La subida del Pi a Pollença en un Sant Antoni marcada por la rotura del tronco y la lluvia
El árbol, de 22 metros antes de ser subido por Joan Rebassa, se ha roto primero por la parte superior y después, a diez metros de la base
This browser does not support the video element.
PollençaEl Pi de Pollença ya está subido, a pesar de una jornada marcada por la lluvia y por la rotura del tronco durante su traslado. Lo ha hecho Joan Rebassa, de 17 años, sobre las 21.50 horas, en una plaza Vella llena y cargada de emoción después de un día tan intenso como inesperado. Con el Pi finalmente conquistado, Pollença ha puesto el punto y final a las fiestas de Sant Antoni, en un año que quedará grabado en la memoria colectiva.
La jornada había comenzado a las 9.30 horas con el oficio de San Antonio en la parroquia de la Virgen de los Ángeles. A las 10 horas, la tradicional colcada y las benditas volvieron a llenar las calles del pueblo, con una presencia destacada de perros y caballos, pero también de conejos e incluso algún hámster, en una muestra más del carácter popular y transversal de la fiesta.
A las 11.30 horas, desde L'Almoina, todo el pueblo de Pollença ha partido hacia Ternelles para ir a buscar el Pi, acompañado por los Xeremiers Orats y los Xeremiers de la Font del Gall. Familias enteras, jóvenes, ancianos y grupos de amigos han compartido camino, reforzando este sentimiento de pueblo que hace del Pi mucho más que un acto festivo.
En Ternelles, el ambiente era optimista a pesar de las previsiones. Sobre las 13.00 horas cayó una breve lluvia, pero no alteró la comida popular ni el ánimo general. El Pi, que en aquellos momentos era de unos 22 metros de altura, ha salido de Ternelles a las 14 horas en dirección al pueblo, iniciando un largo y exigente trayecto.
La meteorología, sin embargo, ha acabado marcando el desenlace del recorrido. A partir de las 17 horas ha empezado a llover con mucha fuerza, y aunque la intensidad ha descendido posteriormente, la lluvia ha continuado cayendo durante buena parte del atardecer, añadiendo dificultad a un traslado ya de por sí complejo.
El Pi ha llegado a Pollença, pero el recorrido hasta el centro ha sido accidentado. Sobre las 19.30 horas, cuando el tronco ya estaba en el pueblo, se ha producido una primera ruptura en la parte superior: la remera, a unos dos metros de la cabeza, ha topado contra una pared mientras la gente empujaba. El incidente ha generado momentos de tensión e incertidumbre entre los asistentes.
Unos quince minutos más tarde, el Pi se ha vuelto a romper, esta vez a unos diez metros de la base, con un ruido muy fuerte que ha hecho crecer la sensación de alarma. Por último, quedaron de pie unos diez metros del tronco, lo que obligó a reordenar el desarrollo del acto.
Sin embargo, el ritual no se ha roto. El Pi ha sido plantado de pie en la plaza Vella y, ya entrada la noche, ha llegado el momento culminante. En silencio, con la plaza expectante y después de un día cargado de dificultades, Joan Rebassa ha encaramado el tronco y lo ha culminado, desatando la emoción contenida de un pueblo que había vivido la jornada con el corazón en un puño.
Con el Pi finalmente subido, Pollença ha cerrado San Antonio como sabe hacerlo: con orgullo, con perseverancia y demostrando que, incluso cuando todo se tuerce, el pueblo es capaz de sostener el ritual. Porque el Pi no es sólo un tronco derecho a una plaza, sino una manera de ser y sentir que, año tras año, se mantiene viva.