Justicia

Gabriel Oliver: "Hacer justicia en catalán todavía no es una normalidad en Baleares"

Presidente de la Audiencia Provincial

11/02/2026

PalmaEl magistrado Gabriel Oliver Koppen tomó posesión del cargo de presidente de la Audiencia Provincial de Baleares el pasado mes de septiembre. Durante el acto, el civilista dio el discurso íntegramente en catalán y dispuso de la presencia de una coral. Sustituyó al magistrado Diego Gómez-Reino, que ocupa actualmente la Sala de lo Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia de las Illes Balears.

Oliver ingresó en la carrera judicial en 1994 y su primer destino fue el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Ripoll, en Cataluña. También pasó por los Juzgados de Primera Instancia e Instrucción de Manacor e Inca. En Barcelona, ​​ascendió de juez a magistrado y posteriormente regresó a Palma donde se incorporó a la Audiencia Provincial de Baleares.

Asumiste la presidencia de la Audiencia el pasado septiembre y se presentó con un discurso íntegramente en catalán. ¿Cómo valora el estado de la lengua catalana en la justicia?

— La justicia en catalán es un reto pendiente. Es evidente que el catalán no es una lengua de uso generalizado en el ámbito judicial, pero los ciudadanos deben saber que tienen derecho a utilizarlo. Poco a poco hay que dar pasos para que el catalán se incorpore de forma más normalizada a la justicia, algo que hoy todavía no ocurre.

Precisamente existen iniciativas para dar a conocer este derecho, especialmente entre los juristas y desde la universidad. ¿Qué podría hacerse para avanzar más?

— Se han dado algunos pasos, como cursos de lenguaje jurídico en catalán. Yo mismo he hecho alguno. Ésta es la vía: la formación. También sería muy importante que los programas informáticos que se utilizan en los tribunales fueran plenamente bilingües. Cuando todo el procedimiento se desarrolla en castellano, después es muy difícil incorporar el catalán con normalidad.

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¿Considera que puede haber problemas si un ciudadano quiere dirigirse a la justicia en catalán?

— Hoy no creo que sea un problema. Si es necesario, está previsto que haya funcionarios que realicen labores de interpretación. El derecho está ahí y debe garantizarse.

Hace más de treinta años que ejerce de juez. ¿Qué es lo que más ha cambiado desde que empezó?

— Sobre todo la organización y tecnología. Hemos pasado del papel en el expediente electrónico, con un acceso mucho más fácil a la jurisprudencia ya la legislación. También ha habido muchos cambios legislativos y ahora estamos inmersos en una reforma profunda de la organización judicial.

¿En qué punto se encuentra el proceso de digitalización en la justicia? ¿Ha llegado la inteligencia artificial?

— Hoy en día trabajamos prácticamente sin papel, lo que es un gran avance. El próximo gran reto es la incorporación de la inteligencia artificial como herramienta de soporte, siempre con la premisa de que la decisión final debe ser del juez. La inteligencia artificial puede ayudar a ganar eficiencia, pero no puede sustituir al criterio judicial.

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¿Se ha empezado a utilizar la IA en los juzgados?

— Sí, sobre todo se está tratando de implementar para agilizar todo el tema del proceso de admisión de algunas cuestiones, pero nunca para aplicar la ley.

¿Cree que la nueva ley de eficiencia de la justicia servirá para reducir el retraso de los tribunales de instancia?

— Es una reforma que llevaba muchos años arrastrándose y que supone un cambio muy profundo. El objetivo es ganar eficiencia y permitir el aumento de plazas judiciales sin necesidad de crear nuevos juzgados. Es un proceso de adaptación complejo pero necesario.

¿Ya se ha empezado a notar este cambio en la Audiencia Provincial?

— El cambio comenzó el 1 de enero y ha supuesto una importante reorganización del personal y de los procedimientos. En la Audiencia el impacto es más limitado, pero igualmente ha sido un cambio relevante, especialmente para la gestión de los funcionarios interinos, que en Baleares son muchos.

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En 25 años la población de Baleares ha crecido más de 200.000 personas. ¿Cuántos juzgados o recursos hacen falta para asumir esa carga?

— Cada año la memoria judicial realiza una previsión de necesidades. Se hablaba de una nueva plaza en la Audiencia y de unos veinte juzgados de primera instancia. El incremento de población tiene un impacto claro en el número de asuntos, como ocurre también en otros servicios públicos.

Hay juzgados como el social con señalamientos que ya apuntan hacia 2027. ¿Cómo afecta esto a la calidad de la justicia?

— Es un problema que no es nuevo. Este retraso está muy vinculado a la jurisdicción social y las crisis económicas. No es una situación sobrevenida, sino estructural.

¿La insularidad agrava esta situación?

— Sí, especialmente por el problema de la vivienda y el coste de la vida. Esto dificulta que jueces y funcionarios quieran establecerse en las Islas. El complemento de insularidad es muy bajo, debería revisarse.

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En el contexto actual de polarización política, ¿qué papel debe jugar la justicia?

— La justicia es una institución básica de una sociedad democrática. Nuestra responsabilidad es mantener la independencia, la imparcialidad y ser transparentes.

¿La ciudadanía confía lo suficiente en la justicia?

— Vivimos una época de desconfianza generalizada hacia las instituciones, y la justicia no es ajena. Uno de los trabajos pendientes es realizar resoluciones más claras y comprensibles para los ciudadanos, porque esto puede ayudar a generar más confianza.

En cuanto a la violencia machista, ¿los juzgados tienen suficientes recursos?

— Se han incrementado recientemente sus plazas. En Palma ya funcionan cuatro juzgados de violencia contra la mujer y se ha puesto en marcha la guardia específica. Esto permite que los casos sean atendidos desde el primer momento por jueces especializados, lo que es un avance muy importante.

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¿Y en materia de extranjería e inmigración?

— A la Audiencia llegan sobre todo casos relacionados con patrones de pateras; a muchos de ellos se les extrade y algunos son reincidentes. Es un fenómeno que ha pasado de ser residual a dispararse.