Así se hacen las cosas
El teatro Principal de Inca acoge la versión más innovadora de 'Così fan tutte'
El reto tenía mucho de riesgo. La liaison entre el teatro Principal de Inca y la Orquestra de Cambra de Mallorca está recogiendo cada vez más sabrosos frutos. Dicho esto, hay que alabar esta última hazaña, que sin duda no será la última ni de lejos, como es ahora la completa escenificación del Così fan tutte, de Mozart, con tan solo unos pequeños y nada trascendentes cortes argumentales con los cuales, por otra parte, han conseguido dar mucha fluidez a la narración y hacen que todo transcurra con la máxima naturalidad para una historia que, como casi todas las comedias bufonescas, no pretende ningún tipo de verosimilitud ni credibilidad. La pretensión está en el trasfondo de la trama, que, en este caso, va bien repleta de lecturas. Tanto es así que Miquel Àngel Raió, el director artístico de este suceso, en la medida de lo posible, ha cambiado el discurso, salvando un poco lo que hacen “todas”. No era sencillo ganar un pulso a Lorenzo da Ponte. Lo dejaremos en tablas. Raió, donde sí ha sido indiscutiblemente fundamental ha sido en la puesta en escena y todo lo que tiene que ver con el envoltorio –idóneo, sencillo y eficiente–, en la muy cuidada dirección de actores y todos los demás elementos que, con la colaboración escenográfica y estilista de Adema, hacen que todo funcione sin trabas ni treguas. Incluso de la incorporación de los tres bailarines saca provecho argumental.
Tampoco es ajeno a todo esto, sino todo lo contrario, Bernat Quetglas, director titular de la orquesta, del proyecto y de la función. Trabajo bien hecho, donde no ha dado muchas posibilidades al público de manifestar, en tantas ocasiones como hubiera podido suceder, su asentimiento con las palmadas de rigor. Pero no es menos cierto que de esta manera ha dado un fundamental plus de continuidad a la trama. Al mismo tiempo, ha generado una tensión musical en la formación con unos resultados óptimos y, como gran logro, destacaría el imprescindible equilibrio musical que en todo momento ha presidido el espectáculo. Un espectáculo medido, ponderado y templado donde se hace casi imposible destacar uno u otro.
En el capítulo de las voces, casi también kilómetro cero, no hay que poner énfasis en este gran hechicero y embaucador Don Alfonso, interpretado por Jorge Tello, porque es valor seguro y en este caso tampoco fue una excepción. Irene Mas hace una Despina impecable, buscando y encontrando el tono y la textura adecuada para cada registro. Por lo que respecta a los cuatro protagonistas, Natàlia Salom, Mar Esteve y Rodrigo, Sebastià Serra y Víctor Jiménez, de entrada, casan físicamente a la perfección con los personajes que interpretan, circunstancia que les da mucha credibilidad, que, además de la gracia con que lo hacen, aporta valor añadido. Un valor añadido que no sería nada si no cantaran con la misma eficacia y destreza. Agilidades, colores y proyección, y todo encajado con el resto como es debido, de tal manera que hizo que las dos horas y media transcurrieran como una exhalación. Trabajo, mucho y bueno. Así se hacen las cosas.