Trabajan en hoteles de Ibiza, pero viven en caravanas: ahora los desalojan antes de la temporada
Unos ochenta trabajadores del turismo que residen en un asentamiento cerca de Can Misses tendrán que abandonar el terreno el 29 de abril sin ninguna alternativa de vivienda
PalmaEivissa iniciará una nueva temporada turística con un desalojo de trabajadores que viven en caravanas, tiendas de campaña y barracas por la imposibilidad de acceder a una vivienda. Desde julio pasado residen de forma precaria en un asentamiento ilegal situado entre el estadio Palladium Can Misses y el segundo cinturón de ronda, el E-20.
Dos de las trabajadoras afectadas, Elena Núñez y Ceferina Florenciano, han explicado a EFE que ya les han comunicado que antes del 29 abril deben abandonar el terreno privado que han ocupado con las caravanas y donde, según calculan, vive unas ochenta personas. El lanzamiento está previsto para el mismo 29 de abril a las 10:30 h.
El Tribunal de Instancia número 5 de Eivissa decretó el 23 de febrero la orden de lanzamiento a favor de la empresa Inmo Sirenis, propietaria del solar, quien también reclama daños y perjuicios.
Ahora, las trabajadoras, que no han recibido ningún documento ni comunicación, temen que se lleve a cabo un desalojo forzoso, justo cuando están al inicio de la temporada y deben incorporarse a los hoteles donde trabajan, como personal fijo discontinuo.
Ceferina Florenciano es camarera de piso en Pacha Hotel Ibiza y Elena Núñez trabaja como guardia de seguridad del hotel The Ibiza Twiins, que pertenece al grupo hotelero ibicenco Sirenis Hotels & Resorts. Precisamente, Inmo Sirenis, empresa gestora de activos inmobiliarios de esta cadena hotelera, será encargada de ejecutar el desahucio de la empleada de uno de sus hoteles.
Florenciano explica que en el asentamiento viven residentes todo el año, los cuales se dedican a trabajar por el turismo, bien en hoteles o como personal de limpieza, jardinería, mantenimiento en casas y fincas de lujo, o bien para las grandes constructoras de la isla.
Llegada a Ibiza en el 2011 y originaria de Paraguay, Florenciano trabajó como interna en casas con gente mayor y después ha seguido como camarera de piso en varios hoteles de la isla.
Por su parte, Núñez, procedente de Bolivia, está en España desde el 2007. Primero vivió en Granada, donde cuidó a una mujer con Alzheimer y, tras un breve paso por Madrid, llegó a Ibiza para trabajar con su marido como cuidadores de la mansión de un conde italiano. En la pandemia, el aristócrata alquiló la casa y les dejó "sin trabajo". Desde entonces también se dedica a la hostelería.
Ambas, junto con sus parejas, recurrieron a la caravana como vivienda, después de sufrir maltrato y precios abusivos en los pisos, siempre anchoados, donde alquilaban habitaciones. Allí, los inquilinos de las viviendas que realquilan las habitaciones llegan a cobrar de 1.000 a 1.400 euros por habitación doble, además de la fianza.
"No se podía vivir más en las habitaciones, porque no te dejan hacer nada. Tú llegas cansada del trabajo, quieres cocinar, no puedes; quieres ducharte, no puedes; y cada día te aumentan y te aumentan. No encontramos paz en los alquileres", explica Florenciano.
Núñez ha compartido piso con "un montón de gente", donde la encargada de realquilar las habitaciones le cortaba la luz si cocinaba o ponía en marcha la lavadora y le llegó a subir 100 euros el precio del alquiler de un mes a otro. En otro piso, el encargado de alquilar las habitaciones entraba en la suya sin permiso, le tomaba cosas, llegó a llamarla y cogerla de los hombros y sacudirla.
"¿La gente quiere que uno esté en su habitación como castigado, que no pueda disfrutar de nada, que esté encerrado. Una paga por estar como un animalito arrinconado, sin que le llegue el aire, sin poder sentarse al menos en un balcón?", cuestiona Núñez.
"No se puede vivir" en habitaciones alquiladas
Mientras en las habitaciones alquiladas "no se puede vivir", en las caravanas aseguran estar "muy tranquilitas". Mantienen limpio el terreno y se ayudan entre los vecinos.
Ambas explican que personal del Ayuntamiento de Eivissa visitó el asentamiento la semana pasada para decirles que deben abandonarlo. Ante el aviso del desalojo, piden al Consistorio que "se apiade" y les dé un terreno donde puedan ubicar las caravanas a cambio de pagar cada mes o que el propietario del terreno les permita quedarse esta temporada, también a cambio de un pago mensual.
"No tenemos ninguna alternativa, no sabemos ni a dónde ir. Hemos mirado por todas partes y no tenemos opciones. Eso les dije a los del Ayuntamiento. ¿Dónde nos vamos? Nos pondremos en otra propiedad privada de la que también nos echarán? Así no podemos seguir viviendo", afirma Florenciano. "Estamos pensando en sacar las caravanas a la calle, porque no nos queda otra opción", añade Núñez.
Este nuevo caso de desalojo se sumará a los ya ejecutados en la isla, con los asentamientos Can Rova I, Can Rova II y el aparcamiento del Gorg, entre otros. De hecho, no son pocos los ocupantes de este terreno que han llegado de otros asentamientos, como Florenciano, que tuvo instalada la caravana durante dos años detrás del aparcamiento del recinto ferial de Eivissa, que también fue desalojado.
Según el primer censo realizado por Cruz Roja Ibiza, 1.200 personas se encontraban en situación de sinhogarismo en 655 infraviviendas el pasado julio, en plena temporada turística.