¿Qué necesita en 2026?

El verdadero reto económico: saber decir lo suficiente

La unanimidad entre los expertos sobre la necesidad de un cambio de rumbo para Baleares es tan grande como la carencia real de alternativas

07/01/2026

PalmaBaleares del siglo XXI ponen las teorías económicas a prueba. Mientras los principios establecidos por los teóricos hablan generalmente de crecer, de ir a más, a las Islas lo único que ahora mismo aumenta es el consenso sobre la necesidad de cambiar de sentir y reducir. En función del organismo o del especialista consultado, las propuestas y recetas para el futuro varían entre decrecer o mantener las actuales cifras de pasajeros. Pero en ningún caso -ni siquiera lo hace el sector del alojamiento- se propone incrementar las estadísticas de llegadas. El reto económico por Baleares en el 2026 tiene un nombre: saber frenar y poner límites.

Las Islas comienzan en el 2026 tras medio de siglo de expansión turística que ha desbordado las expectativas y la planificación. El turismo y las infraestructuras aeroportuarias se han convertido en el principal termómetro de la economía balear.

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En el aeropuerto de Palma, las cifras anuales muestran una expansión ininterrumpida: desde 2000 hasta 2024 el número de pasajeros ha aumentado cerca del 63%, con récords históricos año tras año. En 2024, Son Sant Joan cerró con 31,1 millones de pasajeros y superó la previsión de Aena para 2026, que era de 29,4 millones –un 14% por encima del techo previsto en un documento estratégico elaborado años atrás por la empresa aeroportuaria. Este ejemplo sintetiza el desajuste entre las previsiones oficiales y la realidad de una demanda que ha venido por delante de las capacidades planificadas. La tendencia ascendente de vuelos y pasajeros "pone a las Islas bajo presión constante y tiene consecuencias directas sobre los recursos naturales", explica en el ARA Baleares Jaume Garau, portavoz de la plataforma Palma XXI, que aglutina a entidades preocupadas por el futuro social y económico.

El 'low cost', clave en la saturación

Una de las claves del crecimiento ha sido la consolidación del modelo de las aerolíneas de bajo coste, que "han representado un papel primordial en hacer las Islas mucho más accesibles para los turistas, y también en cuanto a la conectividad de los isleños", dice el decano de la Facultad de Turismo de la UIB, Tolo Deyá. "Eso tuvo un sentido. Pero Baleares necesita decidir mejor de cara al futuro cómo y cuánto turismo quieren recibir", añade.

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Buena parte del tráfico internacional y nacional de los aeropuertos baleares se ha concentrado en empresas como Ryanair, easyJet y Vueling, que han hecho de Baleares uno de sus principales mercados de vacaciones y conexiones de bajo coste. Según datos de Aena, hasta octubre de 2025 cerca del 70% de los viajeros internacionales han volado con aerolíneas de bajo coste, un indicador de la fuerte dependencia del Archipiélago con este modelo y que ha contribuido a intensificar la presión sobre infraestructuras y servicios locales.

Este modelo ha sido la base de la economía balear durante décadas, pero no ha salido gratis. El empleo y los ingresos que genera el turismo son todavía el eje central de la economía. Pero la presión humana de los visitantes y los trabajadores de fuera que requiere el modelo se ha incrementado de tal modo que los servicios e infraestructuras públicos se desbordan a menudo. Todo ello ha afectado a la vivienda y la calidad de vida de los residentes "de una forma muy grave". "Ahora mismo no podemos acceder a la vivienda ni disfrutar de las calles, ocupadas por terrazas y otros usos de ocio", lamenta Garau. Ha crecido entre la población la sensación de que la mayoría de los recursos se orientan más a satisfacer la demanda turística que las necesidades de quienes viven todo el año en las Islas. "Es un sentimiento que se confirma si uno recorre pueblos y ciudades. Hemos perdido muchos espacios públicos y calidad de vida. Si queremos una economía sostenible, solo hay un camino: limitar la llegada de turistas y la compra de propiedades, así de sencillo", añade.

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El consenso sobre limitar la oferta abarca a buena parte de la sociedad, pero las instituciones no son capaces ni siquiera de eliminar las plazas ilegales de alojamiento, principalmente las del alquiler vacacional. "Sería un buen propósito para el 2026, que se empiece a trabajar en serio con la oferta ilegal. Es importante porque nos permitiría mejorar la experiencia turística y recuperar un poco la calidad de vida de los residentes, que también debe ser prioritaria", admite el empresario hotelero Jaume Horrach.

El Producto Interior Bruto (PIB) per cápita lleva años menguando y las Islas van perdiendo el liderazgo que tenían hace décadas en materia de riqueza por habitante. Cataluña, Navarra y País Vasco son economías más diversificadas y ocupan hoy en día sus primeras posiciones.

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El catedrático de Economía Antoni Riera señala que, cuando el PIB per cápita retrocede al mismo tiempo que el entorno avanza, el diagnóstico apunta a una combinación de factores estructurales entre los que se encuentra "la productividad estancada en una economía centrada en servicios de baja intensidad tecnológica y con capacidad limitada de escalado, y una dependencia elevada de turismo", choques externos y con dificultades para impulsar salarios reales". Riera recuerda que la presión demográfica y residencial ha encarecido el coste de la vida en los isleños y que esto "erosiona la renta disponible, incluso cuando hay empleo". Otro problema de Baleares es la infrafinanciación, que limita la capacidad de realizar cambios reales. "Existe una capacidad inversora limitada (pública y privada) para sostener transiciones intensivas en capital: digital, energética y de conocimiento", que según Riera son imprescindibles si las Islas quieren continuar hacia un modelo más equilibrado y con futuro.

Este análisis aporta el marco conceptual para entender por qué las Baleares necesitan poner límites y planificar un crecimiento más equilibrado y de valor, no sólo de volumen de turistas. de exportación. "Hay mucha gente que dice que, de no ser por el turismo, moriríamos de hambre y eso es mentira", subraya Garí sobre la necesidad de diversificar la economía. "Si miramos qué pasa en las comunidades con mayor renta per cápita, el sector industrial tiene un papel clave, porque necesita especialistas, paga mejor y distribuye mejor la riqueza", continúa, y lamenta que "las empresas industriales de Baleares son pocas y pequeñas". "Necesitamos un impulso fuerte", dice –declaraciones recogidas en artículos del ARA Baleares. La diversificación productiva es clave para la resiliencia y sostenibilidad económica de las Islas.

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Nadie imaginaba que se llegaría al 2026 con más de 18 millones de turistas y más de 30 millones de pasajeros en los aeropuertos baleares. Esto implica que el debate político, económico y social debe girar 180°. El objetivo debe ser establecer límites sostenibles de capacidad, infraestructuras y empleo, reequilibrar la economía local, promover sectores productivos alternativos con valor añadido y mejorar la planificación urbana y el mercado de la vivienda para asegurar la calidad de vida de los residentes. Baleares ha ido siempre por delante de las previsiones oficiales, y el reto del 2026 será demostrar que pueden gestionar esta dinámica de forma sostenible, equitativa y con una visión estratégica que vaya más allá de las cifras de pasajeros.