PalmaUn británico llega a Mallorca y se encuentra con la desagradable sorpresa de que todos los hoteles de Palma están llenos. No, no es un verano de los de ahora. Es un invierno de los años treinta, hace casi un siglo, y es como comienza Problema en Pollensa, la narración que Agatha Christie ambientó en esta localidad mallorquina que conocía de primera mano, porque veraneó. Recordamos a la reina del crimen y sus vínculos con la isla, cuando hace cincuenta años de su muerte, el 12 de enero de 1976.
Los libros de Agatha Christie se consideran de los más leídos de la literatura universal, sólo por detrás de la Biblia y de su compatriota William Sha No hace falta imaginarla como una dama sedentaria sólo porque, como ella misma confesó, las mejores tramas criminales se le ocurrían cuando acortaba. Fue enfermera en la Primera Guerra Mundial y viajó prácticamente por todo el mundo, en parte a causa del trabajo de su segundo marido, que era arqueólogo.
También es uno de los motivos por los que un buen puñado de sus novelas se sitúan en escenarios exóticos –para el lector británico, claro: Asesinato en Orient Express es una de las más conocidas y poder viajar en el tren Orient Express fue una experiencia que vivió en persona. "Nunca recuerdo una cara", confiesa en su autobiografía. En cambio, "los sitios permanecen en mi memoria".
Uno de estos paseos por el mundo lo llevó, el verano del año 1932, al Puerto de Pollença. Entonces esto del turismo quedaba muy lejos del monocultivo en el que debería convertirse. Sólo algunos artistas excéntricos –y con recursos económicos– podían permitirse viajar por gusto. Como su compatriota y colega Robert Graves, quien llegó a Deià en 1929. Si bien, en su caso, el vínculo con la isla se hizo permanente.
Cuando hizo la breve lista de las cosas que más le gustaban –solo seis líneas–, la autora británica incluyó "la luz del Sol, ir a la playa, bañarme y nadar". Así que se supone que se lo pasó en grande al disfrutar del mar de Mallorca en verano –en comparación con el clima de su país–, en aquellos tiempos en los que no era necesario hacer guardia para reservar un espacio para plantar la sombrilla. Parece que el paisaje de Pollença le gustó mucho y que daba paseos hasta el faro.
Una semana en Sóller
Problema en Pollensa (Problem at Pollensa Bay), publicada por primera vez en 1935, es la narración que le sugirió este escenario de Mallorca. Se trata de una historia breve, de una veintena de páginas. Aquí no hay ningún asesinato –uep!, disculpas: me ha escapado–, pero sí un asunto complicado de resolver. El protagonista no es ninguno de sus dos personajes más conocidos: Poirot y Miss Marple, sino otro, Parker Payne, quien tiene una especie de capacidad para solucionar cualquier maraña. Ahora bien, es Pollença la que da título a una recopilación de historias que le acompañan, alguna de ellas protagonizada por el perspicaz detective belga o por la astuta dama británica.
Eso sí, al bajar del barco que lo lleva desde Barcelona, Parker Payne descubre que los hoteles están llenos: "Palma se había puesto de moda. Ingleses y americanos iban a pasar el invierno a Mallorca". Al igual que viajeros del Imserso. Sólo encuentra, en el centro de Ciutat, un camarón, sin ventilación, donde no está dispuesto a alojarse. La reacción del dueño del hotel resulta genuinamente mallorquina y prueba que Christie debió conocer a los isleños bien. Se encoge de hombros y le suelta: "¿Qué quiere que le diga?". Sólo le falta añadir "sin embargo".
Parker Payne debe buscar una alternativa: Sóller, Alcúdia o Pollença son otros posibles lugares donde encontrar alojamiento. Del hotel Formentor, recién inaugurado entonces –en 1929–, ni hablar, porque, le advierte un taxista, los precios son carísimos. Era "un centro para adinerados".
Al fin, Payne encuentra alojamiento en el hotel 'Pino d'Oro', en Pollensa. Sus propietarios no hablan idiomas –parece que hablamos de la prehistoria del turismo–, pero él encuentra "la paz y el sosiego" que buscaba, en una habitación con vistas al mar. Los demás huéspedes del establecimiento son también extranjeros: los hay británicos, alemanes y daneses. No todo el mundo se siente tan a gusto en Mallorca: una joven, bastante excéntrica, la califica de "isla horrible", y dice que se muere de aburrimiento.
Agatha Christie describe la Pollença de la época como "un pueblecito de pescadores", con un bar y pocas tiendas. La única pincelada discordante: una "colonia de artistas", con chicas que visten pantalones y chicos "con boina y pelo largo" que hablan de arte abstracto. Payne pasa también "una semana muy agradable" en Sóller.
Parece lógico identificar el 'Pino de Oro' con el hotel Illa d'Or, de nombre muy parecido, que había abierto sus puertas poco antes, también en 1929. Por tanto, Christie se habría alojado en este establecimiento. Ahora bien, esto no es tan sencillo de averiguar. Lo podría haber hecho en el Seis Pins –de ahí, lo del 'Pino'. O en el Mar i Cel, el cual en la historia protagonizada por Payne sale como 'hotel Mariposa'.
También parece que Christie visitó Mallorca en más ocasiones. Muchos años después, ya en los sesenta, cuando el número de visitantes había crecido espectacularmente, fue protagonista de una curiosa anécdota. Se esperaba con todos los honores al turista un millón –como la canción–, y quien descendió del avión fue la escritora de fama mundial. Pero ese reconocimiento no le correspondió a ella, sino a una pareja que viajaba en el mismo vuelo.
