Observatorio

Davidsen, el regreso

03/08/2026 - 18:44 h.

PalmaNadie que asistiera al concierto que el 23 de mayo de 2019 ofreció en el Auditòrium de Ciutat la Orquestra Simfònica Illes Balears olvidará la voz de la soprano noruega que había venido a sustituir a la norteamericana Lise Lindstrom. El nombre de Lise Davidsen comenzaba a sonar con fuerza, en fulgurante ascensión, mientras iba asombrando a todo el mundo, sin excepción. Incluso a los responsables del oráculo wagneriano, donde este mismo año, dos meses después, debutó con el papel de Elisabeth de Tannhäuser con un éxito fuera de medida. A partir de aquí, la posibilidad de un retorno no era ni tan siquiera remota. Otra vez las predicciones que no pocos adivinos habíamos hecho se hicieron añicos cuando el Festival Cap Rocat anunció que tendríamos la posibilidad de volver a disfrutar del inconmensurable talento de Lise Davidsen, además en su debut en España como Floria Tosca. Tan solo esta circunstancia convertía la versión semiescenificada de la ópera de Puccini en un acontecimiento del máximo de quilates posible. 

Desde su entrada en escena, “¡Mario, Mario, Mario!”, hasta “O Scarpia, Avanti Dio” con que concluye la representación exhibió todas y cada una de sus infinitas y estratosféricas posibilidades. Volumen, fiato, proyección, timbre, densidad, consistencia, coloratura dramática… hicieron acto de presencia en todas y cada una de sus intervenciones, especialmente y como no podía ser de otra manera en la mítica Vissi d’arte, que, naturalmente, tampoco jamás olvidaremos. Pero la Davidsen no venía sola, sino muy bien acompañada. Ni más ni menos que con un Scarpia poderoso y prodigioso como es el que nos regaló Ludovic Tézier, que hasta nos hizo olvidar las múltiples y extraordinarias referencias que tenemos del malvado por antonomasia, con permiso del verdiano Iago. Dramáticamente inconmensurable, vocalmente impecable. Cada gesto, cada pequeño silencio que incorporaba al personaje lo enriquecía, lo definía a la perfección y lo convertía en ese ser maligno que tantas veces nos ha cautivado. Tézier fue un Scarpia soberbio. Otra buena razón para magnificar el espectáculo. Quedaba un último ángulo para completar la historia, Mario Cavaradossi, al que interpretaba otro de los elegidos que habitan en el Olimpo de la ópera, Freddie De Tommaso. Un personaje con un poco menos de peso específico, pero que de alguna manera tiene que cantar las dos piezas más emblemáticas, como son la romanza Recondita armonia y el aria E lucevan le stelle. La primera, que siempre es como un escollo para el tenor, como una prueba de fuego del compositor, provocó un pequeño desfase con la orquesta, dirigida por Pablo Mielgo, que en conjunto puso todo su bagaje frente a lo que ostentaban los que tenían delante. No era sencilla la conjunción y por muchas razones, aunque el resultado global fue más que satisfactorio. Y lo que lo fue del todo, fue la intervención de Tomeu Bibiloni, valor seguro, como Sagrestano, o la de Sebastià Serra interpretando Angelotti. Impecables. De la misma manera que cumplió su cometido el coro Cap Rocat, dirigido por Joan Company. Todo ello una Tosca que seguramente ni siquiera habíamos podido soñar.