Cómo era Caterina Valriu, según su hermana: "La llamaban na Patufeta porque era más pequeña que las otras"

Paula Valriu, hermana de la filóloga y cuentacuentos, nos explica los secretos mejor guardados de su infancia

07/06/2026

PalmaYa desde muy pequeña tenía las ideas muy claras. “Cuando se le metía algo entre ceja y ceja, tenía que salirse con la suya”, cuentan de ella. Pronto desarrolló una habilidad especial para conseguir aquello que quería: “Sabía perfectamente cómo pedir las cosas a cada persona. Lo hacía con inocencia, pero se salía con la suya casi siempre. Ha tenido mucha intuición para leer a la gente”. Los niños y las historias han sido dos constantes a lo largo de toda su vida. Cuando era niña, sentaba a las muñecas y les contaba cuentos. Más adelante estudió Magisterio y ejerció durante unos años como maestra de Primaria antes de dedicarse plenamente a la filología. Hablamos de Caterina Valriu (Inca, 1960), na Catalina Contacontes, y nos la acerca su hermana mayor, Paula, que le lleva siete años.

Y a causa de esos siete años de diferencia, Paula tuvo que asumir a menudo responsabilidades de hermana mayor. La madre trabajaba muchas horas en la carnicería familiar y llevaba también el peso de la casa. Caterina empezó la escuela un poco antes de lo que le correspondía. Cada día, llevarla hasta la escuela era una aventura: “¡No quería ir de ninguna manera! La tenía que arrastrar, como quien dice, y solo lloraba y protestaba”, cuenta Paula, aún medio resoplando solo de recordarlo. Eso solo pasaba durante el camino: una vez llegaba a clase, el disgusto se le pasaba y se adaptaba sin problemas. Cuenta, también, que a Caterina le decían “na Patufeta, porque era más pequeña que las demás”.

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El carácter de la niña fue fuerte y firme desde el principio. Una anécdota familiar lo ilustra: eran los años sesenta. Los Reyes le trajeron una muñeca que no era exactamente la que ella había pedido. Caterina quería una muñeca a la que le crecieran los cabellos; en cambio, los pajes le dejaron un muñeco con biberón. “Era guapo y jugaba con él, pero no era lo que ella había pedido y estuvo todo el año repitiéndolo. No abandonó aquella idea ni un momento”, recuerda. Con tanta insistencia, al año siguiente los Reyes le trajeron la muñeca deseada. “Tenía cuatro o cinco años, y que durante un año entero no cambiara de opinión dice mucho de su carácter. Caterina siempre ha sido una persona muy firme. Y para ser tan firme también tienes que ser un poco cabezota”, resume la hermana mayor cuando recuerda la infancia de quien con los años se convertiría en una de las grandes especialistas en literatura popular e infantil de Mallorca.

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Aunque empezó a leer relativamente tarde, tenía una memoria extraordinaria. Cada quince días, las hermanas iban a comprar un cuento nuevo. Paula se encargaba de elegirlos y leerlos en voz alta. Aún lo cuenta con cierta sorpresa: “Después de oírlos dos veces, se los sabía de memoria. Si mientras lo leías cambiabas una frase, te corregía inmediatamente”. Cuando aprendió a leer, ya no paró.

La cultura ocupaba un lugar importante dentro de la familia. La madre, a pesar de no tener estudios, era una gran aficionada a la cultura popular y poseía una memoria prodigiosa. Rondallas, romances, glosas y canciones formaban parte del ambiente cotidiano. “Este calor nos viene de ella, nos despertó el interés por la literatura popular”.

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Hoy, Paula ve en los ojos de Caterina aquella determinación y firmeza que tanto la caracteriza, además de una persona “muy fiel a sus principios, implicada en su trabajo, que siempre lo ha dado todo por sus alumnos y ha conservado las amistades de toda la vida”. Las dos hermanas han compartido aficiones sencillas: partidas de Scrabble y muchas horas en la cocina. “Ella es la reina de los canelones”, declara. ¡Y que por muchos años puedan comerlos!