Crímenes en Raixa y en Formentor
Agatha Christie murió en 1976, pero sólo unos años más tarde Mallorca sirvió de plató de rodaje a la adaptación cinematográfica de una de sus historias más célebres, Muerte bajo el Sol (Evil Under the Sun, en realidad 'Maldat sota el Sol'), no en vano dirigida por un enamorado de la isla, Guy Hamilton, y protagonizada por otro: Peter Ustinov, en el papel de Poirot.
Esto suponía una buena promoción de la isla, en aquellos tiempos en los que nadie pensaba ni remotamente que debía ponerse freno al aumento de visitantes. Tanto, que cuando se estrenó, la crítica de David Ansen al Newsweek sentenciaba que "la película de Guy Hamilton es mucho más efectiva como anuncio de Mallorca que como thriller". Algo que, todo hay que decir, tampoco dejaba a Hamilton en muy buen lugar. Ahora bien, la valía artística quedaba en segundo plano, en comparación con la propaganda que aquello representaba: Hamilton fue galardonado con el premio Molí d'Argent, por la promoción de Mallorca con Muerte bajo el Sol.
Lo curioso es que, en la ficción, la acción no se sitúa en Mallorca, sino en Grecia, aprovechando la semejanza de los paisajes. Lo curioso aún es que en ningún momento nadie piensa que el asesino –hay un asesinato, claro– pueda ser indígena: sólo los visitantes extranjeros, que se alojan en un mismo hotel, son sospechosos.
Como ha sido habitual en producciones inspiradas en novelas de la autora británica, el resto del reparto fue verdaderamente de lujo, con estrellas del cine como James Mason, Maggie Smith, Roddy McDowall y Diana Rigg –célebre por la serie Los vengadores y mucho más recientemente por su papel de Olena Tyrell en Juego de truenos. También intervenían Nicholas Clay –el Lancelot deExcalibur– y Colin Blakely, que interpretó a otro detective ilustre, el doctor Watson, en La vida privada de Sherlock Holmes. Y Jane Birkin, que conocía bien a Mallorca, porque había pasado temporadas con lo que entonces era su marido, el compositor de bandas sonoras John Barry. Para las localizaciones se utilizaron la finca de Raixa, Cala Fornells y el Caló d'en Monjo en Peguera, Cala Deià y Formentor. También se utilizaron imágenes de la Dragonera.
Mucho más recientemente, Agatha Christie y su inseparable Poirot vivieron aún otro reencuentro con los mallorquines. Fue en 2021, en uno de los ciclos de Teatre de Barra, piezas de teatro breve que, periódicamente, se ponen en escena en bares de la zona de Blanquerna, en Palma. En Una cuestión de principios, con la dirección de Bernat Molina, con Aina Cortés como Agatha Christie y Jaume Sureda como Poirot, la escritora británica, un pico más, le complicaba la vida al detective belga, con una sucesión de posibles comienzos para nuevos casos por resolver.
Christie conoció bien otro archipiélago: Canarias. De Las Palmas hablaba en 1977 como "el lugar ideal de descanso", si bien "hoy en día se ha convertido en un gran centro turístico y ha perdido el encanto", cuando ella le visitó. Lo que diría de la Mallorca de noventa años más tarde ya podéis imaginarlo.u
Información elaborada a partir de textos de Matías Vallés y Antoni Janer Torrens, la autobiografía de Agatha Christie y su narración Problema en Pollensa, además de la web Wow Mallorca de la Fundación Mallorca Literaria.
Poirot, un incondicional de Formentor
Seis veces interpretó al polifacético actor británico de origen ruso Peter Ustinov el sofisticado detective belga creado por Agatha Christie, en otras tantas producciones: Muerte en el Nilo (1978), Muerte bajo el Sol( 1982), Trece en la mesa( 1985), Dead Man's Folly (1986) con la muerte (1988). Probablemente, ningún otro intérprete se ha puesto tantas veces en la piel de este personaje; salvo David Suchet, quizá el mejor Poirot de todos los tiempos, el cual protagonizó una serie de televisión.
Christie sentía verdadera debilidad por esa creación suya, hasta el punto de afirmar que quedaría con ella, decía: "el resto de mis días". Y así fue: meses antes de morir, mató al personaje en la última historia, titulada, de forma muy adecuada, Teló . A Christie le llamaba la atención que los intérpretes de Poirot fueran, habitualmente, hombres altos y grandes: como Ustinov, que pasaba el metro ochenta. Pero ella lo imaginaba más bien como poco. Como Suchet, 1,68 m.
Peter Ustinov era un habitual de Mallorca, con visitas que se prolongaron a lo largo de cuatro décadas. De hecho, se compró una casa en el Port d'Andratx, para pasar sus vacaciones. Después, cambió ese rincón de la isla por el hotel Formentor –sí, aquel que le parecía tan caro al taxista, en la Mallorca de los treinta. Navegaba por las aguas mallorquinas a bordo de su velero, el My Nitchevo . En 2000, Última Hora lo galardonó con un Siurell de Honor.
Cada verano, aparte de la pose de Ana Obregón y las regatas del emérito, las otras dos citas ineludibles eran las estancias en el hotel Formentor de Concha Velasco y del intérprete por excelencia de Poirot. Ustinov hablaba una mezcla de castellano y de italiano con la que se hacía entender. No sólo vino por vacaciones. Fue narrador para la Sinfónica de Baleares en un concierto con acompañamiento de texto, en 1997. Otra prueba de su versatilidad.