Música

Gemma Camps, una batuta en un mundo de hombres

La mallorquina debuta a 31 años como directora musical en el teatro Principal de Palma con ‘La voz humana’, en un ámbito donde las mujeres son minoría

20/04/2026

PalmaGemma Camps (Palma, 1994) cumplirá un sueño los días 24 y 25 de abril. O cerrará un círculo. O las dos cosas a la vez. Será entonces cuando vuelva al teatro Principal de Palma, donde dice que se enamoró de la ópera. Ahora, con el encargo de dirigir una. “Recuerdo perfectamente la primera que vi allí, sentada en platea a 15 años. Era La Bohème, y supe de inmediato que yo me quería dedicar a esto”, reconoce. Dieciséis años después, será la encargada de la dirección musical de La voz humana, producción que se enmarca en la edición número 40 de la Temporada de Ópera del Principal. Con dirección escénica de Roberto G. Alonso y con Marga Cloquell de soprano, se espera que sea uno de los estrenos de la temporada. Lo será seguro para Camps, que a 31 años se ha convertido en una de las figuras destacadas de la dirección musical, un terreno donde todavía hoy las mujeres, y mucho más las mujeres jóvenes, son una excepción. Según el estudio más completo hecho hasta ahora sobre esta cuestión, de la Fundación SGAE, las mujeres directoras no llegaban al 8% en el año 2019.

“Tanto cuando estudiaba composición en Palma como cuando estudié dirección en Madrid, la gran mayoría de personas con las que trataba eran hombres”, rememora Camps. “Como mucho había alguna mujer profesora. En el caso del Conservatorio, pienso en Carme Fernández, que ya fue toda una pionera. En la carrera de dirección, en Madrid, empezó otra chica conmigo, pero no aguantó y, después del primer curso, lo dejó. En el ámbito profesional, me he encontrado que la situación no cambia mucho, tampoco. En las corales y agrupaciones amateurs suelen ser más mujeres, porque pasa como con la cocina: que en casa quien cocina son las mujeres, pero los profesionales, los chefs, suelen ser hombres. La gran mayoría de directores profesionales son hombres que tienen unos diez años más que yo”, confiesa. Y, aun así, desde bien pequeña tuvo muy claro que quería dedicarse a la dirección.

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“¡Serás la primera!”

“Hace 50 o 60 años hubo mujeres que empezaron a abrir camino, pero todavía faltan referentes”, afirma, y señala su entorno como un factor determinante para conseguir sus objetivos. “Yo vengo de una familia muy cultural, donde siempre ha habido teatro, literatura y música, a pesar de que en la familia no había ningún músico profesional. La música me atrapó desde muy pequeña. No recuerdo ningún momento de mi vida en que no haya querido dedicarme a ella, aunque no supe de qué manera hasta que fui mayor”, comparte. “Soy percusionista, he estudiado piano y también canto, pero la dirección me permite manipular la música desde otra perspectiva, involucrarme a través de todos los instrumentos. Ahora, yo recuerdo perfectamente que un día le dije a mi madre que no sabía si podría dedicarme a ello porque nunca veíamos mujeres directoras por ninguna parte. Y ella me respondió que daba igual, que yo podía ser la primera. He tenido la suerte de tener este acompañamiento que no todo el mundo tiene. Y por eso es tan importante que las niñas nos vean dirigiendo, que lo normalicen”.

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De hecho, haberse convertido en una de las referentes de la dirección musical en el panorama estatal –a los 25 años dirigía la orquesta y los coros de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y desde entonces es todavía la única mujer que dirige una orquesta universitaria en la comunidad– es un paso más en el camino que ha hecho desde muy pequeña para conseguir esta normalización. Tenía solo diez años cuando se convirtió, junto con Sònia Aguareles y Helena Dodd, en una de las tres primeras niñas que se incorporaban a la Escolanía de los Blauets de Lluc, en el año 2005. Veinte años después, sin embargo, todavía percibe diferencias por el hecho de ser una mujer que se dedica a la dirección.

“No quiere decir que pase siempre, pero sí que muchas veces te das cuenta de que los músicos reciben las cosas de manera diferente porque es una mujer quien lo dice. O que critican a una directora que tuvieron y que la recuerdan precisamente porque era una mujer. Eso hace que, como mujer, cuando llegas a un puesto de responsabilidad, te sientas más observada, cosa que te obliga a adoptar una posición de vigilante. Estás pendiente, vas alerta, porque las mujeres no tenemos derecho a la mediocridad cuando conseguimos un trabajo de responsabilidad. Si lo hacemos mal, es porque somos mujeres, y todos tenemos derecho a equivocarnos, ¿no? Los hombres también tienen malos días”. Estas diferencias, matiza Camps, llegan también en cuestiones más puramente estéticas, que pueden parecer anecdóticas y no lo son. “Fíjate que yo dirijo orquestas y coros que forman parte de mi día a día, que con los músicos nos vemos a menudo. Pues cuando subo al escenario para dirigir un concierto siempre hay alguien que me dice que estoy guapa. Que no pasa nada, ojalá, pero ¿a que no se lo dirían eso a un hombre? Es esta sensación constante de que todo lo que haces puede ser comentado y criticado, y que tienes que defender siempre que si has llegado a donde estás no es porque seas una mujer, ni para cumplir un expediente. Que a lo mejor te lo has ganado y ya está”.

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Más mujeres que estudien música

Quien también constata las dificultades de las mujeres para acceder a determinados espacios de la música profesional es Cristina Martínez, actual gerente de la Orquesta Sinfónica de las Islas Baleares. “Durante muchos años el mundo de la música profesional ha sido un mundo con mayoría de hombres”, afirma, “pero poco a poco yo creo que empieza a cambiar. Y a mí misma me pasa ahora, como gerente, que me doy cuenta de que a veces parece que tengo que hacer más trabajo, que tengo que demostrar algo que ellos no necesitan demostrar. Y hasta que no he ocupado este cargo no he sido realmente consciente”. No solo en los puestos con responsabilidad, como la dirección y la gerencia, también entre los intérpretes de determinados instrumentos hay, todavía hoy, más presencia masculina. Sin embargo, la gerente de la Sinfónica reconoce que para hacer la elección de los intérpretes el único tamiz que se ha tenido en cuenta siempre ha sido la calidad musical. “Cuando hablamos de planes de igualdad yo siempre digo que en un lugar como la Sinfónica hay cosas que son complicadas. Porque en las oposiciones nosotros no vemos si son hombres o mujeres, solo escuchamos cómo suena el instrumento y en función de eso las valoramos. En las últimas que hemos hecho, ha habido una mujer y dos hombres que han obtenido plaza. Y cuantas más mujeres haya que estudien música, más habrá que lleguen a estos puestos. Ahora ya hay más mujeres en el Conservatorio, y en las orquestas, y en todas partes. Se conoce que las cosas empiezan a cambiar”.