Literatura

Carles Rebassa: “Desde que tengo 13 años, recibo ataques por no cambiar al castellano”

Poeta, ganador del premio Sant Jordi por la novela 'Prometeo de las mil maneras'

18/05/2026

PalmaHay quienes lo recuerdan como el monitor que durante las colonias de la Associació de Joves Escriptors en Llengua Catalana (AJELC) del año 1996, que se hicieron en la Colònia de Sant Pere, corría por el pasillo gritando “tengo la misión de salvar la lengua catalana”. Treinta años después, el mallorquín Carles Rebassa (Palma, 1977) dijo más o menos lo mismo en un contexto muy diferente. Fue al recoger el premio Sant Jordi por la novela Prometeo de las mil maneras, que saldrá a la venta el próximo 24 de marzo. “Tenemos que tener una legislación que haga que el catalán sea imprescindible para vivir en los Països Catalans”, dijo.

¿Os han dado más la enhorabuena por el premio o por el discurso?

— Más o menos igual, por las dos cosas. Llevaba el discurso bien preparado, porque cuando tienes un micrófono tienes que aprovechar para decir determinadas cosas. Creo que es más interesante que decir si estoy contento o no. Es por sentido de responsabilidad, más en un momento como el actual, en que parece que todo va bien y no va.

¿Lo parece? Este lunes el PP y VOX han pactado eliminar el requisito del catalá para las plazas de docentes de difícil cobertura.

— Na Margalida Prohens dice siempre que esta no es una legislatura de conflicto. Y cuando veo la poca respuesta que hay ante los ataques tan fuertes que recibimos, me da la impresión de que vivimos en un tiempo de conformismo. Como si te mataran poco a poco y tú no te defendieras. Lo mismo pasa en Barcelona y en el Principado, con gobiernos que hablan de pacificación después de la revuelta, mientras te llegan noticias que dicen que el uso del catalán baja cada día. La falta de políticas para defendernos es ir en contra de nuestros derechos. Son derechos recogidos en el Estatuto y en la Constitución, los cuales no son ideológicos. 

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Hubo un momento en que se dieron pasos importantes en este sentido, pero parece que hayan quedado en nada.

— En los últimos años no se ha hecho nada. Y no hablo solo del PP y Vox, el gobierno de Armengol se caracterizó por no hacer nada para evitar el desastre que tenemos actualmente. Hay una obsesión por relacionar lengua y determinadas ideologías políticas que es perversa. Se asocia el catalán a independentistas, separatistas, racistas… En Barcelona, se relaciona con gente con dinero, como si la clase trabajadora no hablara catalán, o con algo antiguo.

Su discurso del sábado ha sido muy aplaudido. No sé si más por extraordinario o por necesario. 

— Está muy bien celebrar que se hacen libros y dar premios, pero se ha de poner como tema central que la principal causa de discriminación en Barcelona es hablar catalán. Gente que no te entiende, gente que recibe insultos… Casos delirantes que son racismo: racismo social, xenofobia y, en definitiva, franquismo. La literatura catalana es una literatura minorizada, que no tiene las facilidades de otras literaturas que disponen de un estado detrás y unas políticas lingüísticas a favor. Es muy necesario que todos los sectores implicados en la lengua, y hablo de escritores, pero también de docentes y periodistas, hagan un llamamiento a exigir medidas para revertir esta situación.

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Hace treinta años ya predicabais que vuestra misión era salvar la lengua catalana en unas colonias de la AJELC en la Colonia de Sant Pere, no sé si lo recordáis.

— La verdad es que no recuerdo mucho de aquellas colonias, porque debió ser por esos gritos en situación de alegría etílica [Riu]. Pero yo siempre he tenido este pensamiento. Me determiné lingüísticamente a los 13 años y desde el minuto cero recibí ataques por no cambiar al castellano.

¿Qué pasó cuando teníais 13 años?

— Que vi que en mi clase había o chicos que solo hablaban en castellano o chicos que cambiaban de lengua, y decidí que yo no cambiaría más. Fue una manera de encontrarme a mí mismo, de darme identidad como individuo. Siempre me ha gustado leer y sentí esta afiliación hacia la catalanidad como una parte de mí, como una manera de ser en el mundo. Decidí dejar de hablar en castellano, que era como me habían enseñado que se tenía que hacer.

¿Y ya entonces recibisteis ataques?

— Sí, recuerdo ir a una floristería a comprar un ramo para mi abuela y recibir una reprimenda de una mujer. La florista, que era quien me había hablado inicialmente en castellano, llegó a defenderme. Porque aquella mujer no podía consentir que hubiera un mocoso que hiciera eso. Fue una manera de determinarme, cosa que creo que deberíamos hacer todos los catalanohablantes. Determinarnos, decir “hasta aquí hemos llegado”.

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Hace más de cuarenta años, pues, de esta determinación vuestra, y seguís con la misma convicción, a pesar de que haya habido tantos retrocesos. 

— Es que yo creo, en estas cosas. No quiero encogerme ante este pesimismo general, porque yo creo que las cosas se pueden revertir. Todo se puede revertir, pero para hacerlo, como para crear, hace falta voluntad. Si hay voluntad, todo se puede hacer, y la política es eso: la realización de la voluntad. Gente como Margalida Prohens y sus amigos fachas tienen la voluntad de destruirnos, de convertir Mallorca en un parque temático turístico y dejarnos a nosotros como algo anecdótico. Tienen la voluntad de hacerlo y, si se lo permitimos, lo harán.

Este cambio que ha vivido y vive Mallorca, y en concreto Palma, es presente en Prometeo de las mil maneras. La novela conecta con vuestra experiencia como camarero del desaparecido café Món de Ciutat.

— Fue precisamente cuando trabajaba allí que comencé a pensar en escribir este libro, en el año 2000.

Cuando cerró el Mundo todavía nos sorprendía el cierre de lugares definitorios de la ciudad.

— ¿Cuál fue la semilla del libro, aquellas primeras ideas de hace 26 años?

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¿Cuál fue la semilla del libro, aquellas primeras ideas de hace 26 años?

— Quería juntar algunas cosas. En primer lugar, Prometeo como mito. Este hijo de Zeus que le engañaba para acercarse a los hombres y que le robó el fuego para dárselo y que, a causa de esto, fue castigado duramente. Lo quería juntar con la vida de un chico de Palma que hace este trabajo pero que, como se suele decir, 'tiene mal por la cabeza y no son crosteras'. También quería añadirle laAuca de Bartomeu Rosselló Pòrcel, un poema que es una descripción a veces irónica, a veces entusiasmada y a veces crítica de Palma. Tenía ganas de charlar de esta ciudad, la mía, con la cual tengo una relación de atracción y rechazo. La veo tan cambiada, tan vendida, tan ocupada y tan castellanizada que, a veces, es como si ya no fuera Palma.

¿Hay algún rincón que todavía lo sea?

— Mira, hay uno que sale bastante en el libro, la plaza de Can Tagamanent. Parece que no ha pasado el tiempo, con aquel empedrado y con la tranquilidad de la calle de Sant Bartomeu. En cambio, donde vivía yo de pequeño, cerca de plaza París, es un lugar completamente diferente. Aprendí a ir en bicicleta por allí, en los solares que había detrás del Matadero. Mi padre me enseñó por allí, y entonces ir hasta la antigua prisión era como ir a la otra punta del mundo. No queda nada, de todo esto.