran represaliados, perseguidos, encarcelados y asesinados.